Se
revela en esta oración la voluntad muy expresa de parte de Cristo
hacia el Padre, hacía sus discípulos y a hacía los que creerán en
él por la palabra de aquellos discípulos.
Ahí
precisamente encontramos nuestro lugar, allí esta también nuestro
compromiso de manifestar la mundo que somos discípulos de Jesús
si vivimos la fraternidad. Lo había dicho Cristo con anterioridad:
"Les doy un mandamiento nuevo: que se amen los unos a los
otros como Yo os he amado... en esto conocerán todos que son discípulos
míos, si se aman los unos a los otro" (Jn 13,34-35). Cuantas
cosas se dicen y se comentan, cuantos proyectos pastorales formulamos
y promovemos pero olvidando este signo que es prioritario: amar
a Dios y amar al hermano por Dios.
3.2
El contexto eclesial en el que debemos vivir nuestra vocación cristiana,
esta perfectamente iluminada por la voz del Papa y sus dos encíclicas
sobre "Dios es amor" y "Salvados por la esperanza",
además por la exhortación apostólica "Sacramentum Caritatis"
sobre la sagrada Eucaristía. Con cuanta razón el documento de Aparecida
nos señala el camino pastoral que hay que emprender sin miedo, porque
la Iglesia esta viviendo un nuevo Pentecostés, pero para que actué
en nosotros tenemos necesidad de entrar en un proceso de conversión
pastoral. Colaboremos activamente para que la acción del Espíritu
Santo siga santificándonos y por nuestro testimonio de vida, otras
puedan llegar a la santificación.
3.3
El contexto social en que debemos vivir nuestra vocación cristiana
exige un replanteamiento frecuente e iluminado por la luz del espíritu
de Dios. La
pérdida de valores de los derechos inalienables de la persona humana
se han olvidado: Derecho a la vida, a la familia, la libertad, respeto
a las personas, a sus creencias religiosas, a una vida digna, etc.
etc. Querer
fragmentar el ser y que hacer de las personas convirtiéndolas en
objetos, nos esta llevando a la ruina moral y social de nuestro
mundo.
Su
Santidad Benedicto XVI, en su discurso inaugural de la V Conferencia
del Episcopado en Aparecida, contemplando a la Iglesia y al mundo
en el momento presente dijo: "Sólo quien reconoce a Dios,
conoce la realidad y puede responder a ella de modo adecuado y realmente
humano" (DA 3). Nuestro
mundo necesita conocer a Dios para poder aceptar su proyecto sobre
el hombre y sobre las realidades de nuestro mundo.
Este
es el gran reto que tenemos todos: Qué quiere Dios de mí; la respuesta
la encontraremos en un diálogo sincero con él, con nuestra conciencia
y con el mundo en que vivimos buscando el bien común y comprometiéndonos
a asumir con responsabilidad la parte que nos corresponde. Así tendríamos
mejores familias, mejores maestros, mejores políticos, mejores empresarios,
mejores sacerdotes; tendríamos comunidades de hermanos que se tienden
la mano en todo y para todo.
Cómo
lamentamos que la violencia y crimen organizado hayan alcanzado
a tener el dominio que ha causado tanto ruina y muerte en la sociedad,
cómo lamentamos que nuestros legisladores que deberían crear leyes
para promover el bien común estén rebuscando el lenguaje torpe y
mentiroso para promover leyes que van contra los derechos fundamentales
de toda persona: Derecho a la vida, a la familia, a una muerte digna
y respetable. Cómo lamentamos el deterioro social en los niños y
jóvenes que tienen derecho a una buena educación, están siendo victimas
de maniobras sindicales y políticas del sector magisterial que de
ninguna manera justifican su ausencia de las aulas.
3.4
Nuestras peticiones Madre, tienen presente estos ingentes problemas
que nos aquejan, tú eres Nuestra Madre y sin duda nos ayudaras a
encontrar soluciones adecuadas para que el Reino de tu Hijo Jesús
se acoja, se promueva y dé mucho fruto de santidad en todos los
sectores de nuestra sociedad: Personas, familias, empresarios, maestros,
políticos, profesionistas, sacerdotes, religiosos, obispos, porque
todos somos corresponsables del bien o mal que esta presente
Madre,
queremos comprometemos a ser verdaderos discípulos y misioneros
de tu Hijo, queremos responder con generosidad a la vocación que
tenemos como hijo de Dios y miembros de una sociedad que esta en
tensiones de cambio, nos comprometemos a buscar los medios y caminos
que nos lleve a un conocimiento más profundo de Dios y su proyecto
de salvación.
Bendícenos
Madre, para que no echemos marcha atrás ni nos quedemos estacionados
en el camino por los obstáculos que encontremos.
Queremos
ser mejores discípulos y misioneros.
Así
sea.