10
de julio de 2010
Muy
querido señor obispo Vicente García, Obispo Emérito de nuestra
Diócesis de Ciudad Obregón, muy queridos hermanos sacerdotes,
también, saludo cordialmente a todos los paisanos de Sonora
que residen aquí en la capital y que nos acompañan, a todos
estos hermanos y hermanas de la Diócesis de Ciudad Obregón,
que como el ejemplo de María cuando vio que necesitaban
de su juventud, necesitaban de su ayuda. Dice, el Santo
Evangelio que se levantó presurosa para ir acompañar, a
poyar a su prima santa Isabel en ese momento tan importante
para las mujeres, como es el de dar vida.
Yo
quisiera en esta mañana que reflexionemos un poco sobre
¿cuál es la función de nuestra Madre, la Santísima Virgen
de Guadalupe en este momento actual que estamos viviendo
en México? Y que así como niños y niñas, como hijos e hijas
nos acerquemos llenos de confianza a Ella, para que ella
nos obtenga ese don maravilloso, que estamos necesitando
en estos momentos en nuestra persona, en nuestras familias
y en nuestra patria. Don que debe de ir precedido de mucha
oración, porque los dones que Dios nos da por medio de la
Virgen María, no son por lotería, sino son el fruto de una
oración fuerte y profunda de todos los mexicanos, en especial
en esta Diócesis de Ciudad Obregón.
A lo
mejor ya conocen esta historia, pero yo quisiera que nos
fijáramos cual es la función que nuestros antepasados nahuas
entendieron al aparecerse la Santísima Virgen de Guadalupe
hace 500 años en esta colina del Tepeyac. Platica un sacerdote
allá por los años 1992, que prácticamente a media noche
del 11 de diciembre llegaron unos naturales aztecas, que
habitaban en la Sierra de Veracruz colindando con Puebla,
que se llama Zotzocolco. Y le tocaron, le dijeron: necesitamos
que vayas con nosotros sin ningún pretexto a celebrar la
misa, la Celebración Eucarística, de nuestra santa patrona,
a nuestra Madre, la Santísima Virgen de Guadalupe. Entonces
él, ya ven que el día 12 de diciembre hay muchos servicios
en todas partes los vio tan decididos que nomas les dijo:
déjenme avisar que no voy a ir, que me voy a ir con ustedes,
porque dijeron que no había ningún pretexto, ya que habían
toda la semana buscado quien fuera a celebrara la Eucaristía
y nadie fue, y prácticamente se lo llevaron a fuerzas. Toda
la noche a lomo de burra cruzaron la sierra hasta llegar
a temprana hora a este pueblo de Zotzocolco en el camino
él venía, el sacerdote, yo de qué les voy hablar o qué es
lo que voy hacer allá. Entonces al llegar se le ocurrió
una idea y le preguntó al principal de la ciudad, del poblado,
desde cuando hace qué celebran ustedes esta fiesta a la
Santísima Patrona, la Santísima Virgen de Guadalupe y haciendo
memoria el principal dijo: celebramos esta fiesta hace casi
quinientas vueltas del palo.
Ustedes
saben que en Veracruz hay una región que se llama Papantla,
donde hay los voladores de Papantla que cada año en la fiesta
de san Miguel Arcángel celebran esa fiesta, pero dándole
vuelta al palo, y que es conocido en todo México como los
voladores de Papantla. Dijo hace quinientas vueltas del
palo, entonces hace quinientos años, hace mil cosechas de
maíz, después se informó el sacerdote, dice: que ese pueblo
es tan feraz, tan abundante, que cada año hacen dos cosechas
de maíz o sea hace casi quinientos años celebraban esta
fiesta. Y dice: hace quinientas cosechas de cacao en que
celebramos esta fecha. Entonces, el padre cayó en la cuenta
que históricamente celebraba ya esa fiesta hacia quinientos
años. Después les preguntó ¿y cuál es el mensaje que les
trajo la Santísima Virgen de Guadalupe? dice, el principal:
hace quinientos años se le apareció una gran señora, una
joven señora, a uno de nuestros paisanos, es decir: a Juan
Diego, a un azteca, porque ellos eran aztecas, se le apareció
a uno de nuestros paisanos. Y al verla tan hermosa, tan
maravillosa, con nuestro color, con nuestra manera de ser
nos inspiraba mucha confianza, nos inspiraba mucho cariño.
Pero, su verdadero mensaje está en que cuando nuestro paisano
dio a conocer esta aparición al obispo de México, a los
principales de México, todos con grande cariño se hincaban,
todos con grande devoción la horraban, la veneraban.
Entonces,
todos entendimos, por su rostro, por su presencia, que Ella
venía a unirnos, Ella venía a reconciliarnos, porque hace
cerca de quinientos años ya todos los jefes naturales del
país nos estábamos reuniendo para levantarnos de nuevo contra
los conquistadores, ¿por qué? nos hablan de un Dios, que
es Padre y ellos nos trataban como esclavos; nos hablaban
de un Dios que trae vida y ellos nos mataban; nos hablaban
de un Dios que era nuestro Hermano y ellos nos golpeaban,
ellos nos humillaban y hacían todo lo contrario. Y estábamos
a punto ya de reunirnos, para levantarnos de nuevo, cuando
aparece esta gran Señora. Esta gran Señora que con su palabra,
con su mensaje, nos pedía reconciliación nos pedía que viviéramos
en paz, que viviéramos tranquilos y nosotros y los conquistadores
entendieron claramente este mensaje. Porque desde que Ella
se apareció empezamos a sentir y a ver señales muy claras
de acercamiento mutuo de vivir en paz, de vivir reconciliados
y ese es uno de los grandes mensajes, que la Santísima Señora
de Guadalupe nos trajo. Que en lugar de guerra, de estar
unos contra otros, que viviéramos en paz, que viviéramos
reconciliados, que nos diéramos cuenta de que era nuestra
Madre para todos.
Pero
le decían, al cura que estaba celebrando esta fiesta, pero
si te fijas en su imagen su rostro está un poco inclinado,
como que Ella nos hace descubrir que hay alguien mayor que
Ella; que hay alguien que Ella quiere también comunicar
y ese alguien es el Dios, es el Señor que nos creo, es el
Señor de la historia. Y Ella vino, sí, para que viviéramos
en paz, vino para que viviéramos reconciliados; pero vino
para que tuviéramos una relación directa con ese Señor,
con ese Creador, con ese Señor de la historia, que es Dios.
Y al leer el Evangelio que hoy hemos escuchado nos damos
cuenta que esta misión siempre la Santísima Virgen la ha
traído a nuestro mundo.
Fíjense,
como cuando su prima Isabel va a dar a luz ¿Ella a quién
le lleva? le lleva a Jesucristo, Ella le lleva el don del
Espíritu Santo, para que Juan el Bautista sea lleno del
Espíritu Santo desde su nacimiento. Ella se presenta como
una joven hermosa, pero también como una mamá, como una
madre cariñosa que quiere que todos sus hijos aunque estemos
peleados, que aunque pensemos de diferente manera que ese
no es el camino. El camino es un camino de paz, el camino
es un camino de reconciliación, el camino es que todos juntos
debemos de colaborar junto con la Santísima Madre, la Santísima
Virgen de Guadalupe, para que juntos creamos un México que
donde reine la reconciliación, donde reine la paz, donde
los frutos de la paz se hagan visibles en nuestra persona,
en nuestra familia y en nuestro México.
Pues,
Santísima Madre hoy venimos de Ciudad Obregón a pedirte
esto: que haya paz en nuestra diócesis; que haya tranquilidad
en nuestra diócesis; que haya reconciliación entre todos.
Pero no queremos caminar solos, queremos caminar siempre
contigo, porque contigo deberás Tú nos vas a llevar a Jesucristo
que es el Príncipe de la paz. Tú no vas a llevar a Jesucristo
que es Él que da vida y vida en abundancia. Pues, Jesucristo
está en este altar presidiendo esta Eucaristía.
Pidámosle,
de verás, por todas nuestras necesidades; pidámosle para
que haya paz en nuestro México; pidámosle que todos nos
animemos valientemente a construir la paz, que todos nos
animemos a reconciliarnos, que todos nos animemos a buscar
esto que es de verás el futuro, que la Santísima Señora
quiere para nosotros. Que formemos una nación cada día más
unida; una nación cada día mejor; una nación donde reine
siempre Jesucristo, donde reine nuestra Madre la Santísima
Virgen de Guadalupe. Pidámoslo que Él nos dé la fuerza,
la valentía de poner manos a la obra para construir la paz,
para construir la reconciliación, para construir el progreso
de nuestra patria, pero siempre por estos caminos: caminos
de paz y caminos de justicia. Y veremos como Ella está atenta
a nosotros, como Ella nos va a escuchar y como Ella nos
va a conseguir de Jesucristo todos los favores que le pidamos,
todas las gracias que necesitemos, toda la valentía que
nos haga falta para ser constructores de nuestra familia,
de nuestra sociedad en la paz, la justicia y en la fraternidad.
Pues,
sigamos hablando con nuestra Madre, sigamos celebrando esta
Eucaristía, pero siempre con esta intensión descubrir que
cada uno de nosotros somos y fuimos hechos para construir
la paz, somos y fuimos hechos para vivir en la justicia,
pero sobre todo para vivir como hermanos, hijos de tan grande
Señora, la Santísima Virgen de Guadalupe.