Estimados hermanos sacerdotes,
Monseñor Camerino Contreras Apolonio, Padre, Rector
del Seminario, Elías Palencia Plata. Queridos
hermanos decanos, los 12 decanos de nuestra diócesis,
los coordinadores de nuestra diócesis diocesanas
de las 5 comisiones, señores párrocos y vicarios
del equipo formador del seminario. Saludos a las
hermanas religiosas y los religiosos miembros
de la Vida Consagrada en las 22 comunidades religiosas,
20 de la rama femenina y 2 de la masculina, religiosos
que están residiendo en nuestra diócesis.
Queridos encargado de
la Pía Unión de Peregrinos, Javier Zúñiga y sus
colaboradores, y también los de la peregrinación
Ciclista. Queridos fieles de toda nuestra diócesis,
los que han peregrinado durante estos días, desde
que salieron de sus casas hasta llegar a esta
casita del Tepeyac. Familias, todas, de nuestra
querida y amada Diócesis de Atlacomulco.
De la mano de María
de Guadalupe y junto a Ella caminamos con Cristo
al Padre en el Espíritu Santo.
Hace un año, precisamente
aquí a los pies de Santa María de Guadalupe hicimos
la apertura solemne del Año Jubilar diocesano
con motivo de los 25 años que cumple nuestra iglesia
particular de Atlacomulco, después de un año de
muchas actividades pastorales, todas ellas impregnadas
de gozo y agradecimiento jubilar. Venimos hoy
de nuevo refrendar la consagración de nuestra
diócesis a Santa María de Guadalupe.
Venimos a poner en tus
manos Madre querida las grandes prioridades pastorales
de nuestro caminar diocesano. La formación de
los laicos, el cuidado de los jóvenes y la familia,
la atención a los bautizados alejados y las vocaciones
sacerdotales.
La formación de los
laicos: Querida
Madrecita de Guadalupe, como tú lo sabes es apremiante,
todos debemos poner lo que esté de nuestra parte
para que cada uno de los fieles laicos lleguen
a conocer más su fe. A tal grado de que puedan
dar razón de ella con su vida. No podemos quedarnos
con una formación de Primera Comunión y de Confirmación
y está reducida a unos cuantos días de preparación.
Buscar medios pedagógicos y funcionales para proponer
y disponer la doctrina cristiana para todas las
edades y se les antojé ver esta formación y llegar
a un crecimiento de adultos en la fe.
El cuidado de los jóvenes:
Virgencita de Guadalupe este cuidado de los jóvenes
es una necesidad. El cuidado queremos entenderlo,
como la inclusión, el tomar en cuenta en la vida
pastoral diocesana, parroquial y comunitaria a
los jóvenes, no como invitados, sino como protagonistas
de la vida eclesial. Jóvenes que enriquezcan a
la Iglesia con la alegría, la paz, la amistad,
la creatividad, la solidaridad y el entusiasmo.
El cuidado de la familia:
María de Guadalupe es uno de los mensaje que tú
nos das con la vivencia del hogar de Nazaret,
aunque la familia se encuentra atacada por muchos
frentes, tenemos en nuestra diócesis el tesoro
del aprecio por la vida en familia. Pero es urgente
que del aprecio por la vida en familia pasemos
a la atención, la evangelicemos y la hagamos misionera.
Que sea ella, la familia, sujeto de la transformación
de nuestras parroquias y sociedades.
Con la atención a los
bautizados alejados: Madre
Santísima de Guadalupe, que deuda tan grande tenemos.
Todos esos, nuestros católicos bautizados, que
no practican y que no viven su religión, que la
quieren, que la aceptan, que dicen pertenecer
a ella, pero no la viven. Sólo nuestra misericordia,
nuestra buena atención, nuestro buen trato hacía
ellos y con ir en su búsqueda nos hará una verdadera
familia eclesial robusta y santa.
La atención a las vocaciones
sacerdotales: Señora nuestra de Guadalupe es una de las acciones pastorales
que más te agradan. Eres la Madre de los apóstoles,
la Madre de los sacerdotes, la Madre del seminario,
la Madre de los seminaristas y del equipo formador.
Y por eso Madre quieres que vayamos con los jóvenes
a entusiasmarlos y proponerles que entren al seminario.
Que les ayudemos a discernir si el Señor los llama
a este entusiasmante estilo de vida, el sacerdocio.
Todo esto lo ponemos hoy en tus manos llenos de
esperanza y pidiendo tu ayuda Madrecita de Guadalupe
No quiero terminar sin
antes pedirte Madre nuestra del Tepeyac, que lleves
a tu Hijo Jesucristo mi agradecimiento por haberme
permitido servir como obispo y pertenecer durante
11 años a esta bonita Diócesis de Atlacomulco,
que siempre llevaré en mi corazón. Te pedimos
Virgencita Santa María de Guadalupe bendigas abundantemente
a todas nuestras familias y a toda nuestra Diócesis
de Atlacomulco en sus 25 años de vida. Les des
la salud a los enfermos y la compañía a los que
sufren soledad y pobreza. Y a todos nosotros nos
concedas un corazón capaz de trabajar por el bien,
la unidad y la paz.