Versión estenográfica
de la
Homilía
pronunciada
por Mons. Felipe Padilla Cardona, Obispo de la Diócesis
de Tehuantepec, Oaxaca,
en ocasión de la peregrinación de su diócesis a la Basílica de Guadalupe.
16 de julio de 2008
Muy estimados hermanos sacerdotes, hermanas religiosas, hermanos
y hermanas que estamos aquí junto a nuestra Madre la Santísima Virgen
de Guadalupe. En especial hermanos y hermanas de esta querida Diócesis
del istmo de Tehuantepec.
Hoy el mismo Jesucristo nos invita
a que abramos nuestro corazón para agradecerle a nuestro Padre Dios,
para que haciendo un recuento de nuestra vida en medio de las dificultades
y problemas propios de nuestro ser humano, salga de nuestro corazón
un himno de acción de gracias. ¿Por qué? Porque nuestro Padre Dios
está muy cerca de nosotros. Él ha querido, expresamente, caminar
con cada uno de nosotros, sobretodo al lado de los humildes; al
lado de los pobres; al lado de los necesitados.
Por eso, hoy, le pedimos a la Santísima
Virgen de Guadalupe que Ella sea la intercesora. Que Ella sea la
medianera, para que este canto de acción de gracias que hoy la Diócesis
de Tehuantepec le ofrece a nuestro Padre Bueno llegue también al
corazón de nuestro Padre Dios. Y que Él que nos conoce hasta lo
profundo de nuestro ser; que conoce nuestros caminos; que conoce
sobretodo nuestra conducta, que Él, lleno de cariño y de amor, se
siga acercando a nosotros.
¿Para qué? Para curar nuestras heridas,
para perdonar nuestros pecados, para orientarnos siempre por los
caminos que su voluntad manifiesta, que su voluntad quiere. Y así
en este canto de acción de gracias, también, le manifestemos todas
las quejas, todos los contenidos de nuestro corazón. Que son contenidos
humanos, que son contenidos de misericordia y de bondad.
En este tiempo en nuestra diócesis
estamos esforzándonos todos por crear y por terminar un plan de
pastoral que sea la expresión de la voluntad de Dios sobre cada
uno de nosotros. Por eso le venimos a decir a la Virgen de Guadalupe
que le presente este proyecto; que le presente estos buenos deseos
de la pastoral de nuestra Diócesis de Tehuantepec a nuestro Padre
Dios. Y que Él, que nos ha acompañado, sabrá derramar aquellas luces,
aquellos ánimos, aquellas gracias que necesitemos ¿para qué? Para
que hagamos con este plan de pastoral una unión de todo el presbiterio;
una unión del obispo con los presbíteros; del obispo con los sacerdotes;
del obispo con las religiosas; del obispo con los laicos y juntos
como una familia le cantemos lo grande y maravilloso que el Señor
se ha comportado con nosotros, como lo hizo la Santísima Virgen.
Y que le pidamos fuertemente el don
de la unidad, el don de la armonía de todos sus hijos, de todos
sus hermanos de Jesucristo, para que tengamos un sólo Padre, para
que este Padre sea el que nos guie, sea el que nos anime, sea el
que nos acompañe fielmente. Porque de otra forma, como hemos escuchado
en el profeta Isaías, el Señor también está atento a nuestras fallas,
está atento a nuestras debilidades. Y Él nos hace una llamada de
atención para que revisemos profundamente como está nuestra alianza
con Dios, como está nuestra alianza entre nosotros mismos y Él nos
ofrece estar cerca de nosotros para que cada día más reafirmemos
nuestra alianza, no por separado, sino todos juntos con nuestro
Padre Dios. Y así viviendo y profundizando esta alianza, todas las
gracias, todos los favores, todo lo que necesitemos esté a nuestra
disposición, porque nosotros seremos los únicos beneficiados.
Por eso, hoy, yo invito a todos los
tehuanos, a todos los hermanos, que quieren y aman a esta tierra
del Istmo de Tehuantepec, a que así como Dios Padre nos visita y
está siempre cerca de nosotros. Así como la Santísima Virgen de
Guadalupe nos visita allá y camina con nosotros, que hoy que es
el día de la peregrinación sea una visita nuestra ¿a quién? A la
Santísima Virgen María de Guadalupe, a nuestra Madre y que le presentemos
nuestro corazón tal y como está ¿Para qué? Para que Ella sea el
medio eficaz de encontrarnos con Aquel que nos puede curar. Con
Aquel que nos puede levantar. Con Aquel que nos puede animar. Con
Aquel que puede hacer fecundo todo nuestro servicio a los demás,
que es Jesucristo.
Como Aparecida nos lo recuerda de
una manera maravillosa: La Virgen María fue nombrada por Dios, para
que Ella, de una manera especial, realice de una manera fácil y
eficaz nuestro encuentro fuerte y vivo con Jesucristo. Que hoy todos
estemos disponibles, para que enseñándole y mostrando nuestro corazón
Ella lo acerque al corazón de su Hijo Jesucristo y tengamos de veras
un encuentro fecundo, un encuentro fuerte con Jesucristo, para que
Él nos cure, Él nos alivie, Él nos animé y Él de veras siga adelante
caminado con nosotros, para que está diócesis sea siempre un canto
de agradecimiento, un canto de alabanza a nuestro Padre Dios.
Pues, yo los invito a todos en esta
Eucaristía a que nos unamos en oración, pero una oración de acción
de gracias por todo lo que Dios Padre ha hecho por nosotros. Que
nos unamos en un canto de alabanza porque así nos prepararemos para
que la Virgen de Guadalupe nos presente ante Jesucristo. Y Jesucristo
hoy y siempre nos bendiga, nos proteja, nos acompañe.
Pues, que esta Eucaristía sea eso,
una señal segura de que queremos encontrarnos con Él y que confiamos
en nuestra Madre la Santísima Virgen de Guadalupe que Ella nos va
a llevar ante Él, que nosotros junto a Él realicemos un encuentro
vivo, personal, comunitario con Él para que esa vida de Dios siga
fluyendo entre nosotros. Para que esa fraternidad de Jesucristo
siga siendo realidad entre nosotros ahí en la diócesis. Para que
esta pastoral, es decir este servicio, eficaz a los hermanos, sea
una expresión de la riqueza del corazón, que hoy Jesucristo quiere
llenar, quiere dar plenitud con su presencia, con su bendición y
sobretodo con su acompañamiento.
Pues, continuemos esta Eucaristía,
pero unidos en oración, en oración de acción de gracias, de alabanza,
de disponibilidad para este encuentro, que hoy la Santísima Virgen
de Guadalupe, nuestra Madre, nos facilita y realiza sea de veras
un encuentro entre nosotros las Diócesis de Tehuantepec y Jesucristo.
Y que ese encuentro sea un impulso maravilloso, para concretizar
nuestro plan de pastoral, para insistir mucho en la comunión. En
la comunión espiritual y real en la diócesis, para que este encuentro
sirva de veras para reconocer nuestras faltas y debilidades, pero
que Cristo como Buen Samaritano nos levante, nos cure y nos alivie
para seguir siempre adelante cantando y alabando las maravillas,
que Dios ha hecho y que seguirá haciendo con cada uno de nosotros.
Pero especialmente con nuestra Diócesis de Tehuantepec que está
formada en su mayoría por gente humilde; gente sencilla, gente pobre,
pero gente disponible para caminar, para compartir con Jesucristo
y con nuestros hermanos lo mejor, lo más grande que Dios le ha dado.