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Homilía
pronunciada por Mons. Domingo Díaz Martínez, Obispo de la Diócesis de Tuxpan, Veracruz, en ocasión de la peregrinación de la Diócesis de Tuxpan, Veracruz y Auto- transportes México, Texcoco, a la Basílica de Guadalupe.

29 de mayo de 2008

Muy queridos hermanos Sacerdotes; Hermanos peregrinos de Auto transportes México - Texcoco.

Amados hermanos y hermanas en nuestro Señor Jesucristo.

Somos Sacerdocio real, estirpe elegida, nación consagrada a Dios y pueblo de su propiedad; nos sentimos contentos de ser este gran pueblo y hoy hemos tomado la decisión de acercamos al Señor Jesús por medio de la Santísima Virgen María de Guadalupe nuestra Madre; por eso estamos hoy en su casa para hablar con ella y para estar con ella.

Hemos venido a ofrecerle tres regalos:

1° nuestro corazón
2° nuestro ambiente de unidad y solidaridad
3° nuestro esfuerzo por Evangelizar y catequizar en toda nuestra diócesis.

Hemos venido con gusto a contarle tres noticias:

1.- Estamos construyendo un santuario en nuestra diócesis.
2.- Vamos a seguir construyendo la casa de la Iglesia.
3.- Estamos acentuando la catequesis sobre los sacramentos de iniciación cristiana.

Estamos aquí para compartirle tres alegrías.

1.- nuestro seminario crece y crece, por lo tanto, nuestro presbiterio.
2.- nuestra pastoral juvenil está despertando.
3.- nuestros laicos tienen muchas ganas de prepararse y trabajar.

En su presencia le expresamos tres sueños que tenemos:

1.- Ser una Iglesia convencida.
2.- Ser una Iglesia solidaria.
3.- Ser una Iglesia activa.

Hoy hemos venido hasta su casa para hacerle tres preguntas.

1.- ¿Por qué hay tanta rivalidad en México?
2.- ¿Por qué la riqueza y el poder se sigue concentrando en unas cuantas manos?
3.- ¿Por qué muchos de nuestros hermanos entre más saben más se apartan del Evangelio, entre más tienen más indiferentes al Evangelio y entre más pueden más contrarios al evangelio?

Hemos venido a decirle tres preocupaciones:

1.- Hay mucha violencia en nuestras comunidades.
2.- Se vende mucha droga a nuestros niños, adolescentes y jóvenes.
3.- Crece la indiferencia en muchos bautizados.

Hemos venido a comentarle tres pesares:

1.- Aumentan los abortos.
2.-  Aumentan los divorcios.
3.- Aumenta la corrupción.

Hemos venido a repetirle tres tristezas:

1.- El olvido del campo y de los campesinos.
2.- La emigración sigue adelante.
3.- Hemos retrocedido en la democracia.

Hemos venido a pedirle tres favores.

1 ° Bendiga a todas nuestra familias.
2° Cuide a nuestros niños, adolescentes y jóvenes.
3° Nos cuide cuando andamos de viaje en las carreteras.

Estamos presentes para hacerle tres promesas:

1.- Vamos a seguir llevando un mensaje mensual a las familias por medio de un tríptico.
2.- Vamos a seguir impulsando la catequesis de iniciación cristiana y vamos a respetar las normas acordadas.
3.- Vamos a impulsar con mucho ahínco el año de los laicos en nuestra diócesis.

Hemos venido a entonarle tres cantos.

1.- La Guadalupana.
2.- Oh Virgen Santa.
3.- Ven con nosotros a caminar.

Amados hermanos y hermanas, regresamos a nuestra diócesis y a nuestro trabajo con tres mensajes de la palabra de Dios:

1.- Necesitamos acercamos más a la luz, es decir, al Señor Jesús así como Bartime se acerco y disfruto de su presencia.
2.- Reconozcamos que el Señor es Dios, que él fue quien nos hizo y somos suyos, que somos su pueblo y su rebaño.
3.- Vivan entre los paganos de modo ejemplar.

Y regresemos a casa con tres mensajes de la Santísima Virgen María de Guadalupe nuestra Madre.

1.- Sean humildes y sencillos en la familia, en la parroquia y en su trabajo.
2.- Traten con amor y respeto a todos mis hijos: no los critiquen, no los engañen y no los maltraten.
3.- Sean obedientes a la Palabra de Dios, obedientes a la Iglesia y obedientes a sus padres.

Finalmente:

Virgen Santísima de Guadalupe, Madre del verdadero Dios y Madre de la Iglesia .. Tú que desde este lugar manifiestas tu amor y tu clemencia a todos los que solicitan tu amparo; escucha la oración que con filial confianza te dirigimos y preséntala ante tu Hijo Jesús, Único Redentor nuestro.

Madre de misericordia,
Maestra del sacrificio silencioso, Señora de la humildad,
A ti que sales al encuentro de nosotros, los pecadores, te consagramos en esta mañana todo nuestro ser y todo nuestro amor. Te consagramos también nuestra vida, nuestros trabajos, nuestras alegrías, nuestras enfermedades y nuestros dolores.
Da la paz a quienes se dedican a transportar a tus hijos de un lugar a otro. y da la paz a nuestros Indígenas, campesinos, pescadores y demás moradores de nuestra diócesis.
Queremos ser totalmente tuyos y recorrer contigo el camino de una plena fidelidad a Jesucristo en su Iglesia: no nos sueltes de tu mano amorosa.
Virgen de Guadalupe Madre de todos nosotros te pedimos nos bendigas nos cuides y nos des tu amor.

Amén.
 
 
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