5 de agosto de 2010
Mis hermanos en la fe en el
Señor Jesucristo. Nuevamente Dios con su bendición y con
su fuerza nos permite, como lo hacemos año con año, venir
a este lugar sagrado a esta casa que reconocemos como la
casa de Santa María, Madre del Verdadero Dios por quien
se vive. Venimos a visitarla, venimos agradecerle, pero
de manera particular este año venimos flagelados por la
violencia que desgraciada y tristemente día con día avanza
en nuestros pueblos, que de una u otra manera todos nosotros
nos hemos visto afectados, que de alguna u otra manera algunos
de ustedes directamente se han visto afectado por esta violencia,
que tenemos meses con ella en nuestros pueblos. Venimos
flagelados por la fuerza de la naturaleza, también por eso
venimos flagelados y venimos tristes y venimos acongojados
y venimos con miedo. Pero venimos a pedirle a María, a María
de Guadalupe, a Santa María de Guadalupe que nos proteja,
que nos acompañe, que nos fortalezca.
Ella, hoy, como a Juan Diego
nos dice que nada nos inquiete, que somos sus hijos, que
estamos bajo su regazo, que estamos bajo su manto. Y
le venimos a pedir a Ella, que interceda ante su Hijo Jesucristo,
Príncipe de la paz, que toque los corazones de esas personas;
que son personas como nosotros; que toque el corazón de
esas personas para que esas personas dejen de violentar,
dejen de asesinar, dejen de robar, dejen de vivir del narcotráfico.
Pero, también, mis hermanos, me parece algo importante que
al menos a mí me cuestiona; muchas de esas gentes que andan
metidas en eso dicen que están bautizados, como nosotros
lo estamos; muchas de esas personas que andan ahí dicen
que creen en Dios, como nosotros creemos. La pregunta, la
gran pregunta, la gran interrogante que yo en lo personal
me hago y que hoy invito a todos: a sacerdotes y a ustedes
a que nos hagamos esta pregunta fuerte ¿cómo anda nuestra
evangelización? ¿qué hemos hecho? ¿qué esfuerzo hemos hecho?
¿qué estrategias hemos tenido para hacer que la Palabra
de Dios, que el Evangelio de Dios, que Jesucristo el Señor
llegue a aquellas personas más alejadas? Dios por medio
de los obispos en Aparecida, Brasil, nos recordó que somos
misioneros, que somos misioneros por naturaleza, que nuestra
Iglesia es misionera y la Iglesia somos nosotros bautizados,
y la Iglesia somos nosotros que sí decimos que conocemos
al Señor ¿pero qué tanto lo hemos dado a conocer? ¿qué tanto
lo hemos dado a conocer? Yo en muchas ocasiones muchos de
ustedes me ha escuchado decir esto: tenemos a Jesucristo
encerrado en nuestros templos, encerrado en nuestros grupos,
encerrado en nuestras casas, pero no lo llevamos, pero no
lo llevamos allá a la gente alejada, a la gente que no lo
conoce.
A veces los juzgamos, los condenamos
pero la pregunta es ¿qué estamos haciendo? A María de Guadalupe
la reconocemos, como la primera evangelizadora en México.
A Ella la reconocemos como la portadora de Jesús. Ella es
ejemplo de discípulo y es ejemplo de misionera. Entonces,
si este día que estamos aquí para rendirle culto, para venerarla,
para pedirle que por su Hijo nos bendiga sí todo eso hagámoslo
con fe, con esperanza. Pero pensemos que estamos haciendo
para que esa frase, la Misión Continental o la Misión Permanente,
o como se llame, no se quede con una frase bonita solamente
y sigamos igual.
Se habla mucho de renovación,
una renovación que se viene hablando desde el Concilio Vaticano
II ¿y dónde está la renovación de nuestra Iglesia? ¿dónde
está la renovación de nuestras parroquias? ¿dónde está la
renovación de nosotros sacerdotes? ¿dónde está la renovación
de los grupos llamados apostólicos?
En el Evangelio de hoy Jesús
pregunta a sus discípulos ¿y ustedes quien dicen que soy
Yo? me parece que esa pregunta hay que escucharla fuertemente
cada uno de nosotros. ¿para ti quién es Jesús? ¿para ti
qué papel juega Jesús en tu vida? ¿qué tanto conoces a Jesús?
¿qué tanto te has entregado a Jesús? A veces pronunciamos
mucho el nombre de Dios, pero no vivimos como Él quiere.
A veces pronunciamos mucho el nombre de Dios entre los demás,
pero vivimos en egoísmos, en soberbias, en divisiones, es
decir: no damos testimonio para los demás. Y decía Pablo
VI: el primer medio para evangelizar es el testimonio
de vida.
¿Realmente nuestras parroquias,
nuestras comunidades parroquiales son ejemplo de vida cristiana?
¿nuestros presbiterios son ejemplo de vida cristiana, de
comunidad cristiana donde hay amor, donde hay armonía, donde
hay paz, donde hay justicia, donde no hay divisiones? Eso
hay que preguntarlo, mis hermanos, porque repito, el primer
medio para evangelizar es el testimonio de vida. ¿No será
que hace falta que nuestros presbiterios sean testimonio
de auténtica vida cristiana? ¿no será que a nuestras parroquias
les hace falta ser verdaderamente auténticas comunidades
cristianas? ¿no será que los grupos llamados apostólicos
les está haciendo falta de verdad ser auténticas comunidades
cristianas donde hay armonía, sobretodo donde hay unidad
y sobretodo donde hay paz, donde hay armonía, donde hay
amor? A veces se nos olvida que el principal criterio, para
evaluar la vida cristiana es la capacidad de amar. A veces
se nos olvida que no es cierto que amamos a Dios, sino amamos
a los demás, a veces lo olvidamos.
Mis hermanos en la fe en el
Señor Jesús les invito para que esta Misa, les invito para
que esta peregrinación sea pedirle a Santa María de Guadalupe,
Madre Verdadero Dios por quien se vive que interceda por
nosotros ante su Hijo para que en otros pueblos reine la
paz. Que se acabe la violencia fruto, consecuencia del narcotráfico.
Que Jesús toque los corazones de esas personas para que
vuelvan a vivir en armonía y ya no provoque tanta muerte,
tanta injusticia, tanto maltrato, ya no tengan amenazados
a tantos y tantos pueblos. Pero, también, mis hermanos,
pidámosle a María de Guadalupe, Madre del Verdadero Dios
por quien se vive, que nos conceda a cada uno de nosotros
sacerdotes seglares ser auténticos misiones, ser auténticos
misiones portadores de la Palabra de Jesús. Que Jesús nos
dé en nuestros corazones una Palabra o una imagen ser alguien
que cambie nuestra vida, que transforme nuestra vida, que
realmente nos entreguemos a Él, que realmente Él sea Él
que reine nuestros hogares, Él que reine nuestras parroquias,
Él que reine en nuestros presbiterios.
Que eso le pidamos a Santa
María de Guadalupe este día. Y que regresemos a nuestras
parroquias; que regresemos a nuestros hogares fortalecidos,
animados con la protección de Santa María de Guadalupe,
que intentemos, sé que es muy difícil, vivir sin miedo.
Porque Dios está con nosotros; porque Dios vive con nosotros.
Que Santa María de Guadalupe
nos fortalezca, nos anime y que la fe, la esperanza y el
amor nos hagan vivir como auténticos cristianos fiados en
el Señor. Que esto sea este día nuestra doble petición,
que le hacemos a Santa María de Guadalupe, Madre del Verdadero
Dios por quien se vive.
Que así sea.