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Versión estenográfica de la
Homilía
pronunciada por Mons. Constancio Miranda Weckmann, Obispo de la Diócesis de Atlacomulco,  en ocasión de la peregrinación de su diócesis, a la Basílica de Guadalupe.

16 de octubre de 2009

Estimados hermanos sacerdotes, Monseñor Camerino Contreras Apolonio, Padre, Rector del Seminario, Elías Palencia Plata. Queridos hermanos decanos, los 12 decanos de nuestra diócesis, los coordinadores de nuestra diócesis diocesanas de las 5 comisiones, señores párrocos y vicarios del equipo formador del seminario. Saludos a las hermanas religiosas y los religiosos miembros de la Vida Consagrada en las 22 comunidades religiosas, 20 de la rama femenina y 2 de la masculina, religiosos que están residiendo en nuestra diócesis.

Queridos encargado de la Pía Unión de Peregrinos, Javier Zúñiga y sus colaboradores, y también los de la peregrinación Ciclista. Queridos fieles de toda nuestra diócesis, los que han peregrinado durante estos días, desde que salieron de sus casas hasta llegar a esta casita del Tepeyac. Familias, todas, de nuestra querida y amada Diócesis de Atlacomulco.

De la mano de María de Guadalupe y junto a Ella caminamos con Cristo al Padre en el Espíritu Santo.

Hace un año, precisamente aquí a los pies de Santa María de Guadalupe hicimos la apertura solemne del Año Jubilar diocesano con motivo de los 25 años que cumple nuestra iglesia particular de Atlacomulco, después de un año de muchas actividades pastorales, todas ellas impregnadas de gozo y agradecimiento jubilar. Venimos hoy de nuevo refrendar la consagración de nuestra diócesis a Santa María de Guadalupe.

Venimos a poner en tus manos Madre querida las grandes prioridades pastorales de nuestro caminar diocesano. La formación de los laicos, el cuidado de los jóvenes y la familia, la atención a los bautizados alejados y las vocaciones sacerdotales.

La formación de los laicos: Querida Madrecita de Guadalupe, como tú lo sabes es apremiante, todos debemos poner lo que esté de nuestra parte para que cada uno de los fieles laicos lleguen a conocer más su fe. A tal grado de que puedan dar razón de ella con su vida. No podemos quedarnos con una formación de Primera Comunión y de Confirmación y está reducida a unos cuantos días de preparación. Buscar medios pedagógicos y funcionales para proponer y disponer la doctrina cristiana para todas las edades y se les antojé ver esta formación y llegar a un crecimiento de adultos en la fe.

El cuidado de los jóvenes: Virgencita de Guadalupe este cuidado de los jóvenes es una necesidad. El cuidado queremos entenderlo, como la inclusión, el tomar en cuenta en la vida pastoral diocesana, parroquial y comunitaria a los jóvenes, no como invitados, sino como protagonistas de la vida eclesial. Jóvenes que enriquezcan a la Iglesia con la alegría, la paz, la amistad, la creatividad, la solidaridad y el entusiasmo.

El cuidado de la familia: María de Guadalupe es uno de los mensaje que tú nos das con la vivencia del hogar de Nazaret, aunque la familia se encuentra atacada por muchos frentes, tenemos en nuestra diócesis el tesoro del aprecio por la vida en familia. Pero es urgente que del aprecio por la vida en familia pasemos a la atención, la evangelicemos y la hagamos misionera. Que sea ella, la familia, sujeto de la transformación de nuestras parroquias y sociedades.

Con la atención a los bautizados alejados: Madre Santísima de Guadalupe, que deuda tan grande tenemos. Todos esos, nuestros católicos bautizados, que no practican y que no viven su religión, que la quieren, que la aceptan, que dicen pertenecer a ella, pero no la viven. Sólo nuestra misericordia, nuestra buena atención, nuestro buen trato hacía ellos y con ir en su búsqueda nos hará una verdadera familia eclesial robusta y santa.

La atención a las vocaciones sacerdotales: Señora nuestra de Guadalupe es una de las acciones pastorales que más te agradan. Eres la Madre de los apóstoles, la Madre de los sacerdotes, la Madre del seminario, la Madre de los seminaristas y del equipo formador. Y por eso Madre quieres que vayamos con los jóvenes a entusiasmarlos y proponerles que entren al seminario. Que les ayudemos a discernir si el Señor los llama a este entusiasmante estilo de vida, el sacerdocio. Todo esto lo ponemos hoy en tus manos llenos de esperanza y pidiendo tu ayuda Madrecita de Guadalupe

No quiero terminar sin antes pedirte Madre nuestra del Tepeyac, que lleves a tu Hijo Jesucristo mi agradecimiento por haberme permitido servir como obispo y pertenecer durante 11 años a esta bonita Diócesis de Atlacomulco, que siempre llevaré en mi corazón. Te pedimos Virgencita Santa María de Guadalupe bendigas abundantemente a todas nuestras familias y a toda nuestra Diócesis de Atlacomulco en sus 25 años de vida. Les des la salud a los enfermos y la compañía a los que sufren soledad y pobreza. Y a todos nosotros nos concedas un corazón capaz de trabajar por el bien, la unidad y la paz.  

 
 
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