13
de abril de 2010
Saludo muy afectuosamente a
todos los sacerdotes, ahora estamos el 80% de los sacerdotes de
nuestra diócesis, eso es un motivo para alegrarnos en este Año Sacerdotal.
Saludo muy afectuosamente,
también, a todas las religiosas que nos acompañan que el Señor las
siga llenando de su Espíritu para que puedan continuar su misión.
Saludo muy afectuosamente a
todos ustedes miembros de este pueblo de Dios, que peregrina en
este mundo y que con grande gozo y esperanza han venido a esta casita
de la Santísima Virgen, que es nuestra Madre.
Saludo muy afectuosamente a
todos los que recurren de aquí mismo, del Distrito Federal, nuestros
familiares, amigos, conocidos y personas que vienen continuamente
a saludar a la Santísima Virgen, que el Señor les recompense sus
esfuerzos y les permita seguir viviendo siempre en esta familia
de los hijos de Dios.
Hoy hemos venido, como peregrinos
a visitar a nuestra Madre del Cielo, bajo la advocación de nuestra
Señora de Guadalupe, presente en este lugar y a pedirle su auxilio
y protección para todos los habitantes de nuestra Diócesis de Ciudad
Altamirano. De manera especial pedimos por nuestros sacerdotes a
quien en este Año Sacerdotal el Señor los ha bendecido y les ha
comunicado su mensaje de amor, para que puedan continuar la misión
a ellos encomendada.
La Virgen María bajó del cielo
para recordarnos verdades del Evangelio, que son una fuente de esperanza
para una humanidad, que a veces sufren la violencia sobretodo en
nuestra tierra caliente. Y hoy queremos pedirle por todos aquellos
que la provocan para que llegue la paz a cada uno de nuestros hogares,
y así puedan crecer en el amor a Dios y en la esperanza.
La relación con Dios es constitutiva
del ser humano, que ha sido creado por Dios y destinado a Dios.
Por su propia estructura cognitiva busca la verdad, tiende la bien
en la esfera volitiva y en la dimensión estética atraído por la
belleza. La conciencia es cristiana en la media en que se abre a
la plenitud de la vida y de la sabiduría, que tenemos en Jesucristo.
La visita que ahora iniciamos bajo el signo de la esperanza pretende
ser una propuesta de sabiduría y de misión, ya que estamos también
luchando por llevar a cabo esta Misión Continental.
En nuestra peregrinación venimos
a implorar su bendición y a pedirle a la Santísima Virgen su protección
en las luchas cotidianas para poder cumplir con la misión que se
nos ha confiado. Venimos hoy como Juan Diego y sabemos que Ella
nos ha de saludar también como a él. La Virgen María le dijo a Juan
Diego: Juanito, el más pequeño de mis hijos ¿dónde vas? él
respondió: Señora y Niña mía tengo que llegar a tu casa de México
a seguir las cosas divinas, que nos enseñan nuestros sacerdotes
delegados de nuestro Señor. Ella luego le habló y le descubrió
su santa voluntad, pues, le dijo: sabe y ten entendido tú, el
más pequeño de mis hijos, que Yo soy la siempre Virgen María, Madre
del Verdadero Dios por quien se vive del Creador en quien está todo.
Señor del Cielo y de la Tierra, deseo vivamente que se me erija
aquí un templo, para en el mostrar y dar todo mi amor, compasión,
auxilio y defensa, pues, yo soy su piadosa Madre. A ti y a todos
los moradores de esta tierra y a los demás amadores míos que me
invoquen y en mí confíen. Deseo oír ahí sus lamentos y remediar
todas sus miserias, penas y dolores y para realizar lo que mi clemencia
pretende. Y ahí comienza a dar una misión, como el Señor también
lo hizo. Ve al palacio del obispo de México y le dirás como yo
te envió a manifestarle lo que deseo, que aquí se me edifique un
templo. Le contarás puntualmente, cuanto has visto y admirado, y
lo que has odio. Ten por seguro que te lo agradeceré bien y te lo
pagaré, porque te hare feliz y merecerás mucho que yo recompense
el trabajo y fatiga con que vas a procurar lo que te he encomendado,
mira que ya has odio mi mandato hijo mío, él más pequeño, anda y
pon todo tu esfuerzo.
Considero que hoy, como a Juan
Diego, también nos dirá lo mismo la Santísima Virgen, pues, nos
ha llamado y nos ha dado una vocación, para que podamos llevarla
a cabo con forme a la voluntad de Dios. Juan Diego contestó: Señora
mía yo voy a cumplir tu mandato, por ahora me despido de ti, yo
tu humilde siervo. Esta es la respuesta que hemos de dar también
nosotros siendo, como decía la primera lectura testigos del Mesías,
que Él es nuestro Salvador, que Él es el Emmanuel, el Dios con nosotros.
Somos testigos de ello, vivimos en plena Pascua y sabemos que Él
ha vencido la muerte, ha resucitado y estará con nosotros todos
los días hasta el fin del mundo.
Juan Diego bajó para ir hacer
su mandato en este relato de las apariciones hemos escuchado el
objetivo de sus presencia en este lugar, para en Él mostrar y dar
todo mi amor, compasión, auxilio y defensa en nuestras batallas.
Es lo que le pedimos ahora para bien de toda nuestra diócesis de
Tierra Caliente.
Jesucristo del mismo modo que
se unió a los discípulos en el camino de Emaús, camina con nosotros
según su promesa: Yo estoy con ustedes todos los días hasta el
fin del mundo. Aunque de modo diferente a los apóstoles, también
nosotros tenemos una experiencia auténtica y personal de la presencia
del Señor resucitado. Se supera la distancia de los siglos y el
resucitado se ofrece vivo y operante por medio de nosotros en el
hoy de la Iglesia y del mundo. Esta es nuestra grande alegría en
el caudal vivo de la tradición de la Iglesia Cristo no está a 2000
años de distancia, sino que está realmente presente entre nosotros.
Y nos da la verdad, nos da la luz que nos hace vivir y encontrar
el camino hacia el futuro. Está presente en su Palabra, en la asamblea
del pueblo de Dios con sus pastores y de modo inminente Jesús está
con nosotros aquí en el Sacramento de su Cuerpo y de su Sangre en
esta Eucaristía que celebramos.
Sabemos, que no le faltan hijos
necios, incluso rebeldes que provocan la violencia en su pueblo,
pero es en los santos donde la Iglesia reconoce sus propios rasgos
característicos y precisamente en ellos saborea su alegría más profunda.
Todos tienen en común el deseo de encarnar el Evangelio en su existencia
bajo el impulso del eterno animador del pueblo de Dios, que es el
Espíritu Santo a quien pedimos su fortaleza, para hacer la voluntad
de Dios en nuestras labores. Lo haremos de manera muy especial en
la Fiesta de Pentecostés el próximo día 23 del presente. Al fijar
su mirada sobre sus propios santos esta iglesia particular ha llegado
a la conclusión de que la prioridad pastoral de hoy es hacer de
cada hombre y mujeres, cristianos en la presencia radiante de la
perspectiva evangélica en medio del mundo, en la familia, en la
cultura, la economía y en todos los aspectos sociales.
Es necesario anunciar de nuevo
con vigor y alegría el acontecimiento de la Muerte y Resurrección
de Cristo, corazón del cristianismo este Misterio Pascual, el núcleo
y fundamento de nuestra fe, recio soporte de nuestras certezas,
viento impetuoso que disipa todo miedo e indecisión, cualquier duda
y calculo humano. La Resurrección de Cristo nos asegura que ningún
poder adverso podrá jamás destruir a su Iglesia. Así, pues, nuestra
fe tiene fundamento, pero hace falta que esta fe se haga vida en
cada uno de nosotros, por tanto se ha de hacer un gran esfuerzo
capilar para que todo cristiano se convierta en un testigo capaz
de dar cuenta siempre y a todos de la esperanza que nos anima. Sólo
Cristo puede satisfacer plenamente los anhelos más profundos del
corazón humano y dar respuesta a sus interrogantes, que más le inquietan
sobre el sufrimiento, la justicia y el mal; sobre la muerte y la
vida del más allá.
Queridos hermanos y amigos,
Cristo está siempre con nosotros y camina siempre con su Iglesia,
la acompaña y la protege como Él nos lo dijo: Yo estoy con ustedes
todos los días hasta el fin del mundo. Pero también Él nos envía
a la misión, como también nos lo dice: id y enseñad a todas las
gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu
Santo.
Que esta misión que nos confía
con la fuerza del Espíritu Santo podamos de verdad llevarla a cabo.
Nunca duden de la presencia del Señor, busquen siempre al Señor
Jesús, crezcan en la amistad con Él, recíbanlo en la comunión. Aprenda
a escuchar su Palabra y a reconocerlo también en los más necesitados.
Vivan su existencia con alegría y entusiasmo, seguros de su presencia
y de su amistad gratuita generosa, fiel hasta la muerte de cruz.
Den testimonio a todos de la alegría por su presencia, y también
fuerte y suave, amenazando por sus coetáneos, comenzando con ellos
a dar un verdadero testimonio cristiano. Díganles que es hermoso
ver al amigo de Jesús, ser amigos de Jesús y que vale la pena seguirlo:
el que me sigue tendrá la luz de la vida.
Muestren con su entusiasmo,
que de las muchas formas de vivir, que el mundo parece ofrecernos
hoy aparentemente todas del mismo nivel, la única en la que se encuentra
el verdadero sentido de la vida y por lo tanto la alegría auténtica
y duradera es el seguimiento de Jesús, busquen cada día la protección
de la Santísima Virgen, quien hoy hemos escuchado en la anunciación,
como es la llena de gracia. Por eso responde al ángel ¿cómo podrá
ser esta misión que tú me estás mostrando que el Padre me ha dado?
Y cuando el ángel le explica no tiene más que decir: Yo soy la
esclava del Señor, cúmplase en mí lo que me has dicho.
Que como siervos, no dueños
de la mies, pero sí administradores de ella podamos llevar a cabo
está misión. Ella la Santísima Virgen, la toda Santa nos ayudara
a ser fieles discípulos de su Hijo Jesucristo, para que en nuestro
Plan de Pastoral podamos deberás ser Iglesia, comunión y vivamos
cada día más unidos al Señor cumpliendo cada quien con la misión
que se nos ha confiado.
Hoy con este signo de comunión
pedimos a Jesucristo nuestro Señor, que nos alimente con su Cuerpo
y con su Sangre, para seguir peregrinando hacia la casa de Dios
nuestro Padre cumpliendo con la misión que se nos ha confiado.
Así sea.