8 de mayo de 2010
Saludo muy afectuosamente a todos
mis hermanos sacerdotes los que han podido venir acompañando a sus
feligreses y aquellos que no han podido venir por compromisos pastorales.
Saludo a mis hermanos diáconos, a los queridos seminaristas, a las
hermanas religiosas, a todos mis hermanos, que como peregrinos han
acudido a esta invitación. Saludo también a los hermanos en la fe
que nos acompañan en esta celebración.
Hace un año las contingencias ambientales nos
impidieron venir a postrarnos ante esta imagen bendita de Nuestra
Señora de Guadalupe, pero ahora, en este Año Sacerdotal, el Señor
Jesús nos ha permitido venir como peregrinos a rendirle homenaje
a su Madre y nuestra Madre que nos hace sentir su continuamente
su maternal intercesión en nuestro caminar como hijos de Dios e
hijos de Ella.
De manera particular en esta ocasión queremos
agradecer a Dios por medio de María la vocación y presencia de aquellos
que consideramos nuestros padres en la fe, los obispos, sacerdotes,
religiosas y laicos comprometidos que abrieron el surco para tirar
las nuevas semillas del Evangelio en la recién creada Diócesis de
Tacámbaro desde hace noventa años, respondiendo al llamado de Dios
como pioneros en esta noble tarea. Gracias sean dadas a Dios y a
la generosidad de quienes nos han precedido en el camino de la fe.
Sus fatigas, sufrimientos y sudores sin duda que ya han sido reconocidos
y premiados por Dios, nuestro Padre asociándolos al triunfo de la
Resurrección de su Hijo, nuestro Señor Jesucristo.
No podemos olvidar a nuestros hermanos sacerdotes
enfermos y ancianos que durante muchos años dieron testimonio de
su amor a Dios y a la Iglesia recorriendo los caminos polvosos de
nuestra diócesis para anunciar la Buena Nueva del Evangelio y que
ahora el Señor los ha hecho partícipes de su pasión redentiva; para
ellos te pedimos Madre que los sigas acompañando y reconfortando
para que su vida siga siendo una ofrenda grata a los ojos de tu
Hijo Jesucristo y del Padre Celestial, que sus sufrimientos nos
alcancen gracias especiales de conversión a quienes estamos empeñados
en la tarea evangelizadora.
En este Año Sacerdotal, queremos pedirte Madre,
de manera particular, por los Sacerdotes que gastan su vida en el
servicio a Dios y de la Iglesia, alcánzanos la gracia de llegar
a ser verdaderos amigos de tu Hijo Jesucristo, discípulos y misioneros
que no nos cansemos de conversar con Él en la oración diaria, que
sigamos alimentándonos de su Palabra y de su Eucaristía que es el
alimento que da la vida eterna y lo podamos repartir a manos llenas
a nuestros hermanos en la fe, que sintamos la alegría de haber sido
llamados por Cristo tu Hijo, a ser sus colaboradores en la extensión
de su Reino; para nosotros te pedimos nos alcances el grande deseo
de santidad, que siga siendo el gran objetivo de nuestra vida sacerdotal.
Bendícenos y bendice nuestro ministerio para que día a día experimentemos
el gozo y la alegría de ser colaboradores en la construcción del
Reino. No permitas que la tristeza invada nuestros corazones ni
que el desaliento nos vaya a hacer desistir de nuestra pertenencia
a Dios. Concédenos Madre vivir en comunión plana con Dios, con la
Iglesia, con el Santo Padre Benedicto XVI, con nuestros Obispos,
en comunión con todos los que formamos la familia de los bautizados.
Nos duele mucho la labor de crítica destructiva
que se ha desatado en contra de los sacerdotes, ocasionada en buena
parte por los escándalos de algunos hermanos sacerdotes que han
sido víctimas de las acechanzas del enemigo demonio, y que siendo
minoría, han llegado a ser el único elemento de juicio para calificar
la totalidad de los sacerdotes, muchos de ellos inocentes y comprometidos
en la causa del Evangelio que están soportando el peso del día y
del calor. Para los que han fallado, también te pedimos que les
alcances la gracia de la conversión para que puedan reparar los
daños causados a las víctimas, a la Iglesia ya la sociedad.
Queremos expresarte Madre, nuestro agradecimiento
por los seminaristas que siguen con responsabilidad y entereza su
proceso de formación deseando que un día puedan llegar a recibir
la ordenación sacerdotal y sumarse a los pastores solícitos en la
causa del Evangelio; protégelos, aliéntalos, ilumínalos para que
sepan hacer frente a las dificultades que les ponga el demonio,
que sepan luchar con la esperanza de vencer cualquier
obstáculo que vayan encontrando en su proceso
de formación; grava en ellos el firme deseo de ser fieles colaboradores
de tu Hijo Jesucristo. Dales un corazón limpio para que puedan amar
las ovejas que se les confíen hasta entregar su vida por ellas.
Además te pedimos que sigas bendiciendo la Obra de las Vocaciones
sacerdotales y religiosas para que por su medio siga el Señor suscitando
muchas y santas vocaciones y nunca falten jóvenes entusiastas que
quieran responder con generosidad al llamado del Señor.
Te pedimos también que protejas nuestras familias,
las de nuestros sacerdotes, seminaristas, de nuestras religiosas,
pues la ofrenda que han hecho de sus hijos a la causa del Evangelio,
sin duda que la recompensará tu Hijo divino; líbralas de todo mal,
especialmente de los ataques de las fuerzas del mal que se han desatado
en nuestra patria.
Finalmente, renovamos nuestra consagración a
Ti, Madre, como Diócesis, queremos ser tuyos y siempre tuyos, así
como acogiste a San Juan Diego para confiarle tus deseos, así también
queremos que cuentes con nosotros para ser tus mensajeros, queremos
seguir llevando la luz de la Buena N ueva a nuestros hermanos que
no conocen a tu Hijo Jesús o a aquellos que se han apartado del
buen camino. No retires tu mirada de nosotros que venimos como peregrinos
a presentarte nuestras mucha y variadas necesidades. Pedimos tu
bendición para nuestros grupos apostólicos para que sigan con mucha
dedicación su labor evangelizadora en nuestras parroquias, que con
su palabra y su testimonio de vida te sigan anunciando a ti como
Madre y a tu Hijo Jesús como el único Salvador. Que tu Hijo divino
siga bendiciendo el trabajo digno y honrado de nuestros hermanos
y que nadie carezca de lo necesario para su vida humana y familiar.
MADRE, BENDÍCENOS, MADRE, BENDíCENOS, MADRE,
BENDíCENOS.