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Versión estenográfica de la
Homilía
pronunciada por Mons. Roberto Octavio Balmori Cinta, M.J., Obispo de la Diócesis de Ciudad Valles, San Luis Potosí, en la peregrinación de su diócesis a la Basílica de Guadalupe.

21 de octubre de 2009

Muy queridos hermanos y hermanas, queridos sacerdotes, seminaristas, religiosas. Aquí estamos una vez más ante las plantas de nuestra Madre Santísima de Guadalupe, como pueblo de Dios, como Diócesis de Ciudad Valles.

Todos nos alegramos de volver a la casita de nuestra Madre Santísima, aquella que hace varios siglos vino a nosotros y se presentó: “Yo soy la Madre del Verdadero Dios por quien se vive, quiero que me construyan una casita para estar aquí en medio de ustedes, para que todos puedan venir, porque Yo quiero favorecerlos a todos”. Y así, hermanos, escuchando estas palabras de María, esta la invitación. Aquí estamos de nuevo, para aprender los hermosos ejemplos que Ella nos da; para confiarnos plenamente, filialmente a su protección maternal; para sentir su presencia en medio de nosotros. Porque Ella, Madre de Jesús y Madre nuestra quiere llevarnos a Jesús, su Hijo, aquel que Ella recibió en su seno, lo concibió por obra del Espíritu Santo, lo dio a luz en Belén, lo cuidó, lo amamantó e hizo que fuera creciendo hasta llegar a la plenitud de la edad para que pudiera cumplir su misión evangelizadora y redentora. Ella nos da ese hermoso ejemplo de humildad: “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu Palabra”. Ejemplo admirable, aceptación de la voluntad de Dios manifestada por el anuncio del Ángel. Ella nos da ejemplo de pureza, de limpieza de alma que se consagra totalmente al Señor. Ella nos da ejemplo de fe y también Ella prorrumpe en esa alabanza al Señor por tantos beneficios que ha recibido de Él: “glorifica mi alma al Señor, mi espíritu se llena de júbilo en Dios mi Salvador, porque ha puesto su mirada en esta humilde sierva suya”. Por eso desde ahora, me dirán dichosa y feliz, todas las generaciones, porque ha hecho en mí cosas grandes el que es Todo Poderoso y su nombre infinitamente santo.

Hermanos, al escuchar estas palabras de María nos sentimos, también, todos identificados con Ella como pueblos de Dios y aún cada uno personalmente, porque todos hemos sido llamados, también, a cumplir esa voluntad del Señor. Dios tiene un designio para cada uno de nosotros, para cada familia, para cada comunidad y para todo el pueblo de Dios unido. Y tenemos que saber descubrir esta voluntad de Dios para unirnos a ella, a este designio de salvación. Y tenemos que encomendarnos a la Santísima Virgen, para que Ella sea nuestra intercesora ante su Hijo Jesús. Y aprendamos, también, ese hermoso ejemplo del indio Juan Diego, que fue el privilegiado que recibió el mensaje que de María y lo transmitió a todos nosotros. Él también se sentía humilde, indigno y en su sencillez él decía: Señora no soy digno yo, manda a otro. No, tú has de ir con el obispo para que este mensaje mío llegue a todos. Y así cumplió esa misión con plena humildad, con sencillez y Dios por medio de María hizo en él cosas grandes también, por eso ahora lo veneramos como santo en la Iglesia. Estos ejemplos, hermanos, nos llevan a que también nosotros sigamos este camino de fe, de amor, de alabanza a Dios.

Nuestra diócesis, queridos hermanos, está unida a toda la Iglesia en esta celebración del Año Sacerdotal, que promulgó el Santo Padre, el Papa Benedicto XVI, para pedir por nuestros sacerdotes, para conocer mejor ese ministerio, que el Señor por medio de la Iglesia le ha confiado y pedir por su fidelidad, por su perseverancia, por su santificación. Porque ellos aquí en la tierra hacen las veces de Cristo ante todo el pueblo de Dios; para llevarles la Palabra de Dios; para santificarlos por medio de los sacramentos; para guiar en el amor y en la unidad a todo el pueblo de Dios. Por eso debemos pedir al Señor, no sólo este Año Sacerdotal, sino a lo largo de toda nuestra vida pedir siempre por nuestros sacerdotes en la Iglesia. Y a demás nuestra diócesis, queridos hermanos y hermanas, se prepara para darle gracias a Dios por los 50 años de existencia en la Iglesia como diócesis. Aquel 27 de noviembre de 1960 el Papa Juan XXIII erigió la Diócesis de Ciudad Valles y desde entonces la diócesis ha ido caminando buscando siempre sus caminos de Dios en la fidelidad, en la tarea pastoral Año Jubilar, para celebrar durante todo el año y darle gracias a Dios por tantas bendiciones recibidas, como diócesis y además todos como diócesis nos pondremos en este movimiento misionero, evangelizador, donde cada uno en su propio corazón, sintiendo la vocación a ser discípulo de Cristo y a ser también misionero de Cristo, realice a su alrededor esa tarea que Dios nuestro Señor en la Iglesia nos pide en la actualidad. Como familias, también, buscando la unidad, la fidelidad, el amor en cada familia cristiana. Como comunidad, también como parroquias, todos juntos procuraremos durante este Año Jubilar realizar ese ideal de la Evangelización.

La Iglesia, sobretodo aquí en América Latina nos lanza a ese Misión Continental para que el Evangelio sea escuchado hasta los últimos rincones de nuestros países, de nuestras naciones, para nosotros hasta los últimos rincones de nuestra Diócesis de Valles. Y a nosotros nos toca, queridos hermanos, tomar conciencia de que somos discípulos de Cristo, para ser misioneros de Cristo, apóstoles, evangelizadores. Y eso se lo presentamos, también, a nuestra Madre Santísima, que ella tome estos propósitos de nuestra diócesis entre sus manos los bendiga y los haga fructificar.

En nuestro plan de pastoral tenemos ese anhelo, esa inquietud de formar todos, esa familia, en la comunión de la Iglesia y en la comunión diocesana, en la comunión parroquial, en cada comunidad cristiana sentir  esa presencia de Jesús en medio de nosotros, que estamos unidos en su nombre, para así poder llevar a todos nuestros hermanos la Palabra del Señor.

Pues, esto, hermanos, lo pedimos a nuestra Madre Santísima de Guadalupe y le pedimos en este día su bendición. Y luego, pues, cada uno, cada persona aquí presente, y también los que no pudieron venir, cuantas peticiones tendrán en sus corazones a nuestra Madre Santísima en este momento presentémosle esas peticiones, porque ella aquí está precisamente para escucharlas, para atenderlas y para bendecirnos a todos y que podamos llegar a Cristo, nuestro Señor en la unidad de nuestro pueblo.

 
 
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