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Homilía
pronunciada por Mons. Diego Monroy Ponce, Vicario General y Episcopal de Guadalupe, rector del Santuario en el XXVII Domingo Ordinario.

4 de octubre de 2009
Año Sacerdotal

NO ES BUENO QUE EL HOMBRE ESTÉ SÓLO


Amados hermanos y hermanas, alabemos a Dios, nuestro Padre porque no nos deja solos. Además de que Él siempre está con nosotros, nos ha hecho de tal naturaleza que necesitamos salir de nosotros mismos para ir al encuentro del otro o de los otros para realizarnos como personas. Es, precisamente, en esto en lo que más nos parecemos a Dios: en que somos seres en relación. No logramos nuestro completo desarrollo si no vivimos para los demás, si no vivimos para el Otro, con mayúscula, que es Dios, para los otros que son nuestros hermanos. Pero parece que desde los orígenes, el Señor Dios se dio cuenta de que todo lo que había hecho no estaba del todo bien. Parecería que le quedaba una laguna por llenar y que estaba ocupada por la soledad. No es bueno, no está bien, dice el mismo Dios que antes había visto que todo –lo que había hecho– era muy bueno. NO ESTÁ BIEN QUE EL HOMBRE ESTÉ SOLO; VOY A PROPORCIONARLE UNA AYUDA ADECUADA. El texto sagrado parece no preocuparse porque deja la impresión de que algo le salió mal a Dios que tiene que corregir.

Nosotros consideramos, como en otros casos semejantes en los escritos sagrados, que se trata de un recurso literario para poner el énfasis en la importancia del carácter social del hombre. Y más aún, el autor de este texto quiere dejar muy claro, que desde el principio, cuál es el sentido, o mejor, cuál es la naturaleza del matrimonio en el proyecto de Dios sobre la creación. ES EL MATRIMONIO UNA REALIDAD MARAVILLOSAMENTE INIGUALABLE PARA VIVIR PROFUNDAMENTE LA EXPERIENCIA DE SER PARA EL OTRO. Esto es el matrimonio, mis hermanos, ojala nos quede bien claro. UNA REALIDAD MARAVILLOSAMENTE INIGUALABLE PARA VIVIR PROFUNDAMENTE LA EXPERIENCIA DE SER PARA EL OTRO. Esto es el amor; es la posibilidad de vivir plenamente el amor de Dios, a la manera de Dios, al estilo de Dios.

Más que la necesidad de tener y poseer, mis hermanos, el hombre tiene la de dar y de darse. Es lo único que le permite reproducir a diario la imagen de su Creador y le permite realizar su ser. “El dominio sobre la naturaleza, la explotación de lo creado, la conquista científica, la actividad racional no colma el vacío del hombre” (A.Pronzato, Palabra de Dios. ciclo b). Lo que realmente llena al hombre y le permite realizar en plenitud su naturaleza es el EXISTIR CON LOS OTROS Y A FAVOR DE LOS OTROS. En esto, y sólo en esto, el ser humano puede alcanzar la verdadera felicidad. Ni siquiera bastan las acciones o las cosas que podamos hacer por los otros, no. Porque es, hasta cierto modo, fácil y cómodo hacer o dar; pero darse es lo que hace a la persona ser imagen de Dios, es decir ser lo que Dios quiere que sea; y logrando esto es como podemos estar seguros de la felicidad más profunda, de la felicidad más perfecta.

Ahora bien, mis queridos hermanos y hermanas, es esto lo que no quieren ver quienes ven en el matrimonio un mero contrato legal. Para los que se dicen cristianos y piensan así, el matrimonio no es la oportunidad de vivir a profundidad y con toda la intensidad como seres humanos, como hijos de Dios. No tienen la capacidad de comprometerse, no tienen la capacidad de amar verdaderamente.

En la perspectiva o proyecto divino, el matrimonio es desde el origen, como señala Jesús, “UN PROYECTO DE AMOR, VIDA, ARMONÍA, LUZ, UNIDAD” (Íd.). Dios hizo al hombre a imagen y semejanza suya, lo cual implica que lo hizo capaz de amar como Él ama. ¡Nada menos! Y sabemos que el amor de Dios es eterno, es irrevocable, es definitivo. En Dios no cabe un “ya no te quiero, ya no te aguanto, ya no te creo, ya no te soporto, ya no te amo”. Dios es fiel para siempre. “Dios siempre fiel” es la imagen más bella y cierta que tenemos de Dios en la Sagrada Escritura, por la cual Él se nos ha dado a conocer, se nos ha revelado, en todo su misterio.

El divorcio, en tiempos de Jesús, era un permiso, una tolerancia o concesión de Moisés debido a la dureza de corazón de los judíos para comprender el proyecto original de Dios. Y es lo que les recuerda Jesús al responder tanto a rigoristas, como a liberales frente a esta institución familiar. “Cuando el hombre, incapaz de insertarse en el plan de Dios en una dimensión totalizante, opone el propio mezquino contraproyecto, afloran los egoísmos, los compromisos, las excepciones, las ficciones, los oportunismos, las opciones de facilidad” (Íd.). El divorcio no es más que un pretexto para dispensarse de amar, para no correr la aventura y el riesgo de amar en serio. Esto es el matrimonio, es la aventura de amar, es el riesgo de amar enserio. Y sucede porque no se ve al otro como alguien digno de ser amado, sino como un juguete, un objeto de placer del cual puedo prescindir cuando me hastía, ¡claro! Cuando ya estoy cansado, cuando llega la rutina y el enfado, con el permiso de la ley desde luego, porque no es más que un contrato que se puede rescindir según las conveniencias y las oportunidades, o los caprichos de quienes han hecho del placer la cima de una felicidad engañosa y efímera como su supuesto amor.

Por eso, mis queridos hermanos, es necesario entender y aceptar que sólo las personas maduras integralmente pueden casarse, atención, es necesario entender y aceptar que sólo las personas maduras integralmente pueden casarse. Supone la capacidad de dar un sí que pueda mantenerse, no gracias a la sola fuerza de voluntad o a la resistencia que, más temprano que tarde se acaba. SI EL AMOR ES ETERNO Y PARA SIEMPRE PUESTO QUE ES LA MISMA ESENCIA DE DIOS, Y EL MATRIMONIO ES LA CELEBRACIÓN DEL AMOR, mis hermanos, no podemos admitir la posibilidad de un rompimiento. El matrimonio se funda en la fidelidad de Dios y es su mejor expresión. Por eso los esposos están llamados a ser signos vivos, visibles, tangibles del amor de Dios.

Miren, mis queridos hermanos y hermanas, ante la realidad triste y cada día más frecuente de los divorcios, aún entre bautizados, no podemos, en nombre de una falsa caridad decir mentiras, no. La falsa compasión no ayuda en nada. En esto Jesús es muy claro y contundente. Nosotros nos podemos manejar una falsa misericordia. Lo que debemos hacer es lo que hace Jesús: llamar a las cosas por su nombre, por duro que suene y parezca a la razón: si uno se separa de su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra la primera, y si ella se separa de su marido y se casa con otro, también comete adulterio.

Mis amados hermanos y hermanas, el mejor servicio que la Iglesia puede hacer a los divorciados vueltos a casar es nombrar la situación tal como la llama Jesús, insisto, aunque duela decirlo. Esto es fidelidad a Dios, que nos habla por su Hijo, pero también es muestra de caridad hacia nuestros hermanos, para que sepan la gravedad de su situación frente al plan de Dios e intenten encontrar la solución adecuada para volver a la comunión plena con el Creador. Pero debemos también evitar, atención, mis hermanos, mucha atención debemos de evitar toda clase de condena hacia los divorciados, puesto que sólo a Dios le toca juzgar. No tenemos porque juzgar a los divorciados, estoy exponiendo la doctrina de la Iglesia. El pensamiento de Dios, el pensamiento de Jesucristo. No tenemos porque juzgar a los divorciados vueltos a casar. Todos nosotros somos hermanos y expuestos también a muchas debilidades. No podemos tener dedo inquisidor, para nadie, de ninguna manera. Sin embargo, los divorciados vueltos a casar deben saber que, a pesar de su situación, no están excluidos de la comunidad cristiana y que deben mantenerse unidas a ella en la medida en que pueden mediante la observancia del resto de los mandamientos, especialmente el amor sincero y fiel, así como el servicio a los más necesitados.

Y todavía conviene añadir algo más: otra cosa sucede con las personas que pese a su voluntad viven divorciadas sin unirse a otra persona. Debe quedar claro que éstos no pueden privarse de los bienes sacramentales que la Iglesia les ofrece. Un divorciado, una divorciada a pesar de su voluntad y sin unirse a otra persona puede acercarse a los sacramentos, a la comunión desde luego, claro, no puede probarse de los bienes sacramentales que la Iglesia ofrece. Lo necesitan mucho precisamente para resistir a la tentación de adulterio que les acecha constantemente.

Mis amados hermanos y hermanas, quiera nuestra Muchachita y Celestial Señora, Santa María de Guadalupe alcanzarnos del Padre la gracia de entender y asimilar este mandato del Señor Jesús, no nos cabe en la cabeza tal vez, por eso Jesús, fíjense nos pone el ejemplo del niño inmediatamente. Quiera la Señora alcanzarnos del Padre la gracia de entender y asimilar este mandato del Señor Jesús, como lo entenderían los niños sencillos, que confían totalmente en el Padre Celestial.

Amén.

 
 
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