4
de octubre de 2009
Año Sacerdotal
NO
ES BUENO QUE EL HOMBRE ESTÉ SÓLO
Amados hermanos y hermanas, alabemos a Dios,
nuestro Padre porque no nos deja solos. Además de que Él siempre
está con nosotros, nos ha hecho de tal naturaleza que necesitamos
salir de nosotros mismos para ir al encuentro del otro o de
los otros para realizarnos como personas. Es, precisamente,
en esto en lo que más nos parecemos a Dios: en que somos
seres en relación. No logramos nuestro completo desarrollo
si no vivimos para los demás, si no vivimos para el Otro, con
mayúscula, que es Dios, para los otros que son nuestros hermanos.
Pero parece que desde los orígenes, el Señor Dios se dio cuenta
de que todo lo que había hecho no estaba del todo bien. Parecería
que le quedaba una laguna por llenar y que estaba ocupada por
la soledad. No es bueno, no está bien, dice el mismo Dios que
antes había visto que todo –lo que había hecho– era muy bueno.
NO ESTÁ BIEN QUE EL HOMBRE ESTÉ SOLO; VOY A PROPORCIONARLE
UNA AYUDA ADECUADA. El texto sagrado parece no preocuparse
porque deja la impresión de que algo le salió mal a Dios que
tiene que corregir.
Nosotros consideramos, como en otros
casos semejantes en los escritos sagrados, que se trata de un
recurso literario para poner el énfasis en la importancia del
carácter social del hombre. Y más aún, el autor de este texto
quiere dejar muy claro, que desde el principio, cuál es el sentido,
o mejor, cuál es la naturaleza del matrimonio en el proyecto
de Dios sobre la creación. ES EL MATRIMONIO UNA REALIDAD
MARAVILLOSAMENTE INIGUALABLE PARA VIVIR PROFUNDAMENTE LA EXPERIENCIA
DE SER PARA EL OTRO. Esto es el matrimonio, mis hermanos,
ojala nos quede bien claro. UNA REALIDAD MARAVILLOSAMENTE
INIGUALABLE PARA VIVIR PROFUNDAMENTE LA EXPERIENCIA DE SER PARA
EL OTRO. Esto es el amor; es la posibilidad de vivir plenamente
el amor de Dios, a la manera de Dios, al estilo de Dios.
Más que la necesidad de tener y poseer,
mis hermanos, el hombre tiene la de dar y de darse. Es lo único
que le permite reproducir a diario la imagen de su Creador y
le permite realizar su ser. “El dominio sobre la naturaleza,
la explotación de lo creado, la conquista científica, la actividad
racional no colma el vacío del hombre” (A.Pronzato, Palabra
de Dios. ciclo b). Lo que realmente llena al hombre y le permite
realizar en plenitud su naturaleza es el EXISTIR CON LOS
OTROS Y A FAVOR DE LOS OTROS. En esto, y sólo en esto, el
ser humano puede alcanzar la verdadera felicidad. Ni siquiera
bastan las acciones o las cosas que podamos hacer por los otros,
no. Porque es, hasta cierto modo, fácil y cómodo hacer o dar;
pero darse es lo que hace a la persona ser imagen de Dios, es
decir ser lo que Dios quiere que sea; y logrando esto es como
podemos estar seguros de la felicidad más profunda, de la felicidad
más perfecta.
Ahora bien, mis queridos hermanos y hermanas,
es esto lo que no quieren ver quienes ven en el matrimonio un
mero contrato legal. Para los que se dicen cristianos y piensan
así, el matrimonio no es la oportunidad de vivir a profundidad
y con toda la intensidad como seres humanos, como hijos de Dios.
No tienen la capacidad de comprometerse, no tienen la capacidad
de amar verdaderamente.
En la perspectiva o proyecto divino,
el matrimonio es desde el origen, como señala Jesús, “UN PROYECTO
DE AMOR, VIDA, ARMONÍA, LUZ, UNIDAD” (Íd.). Dios hizo al hombre
a imagen y semejanza suya, lo cual implica que lo hizo capaz
de amar como Él ama. ¡Nada menos! Y sabemos que el amor de Dios
es eterno, es irrevocable, es definitivo. En Dios no cabe un
“ya no te quiero, ya no te aguanto, ya no te creo, ya no te
soporto, ya no te amo”. Dios es fiel para siempre. “Dios siempre
fiel” es la imagen más bella y cierta que tenemos de Dios en
la Sagrada Escritura, por la cual Él se nos ha dado a conocer,
se nos ha revelado, en todo su misterio.
El divorcio, en tiempos de Jesús, era
un permiso, una tolerancia o concesión de Moisés debido a la
dureza de corazón de los judíos para comprender el proyecto
original de Dios. Y es lo que les recuerda Jesús al responder
tanto a rigoristas, como a liberales frente a esta institución
familiar. “Cuando el hombre, incapaz de insertarse en el plan
de Dios en una dimensión totalizante, opone el propio mezquino
contraproyecto, afloran los egoísmos, los compromisos, las excepciones,
las ficciones, los oportunismos, las opciones de facilidad”
(Íd.). El divorcio no es más que un pretexto para dispensarse
de amar, para no correr la aventura y el riesgo de amar en serio.
Esto es el matrimonio, es la aventura de amar, es el riesgo
de amar enserio. Y sucede porque no se ve al otro como alguien
digno de ser amado, sino como un juguete, un objeto de placer
del cual puedo prescindir cuando me hastía, ¡claro! Cuando ya
estoy cansado, cuando llega la rutina y el enfado, con el permiso
de la ley desde luego, porque no es más que un contrato que
se puede rescindir según las conveniencias y las oportunidades,
o los caprichos de quienes han hecho del placer la cima de una
felicidad engañosa y efímera como su supuesto amor.
Por eso, mis queridos hermanos, es necesario
entender y aceptar que sólo las personas maduras integralmente
pueden casarse, atención, es necesario entender y aceptar que
sólo las personas maduras integralmente pueden casarse. Supone
la capacidad de dar un sí que pueda mantenerse, no gracias a
la sola fuerza de voluntad o a la resistencia que, más temprano
que tarde se acaba. SI EL AMOR ES ETERNO Y PARA SIEMPRE PUESTO
QUE ES LA MISMA ESENCIA DE DIOS, Y EL MATRIMONIO ES LA CELEBRACIÓN
DEL AMOR, mis hermanos, no podemos admitir la posibilidad
de un rompimiento. El matrimonio se funda en la fidelidad de
Dios y es su mejor expresión. Por eso los esposos están llamados
a ser signos vivos, visibles, tangibles del amor de Dios.
Miren, mis queridos hermanos y hermanas,
ante la realidad triste y cada día más frecuente de los divorcios,
aún entre bautizados, no podemos, en nombre de una falsa caridad
decir mentiras, no. La falsa compasión no ayuda en nada. En
esto Jesús es muy claro y contundente. Nosotros nos podemos
manejar una falsa misericordia. Lo que debemos hacer es lo que
hace Jesús: llamar a las cosas por su nombre, por duro que suene
y parezca a la razón: si uno se separa de su mujer y se casa
con otra, comete adulterio contra la primera, y si ella se separa
de su marido y se casa con otro, también comete adulterio.
Mis amados hermanos y hermanas, el mejor
servicio que la Iglesia puede hacer a los divorciados vueltos
a casar es nombrar la situación tal como la llama Jesús, insisto,
aunque duela decirlo. Esto es fidelidad a Dios, que nos habla
por su Hijo, pero también es muestra de caridad hacia nuestros
hermanos, para que sepan la gravedad de su situación frente
al plan de Dios e intenten encontrar la solución adecuada para
volver a la comunión plena con el Creador. Pero debemos también
evitar, atención, mis hermanos, mucha atención debemos de evitar
toda clase de condena hacia los divorciados, puesto que sólo
a Dios le toca juzgar. No tenemos porque juzgar a los divorciados,
estoy exponiendo la doctrina de la Iglesia. El pensamiento de
Dios, el pensamiento de Jesucristo. No tenemos porque juzgar
a los divorciados vueltos a casar. Todos nosotros somos hermanos
y expuestos también a muchas debilidades. No podemos tener dedo
inquisidor, para nadie, de ninguna manera. Sin embargo, los
divorciados vueltos a casar deben saber que, a pesar de su situación,
no están excluidos de la comunidad cristiana y que deben mantenerse
unidas a ella en la medida en que pueden mediante la observancia
del resto de los mandamientos, especialmente el amor sincero
y fiel, así como el servicio a los más necesitados.
Y todavía conviene añadir algo más: otra
cosa sucede con las personas que pese a su voluntad viven divorciadas
sin unirse a otra persona. Debe quedar claro que éstos no pueden
privarse de los bienes sacramentales que la Iglesia les ofrece.
Un divorciado, una divorciada a pesar de su voluntad y sin unirse
a otra persona puede acercarse a los sacramentos, a la comunión
desde luego, claro, no puede probarse de los bienes sacramentales
que la Iglesia ofrece. Lo necesitan mucho precisamente para
resistir a la tentación de adulterio que les acecha constantemente.
Mis amados hermanos y hermanas, quiera
nuestra Muchachita y Celestial Señora, Santa María de Guadalupe
alcanzarnos del Padre la gracia de entender y asimilar este
mandato del Señor Jesús, no nos cabe en la cabeza tal vez, por
eso Jesús, fíjense nos pone el ejemplo del niño inmediatamente.
Quiera la Señora alcanzarnos del Padre la gracia de entender
y asimilar este mandato del Señor Jesús, como lo entenderían
los niños sencillos, que confían totalmente en el Padre Celestial.
Amén.