Muy queridos hermanos míos en el episcopado,
queridos hermanos sacerdotes, queridas religiosas y demás consagrados
y consagradas, y muy queridos hermanos y hermanas laicos todos
siendo la Iglesia de Jesús, la familia de Dios.
Viendo los trajes de quienes nos acompañaron
podemos pensar que muchos pueblos en el mundo, así como nuestras
etnias indígenas, siempre forjaron dioses, siempre anhelaron la
revelación del Dios verdadero. Y hoy precisamente nos descubrimos,
desde nuestra fe, bendecidos por Dios porque el quiso además de
regalarnos todas sus expresiones de amor en el universo entero,
así en nuestra tierra y así en nuestra vida, en un momento de
nuestra historia revelarse como único y verdadero Dios a su pueblo,
el pueblo de Israel.
Escuchamos en la primera lectura como
Él es el que toma por amor a la humanidad, por amor a su pueblo,
la iniciativa y se presenta ante el pueblo que ya iba caminando
a su tierra. Y ese pueblo ha pecado, le ha fallado a su Dios;
pero Dios se acerca al pueblo, desciende en un ambiente de nube,
para encontrarse con Moisés, que viene a hacer presente a ese
pueblo pecador, y que vive en la iniquidad. Y Dios le dice: “Yo
soy el Señor Dios, compasivo y clemente, paciente, misericordioso
y fiel”. Que bello es Dios que se acerca a la humanidad y
puede hoy decirnos nuevamente: “Yo soy compasivo, paciente,
misericordioso y fiel”. Y nosotros ante ese Dios que nos ama,
así como aquel pueblo elegido por Él, podemos también, como Moisés,
presentarnos con la humanidad, con nuestra Diócesis de Tepic,
diciendo, dígnate venir a nosotros, aunque este pueblo sea de
cabeza dura. ¡Perdona nuestros pecados y tómanos como cosa tuya!
Reiteramos, pues, nuestro amor a ese Dios único y verdadero y
le pedimos nos tome como suyos.
Pero ese único Dios verdadero, va a
tener una expresión, la más amplia, de que ese Dios verdadero
es tres personas. Dios nos amó y nos amó infinitamente y por eso
envía a su Hijo: “Tanto amó Dios al mundo, que le entregó a
su hijo único, para que todo el que crea en Él, no perezca, sino
que tenga vida eterna”. La humanidad necesita de Jesús. De
esa expresión máxima de amor de Dios, para que tenga salvación.
Nosotros creemos en Jesús. Y podemos decir que por el bautismo
hemos recibido la vida eterna. Y es una vida eterna que es de
la Trinidad, de un Dios Trinidad. Algo que el pueblo antiguo no
conocía. Y nosotros por Cristo hemos conocido. El Padre envía
a su Hijo, el Espíritu Santo actúa en María y el Hijo de Dios
se hace carne y nace como salvador nuestro. Y ese amor que hemos
recibido de Jesús, la vida nueva que hemos recibido de Cristo
resucitado es una comunión trinitaria, entrar en comunicación,
recibir la vida de Dios Trinidad en Jesús.
Jesús es el que nos da vida nueva,
es el que nos hace entrar en comunión con nuestro Dios Padre,
Hijo y Espíritu Santo y entrar en la comunión entre todos. Porque
Jesús nos dijo así como yo les he amado, ámense ustedes y en eso
van a conocer que son mis discípulos. Y es que esa vida trinitaria
de comunión de unidad perfecta, de armonía; tenemos que vivirla
los que hemos participado de la vida trinitaria en Jesucristo
resucitado.
Por eso ya mencionaba un gran evento
que tuvimos en mayo del año pasado en Brasil, en Aparecida, un
pueblo que tiene a María como madre y patrona de todo ese país.
Allá estuvimos, 265 personas, la mayoría obispos. Y reiterábamos,
como hijos e hijas de Dios: Padre, creemos en Él; Hijo: creemos
en Jesús, Espíritu Santo: creemos en Él. Que había que hacer una
iglesia comunión. Para nuestros pueblos que se ven en tinieblas,
que se ven en turbación, se ven ante cambios vertiginosos, que
nos alteran y a veces nos hacen creer en “verdades”, que más que
verdades son falsedades, y nos desorientan y nos perdemos de vista,
y dejamos que Jesús ya no sea nuestro camino, nuestra verdad y
nuestra vida. Y decíamos tenemos que ser discípulos y misioneros
de Jesús, para que nuestros pueblos en Él tengan vida.
La
Iglesia, pues, que tiene la vida de Jesús la vida trinitaria,
tiene que ser misionera. Y decíamos esto: el misterio de la Trinidad,
es la fuente, el modelo y meta del misterio de la Iglesia. Un
pueblo reunido por la unidad del Padre, del Hijo y del Espíritu
Santo. Esa es la Iglesia, una Iglesia que está llamada, en Cristo,
como un sacramento e instrumento de la íntima unión con Dios y
de la unidad de todo el género humano.
La humanidad fue creada a imagen de
Dios, pero está muy dividida, muy fracturada, en la iglesia al
recuperar la vida trinitaria, hemos de ser el misterio, la realidad,
que favorezca la comunión en Jesús por el Espíritu, y que agrade
al Padre. Comunión. El gran pecado de nuestra iglesia sería la
división, la dispersión. No hay discípulos y misioneros solos,
decimos en Aparecida, sino en comunión. Y la Iglesia atrae por
ser comunión. Porque participamos de la vida trinitaria, por el
Espíritu Santo que se nos ha dado, el Bautismo y con plenitud
en la Confirmación. “Padre que sean como Tú y Yo somos uno”.
Esta Diócesis de Tepic sigue caminando.
Yo llego, como obispo nuevo, después de otros seis obispos y aquí
está don Alfonso que precedió en el Ministerio Episcopal. Ahora
Ricardo que es servidor para esta comunidad de Tepic. Yo creo
por lo que me han ido platicando, por lo que voy escuchando, por
lo que voy conociendo, que nuestra diócesis ya después de un Sínodo,
que se ha celebrado en 2005 y bajo la luz de Aparecida, hemos
de hacer un plan pastoral donde todos entremos al cause de la
comunión y participación; donde sacerdotes expresen su comunión
presbiteral; donde consagrados y consagradas expresen la voz de
ellos en la comunión diocesana; donde laicos y laicas tengan la
participación activa en esa comunión eclesial y aporten toda su
riqueza de su experiencia de fe. Necesitamos un plan pastoral.
Y nosotros los obispos de Aparecida
dijimos esto: la diócesis y es el lugar privilegiado de la comunión
presidida por el obispo, es el primer ámbito de la comunión y
la misión. La diócesis debe impulsar y conducir una acción pastoral
orgánica, renovada y vigorosa de manera que la variedad de carismas,
ministerios, servicios y organizaciones se orienten en un mismo
proyecto misionero para comunicar vida en el propio territorio.
Eso hemos de ser una diócesis de comunión con un proyecto de plan
pastoral que favorezca la comunión para ser una Iglesia misionera.
Si así puedo hablar, hoy, a mí querida
diócesis de Tepic pienso que todos los obispos, ya algunos, muchos
quizá, en la Republica Mexicana tienen su plan pastoral y hablarán
igual desde Aparecida. Nosotros necesitamos hacer este plan como
Diócesis de Tepic y deseamos hacerlo.
Ahora con la diócesis presente, aquí,
ante los ojos maternales de María queremos ofrecerle todo nuestro
ser, toda la vivencia de nuestra diócesis, todas nuestras preocupaciones
y anhelos, todos nuestros sufrimientos y dolores. Ella los mira,
los sabe, se los presentamos y los lleva ante Jesús su Hijo. Ella
fue la mujer de Trinidad, la mujer de Dios, la mujer que vivió
intensamente la presencia trinitaria y que la vivió siendo discípula
de Jesús, pero también que hizo posible al encarnar a Jesús, que
esa vida trinitaria pasara y fuera distribuida a nosotros, a la
humanidad. Siendo Madre desde la cruz participó la vida de Jesús
a nosotros.
Y aquí estamos le entregamos todo a
Ella y le pedimos a Ella que nos conceda iniciar y elaborar nuestro
plan pastoral diocesano. Que así como Ella agrado al Padre; nuestro
trabajo por elaborar y la hechura del plan pastoral agrade al
Padre. Así como Ella discípula y misionera de Jesús, como Madre
de Jesús, nos acompañe a nosotros como Madre para que la elaboración
de nuestro proyecto diocesano de pastoral sea según la voluntad
del Padre. Y según la presencia que quiere tener Jesús en nosotros
en una comunión y participación mayor y que sea como Ella lo fue,
bajo la acción del Espíritu Santo, Madre. Así nuestra iglesia
local sea la que labora bajo la guía del Espíritu Santo; este
plan pastoral en nosotros dejándonos llevar por Él y haciendo
la comunión para una buena y fructuosa misión allá en aquellas
tierras nayaritas y jaliscienses.
Querida Diócesis de Tepic, ante María,
yo invito a que iniciemos un trabajo de elaboración de nuestro
plan pastoral. Va a traer consigo seguramente muchas bendiciones,
requerirá trabajo, pero si lo hacemos bajo la acción del Espíritu,
con el acompañamiento de María y con la seguridad de que Jesús
lo quiere, agradaremos al Padre y seguiremos caminando como Diócesis
de Tepic.
María nos ponemos en tus manos has
de nosotros lo que quieras, haznos seguir a Jesús como tú nos
lo has dicho: “Hagan lo que Él les diga”. Gracias María
por acompañarnos, por recibirnos hoy y acompañarnos en nuestra
vida diocesana de Tepic.