20 de mayo de 2008
Muy
estimado Señor Obispo Emérito José de Jesús Castillo Rentería.
Muy queridos sacerdotes, religiosos, religiosas, diáconos, hermanos
y hermanas en Cristo Jesús.
Nos
sentimos muy felices de poder realizar esta vigésimo novena peregrinación
de la Diócesis de Tuxtepec, Oaxaca a esta hermosa Basílica, para
visitar a la Madre de Dios y Madre nuestra la Santísima Virgen
de Guadalupe.
Hemos
llegado nuevamente de las diferentes parroquias y decanato s;
el decanato Chinanteco, Mazateco, La Asunción, Norte y Centro;
también hoy se unen a nuestra celebración personas que viven en
esta Ciudad de México D.F. y tienen sus raíces en aquellas hermosas
y calurosas tierras.
Este
día, todos juntos, queremos darle las gracias a nuestro Dios,
por habemos donado una Madre maravillosa que nos ama; y expresarte
a Ti María de Guadalupe, que te queremos de corazón y te agradecemos
profundamente tu presencia amorosa y cercana en nuestras vidas
y en las vidas de nuestros pueblos; también sabemos con seguridad
que esta visita nos fortalece, porque nos escuchas, nos abrazas
y nos animas a seguir el proyecto de tu Hijo Jesucristo.
Santísima
Virgen María, hoy ponemos en tus manos benditas, la vida de nuestros
pueblos y familias; de nuestro presbiterio, parroquias, decanatos,
comunidades religiosas, seminario, centro de formación teológico-pastoral;
de nuestras autoridades civiles, con sus luces y sombras, alegrías
y tristezas, éxitos y fracasos, salud y enfermedad, y te pedimos
con sencillez nos bendigas y nos acompañantes.
El
Evangelio que hemos escuchado en este día, nos relata la visita
de la Virgen a su prima Isabel. Es el encuentro de dos futuras
madres. María que lleva en su seno al Salvador del universo, e
Isabel que lleva a Juan el Bautista el gran profeta que tendrá
la misión de preparar los caminos del Señor (y que es patrono
de la Parroquia-Catedral y de la Diócesis de Tuxtepec).
El
estar el día de hoy en este Templo nos evoca el acontecimiento
de las apariciones de la Guadalupana, es la visita que hace a
nuestra tierra una mujer vestida con el sol, con la luna bajo
sus pies y cubierta con una manto de doce estrellas y que va a
dar a luz, así la contemplamos en su imagen original que en estos
momentos estamos viendo con profundo respeto, devoción y emoción
en esta majestuosa Basílica. Una imagen que nos produce una inmensa
alegría. María de Guadalupe que siempre está presente en todos
nuestros hogares y en todas nuestras celebraciones litúrgicas.
Quiero
hacer mención que hace un año aquí en la Basílica de Guadalupe,
nos uníamos en oración, por los frutos de la V Conferencia del
Episcopado Latinoamericano y del Caribe, realizada en Aparecida,
Brasil del 13 al 31 de Mayo de 2007, con el tema "Discípulos
y Misioneros de Jesucristo para que todos los pueblo en Él tengan
vida" Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Hoy este Documento
es una realidad y una luz para cada uno de nosotros, y seguramente
dará un extraordinario impulso a la vida de la Iglesia en América
Latina.
Ciertamente
este Documento nos recuerda el mandato del Señor de "ir y
hacer discípulos entre todos los pueblos" (Mt. 28,20) desea
despertar un gran impulso misionero. Esta es sin duda una de las
principales conclusiones de ese gran encuentro eclesial.
Sabemos
que la misión es parte esencial de la identidad de la Iglesia
llamada por el Señor a evangelizar los pueblos. "Su razón
de ser es actuar como fermento y como alma de la sociedad, que
debe renovarse en Cristo y transformarse en familia de Dios"
(GSp 40). Por eso, la misión que se realice como fruto del encuentro
de Aparecida debe, ante todo animar la vocación misionera de los
cristianos, fortaleciendo las raíces de su fe y despertando su
responsabilidad para que todas las comunidades cristianas se pongan
en estado de misión permanente.
Se
trata de despertar en los cristianos, en todos nosotros, la alegría
y la fecundidad de ser discípulos de Jesucristo, celebrando con
verdadero gozo el "estar-con Él" y el "amar-como
Él" para ser enviados a la misión con la fuerza del Espíritu
Santo. "No podemos desaprovechar esta hora de gracia. ¡Necesitamos
salir al encuentro de las personas, las familias, las comunidades
y los pueblos para comunicarles el don del encuentro con Cristo,
que ha llenado nuestras vidas de "sentido", de verdad
y amor, de alegría y de esperanza" (DA, 546). La misión nos
lleva a vivir el encuentro con Jesús como un dinamismo de conversión
personal, pastoral y eclesial capaz de impulsar hacia la santidad
y el apostolado de los bautizados, y de atraer a quienes han abandonado
la Iglesia, a quienes están alejados del influjo del evangelio
y a quienes aún no han experimentado el don de la fe.
Esta
experiencia misionera abre un nuevo horizonte para la Iglesia
de todo el continente, para la Iglesia Diocesana de Tuxtepec,
que quiere recomenzar desde Cristo, recorriendo junto con El un
camino de maduración que nos capacite para ir al encuentro de
toda persona, hablando el lenguaje cercano del testimonio, de
la fraternidad, de la solidaridad.
La
Iglesia en América Latina y El Caribe quiere ponerse en "estado
permanente de misión" (DA 213 Y 551). Se trata de fortalecer
la dimensión misionera de la Iglesia. Esto conlleva la decisión
de recorrer juntos un itinerario de conversión que nos lleve a
ser discípulos misioneros de Jesucristo. En efecto, "discipulado
y misión son como las dos caras de una misma moneda: cuando el
discípulo está enamorado de Cristo, no puede dejar de anunciar
al mundo que sólo él nos salva (cf. Hch 4,12). María es un modelo
perfecto para nosotros de discípula y misionera.
El
"estado permanente de misión" implica ardor interior
y confianza plena en el Señor, como también continuidad, firmeza
y constancia para llevar "nuestras naves mar adentro, con
el soplo potente del Espíritu Santo, sin miedo a las tormentas,
seguros de que la Providencia de Dios nos deparará grandes sorpresas"
(DA, 551). El mismo Espíritu despertará en nosotros la creatividad
para encontrar formas diversas para acercamos, incluso, a los
ambientes más difíciles, desarrollando en el misionero la capacidad
de convertirse en "pescador de hombres".
En
fin, "estado permanente de misión" implica una gran
disponibilidad a repensar y reformar muchas estructuras pastorales,
teniendo como principio constitutivo la "espiritualidad de
la comunión" (Cf. Juan Pablo II, NMI 43) la cual hemos venido
implementado en nuestra Diócesis de Tuxtepec, y también es necesaria
la audacia y creatividad misionera. Lo principal es la conversión
de las personas para forjar estructuras abiertas y flexibles capaces
de animar una misión permanente.
En
este día tan especial para nuestra Diócesis en que visitamos a
la Morenita del Tepeyac, deseo poner en sus manos 2 grandes proyectos
que traemos actualmente en nuestra mente y en nuestro corazón.
1°.
La elaboración de un Nuevo plan de pastoral
2°.
La construcción de una Nueva Catedral de la Diócesis de Tuxtepec
1°.
La elaboración de un Nuevo Plan de Pastoral
Elaborar
un plan, es ante todo, una experiencia eclesial, en donde colaboramos
todos juntos, en comunión y participación, laicos y laicas, religiosos
y religiosas, diáconos, sacerdotes y obispo, en donde nos organizamos
y recorremos un camino, para dar respuesta desde el Evangelio
a necesidades concretas de una situación social, histórica, cultural
y eclesial.
2°.
La construcción de una Nueva Catedral de la Diócesis de Tuxtepec
La
Diócesis inició su vida como Iglesia Particular el 22 de Abril
de 1979, desprendiéndose de la Arquidiócesis de Antequera Oaxaca,
ése día histórico, la Parroquia de San Juan Bautista se convirtió
automáticamente en Iglesia Catedral, además de continuar siendo
Parroquia, este dato nos ayuda a entender que en Tuxtepec nunca
se ha construido una Catedral propiamente dicha.
Después
de 29 años de vida de nuestra Iglesia Particular, la población
sin duda, ha tenido un crecimiento acelerado, en particular la
Ciudad, y la capacidad del templo no es suficiente para muchas
celebraciones; también el deterioro material es evidente; estas
dos razones entre otras , nos han llevado a plantear la necesidad
de construir una Nueva Catedral, que se edificaría en el mismo
lugar, de acuerdo a los tiempos, al clima y a la liturgia; con
mayor comodidad en cuanto al espacio de uso, y acorde al desarrollo
urbano de la Ciudad; un Templo que ayude o propicie el encuentro
con Jesucristo Vivo, para luchar por ser sus discípulos y misioneros,
buscando ser luz del mundo y sal de la tierra.
Una
Catedral es de toda la Diócesis, es la Sede, la Iglesia Madre,
la Iglesia de todos. Quiero decides que detrás de este proyecto
está el ir fortaleciendo una Comunidad Cristiana Católica más
dinámica, servidora y comprometida con el proyecto de Dios. Mis
queridos hermanos y hermanas, quiero invitar a todas las comunidades
que conforman las parroquias y los decanatos de la Diócesis, a
todas las personas que viven en otras ciudades de la República
Mexicana y en los Estados Unidos de Norteamérica y a la gente
de buena voluntad a que participemos en esta obra con nuestra
oración y también seamos generosos y solidarios con nuestro apoyo
económico y material.
Estos
dos proyectos los ponemos en las manos de Dios Nuestro Señor y
de María Santísima. Muchas Gracias Madre por recibimos el día
de hoy en tu Casa, regresaremos a nuestros hogares fortalecidos.
Te pedimos por nosotros, por cada una de nuestras familias, por
nuestras amistades de nuestra parte queremos expresarte que nos
esforzaremos en ser discípulos y misioneros de Jesucristo con
la fuerza del Espíritu Santo, y de esta manera colaborar en la
edificación del Reino de Dios.
Así
Sea.