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Versión estenográfica de la
Homilía
pronunciada por Mons. José Andrés Corral Arredondo, Obispo de la Diócesis del Parral, en ocasión de la peregrinación de su diócesis a la Basílica de Guadalupe..

17 de julio de 2008

Queridos hermanos sacerdotes, diácono, hermanas religiosas, hermanos todos.

Este trozo del Evangelio, de san Lucas, que acabamos de escuchar alienta nuestra peregrinación a la casa de nuestra Madre. Ella, nos dice san Lucas, habiendo sido elegida por Dios para ser la Madre de su Hijo, la Madre de Cristo, la bendita entre todas las mujeres, piensa en su prima Isabel. El ángel le había dicho: mira a Isabel, tu pariente, la estéril, ha concebido, va dar a luz y san Lucas nos dice que María se levantó y fue presurosa a auxiliar a aquella que la necesitaba. Por eso estamos aquí porque Ella, nuestra Madre, es así. Por eso que bien la tradición de la Iglesia le aplica las palabras de la sabiduría: “Vengan a mí, venga a mí”. Respondiendo a esa invitación de nuestra Madre estamos aquí y estamos aquí con nuestras alegrías, con nuestras tristezas, con nuestras angustias, con nuestras esperanzas.

Estamos aquí para presentarle, para poner a sus plantas a nuestras comunidades sacudidas por los efectos de esa terrible cultura de la muerte. Estamos aquí para decirle: tú que eres reina de la paz, danos la paz, concédenos la paz, alcánzanos la paz, alcánzanos la paz de Aquel que es el príncipe de la paz. Estamos aquí para presentarle nuestras familias enlutadas, a nuestras familias angustiadas por el fantasma del secuestro, la violencia, la muerte. Estamos aquí para presentarle todas nuestras aflicciones, para decirle: Madre, tú que eres el consuelo de los afligidos, ruega por nosotros.

Venimos, también, con nuestros dolores físicos y espirituales, traemos en nuestro corazón a nuestros hermanos, a nuestras hermanas que sufren en su cuerpo y que sufren en su espíritu. Y venimos a decirle: tú que eres consuelo de los afligidos, salud de los enfermos, ruega por nosotros.

Aquí estamos Madre para poner de nuevo a tus pies a nuestra iglesia diocesana, con sus riquezas humanas, espirituales, y también con sus pobrezas, con sus miserias físicas y morales. Para ponerte a esta joven iglesia en tu corazón, en tu regazo, para que tú, su Madre la enseñes a caminar siempre unida a tu Hijo, Jesús, su cabeza.

Madre, tu conoces nuestras ilusiones, nuestros anhelos, pero conoces, también, tantas trabas que tenemos en nuestro corazón. Fortalécenos para crecer, para acercarnos cada día más al ideal de tu Hijo, al ideal de Cristo.

Finalmente, Madre queremos pedirte además de tantas otras cosas que cada uno de nosotros trae, queremos pedirte por nuestro gobernador, por nuestras autoridades civiles, militares. Ayúdalos, Madre, a buscar siempre, como te lo pedíamos, como se lo pedíamos a Dios nuestro Padre en la oración colecta, a buscar el progreso de nuestra patria por caminos de justicia, por caminos de paz. Ilumínalos, fortalécelos y sobretodo ayúdalos a responderle a tu Hijo, Jesucristo, a responderle con un corazón limpio.

¡Gracias Madre, por abrirnos de nuevo las puertas de esta tu casa, que es nuestra casa!

¡Gracias, por abrazarnos con tu ternura materna!

¡Gracias Madre, porque de aquí de tu lado regresamos a nuestras casas fortalecidos, confortados, con una ilusión nueva, con una esperanza nueva! No nos abandones y ayúdanos a ponernos siempre a tus plantas con todo lo que somos, con todo lo que tenemos.

Santa María de Guadalupe, Reina de México; salva nuestra patria, conserva nuestra fe. Fortalece, protege y bendice a todas nuestras familias.

Que así sea.

 
 
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