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Homilía
pronunciada por Mons. Diego Monroy Ponce, Vicario General y Episcopal de Guadalupe y Rector del Santuario en la celebración de la Solemnidad de Todos Santos.

Martes 1 de noviembre del 2005

 

Mis amados hermanos y hermanas, fieles laicos, mis amados hermanos y hermanas de la vida consagrada, muy queridos hermanos en el ministerio Diaconal, Presbiteral, Cabildo de Guadalupe:

¡Aclamen los justos al Señor que merece la alabanza de los buenos! Mis queridos hermanos celebramos hoy la solemnidad de Todos los Santos. Santidad y fiesta forman una unidad en toda celebración de la Iglesia. Santidad y fiesta se convierten en una situación permanente para el hombre de corazón generoso que tiene enraizada su esperanza en el Señor. Un año más celebramos de forma solemne la gloria de nuestros hermanos, que después de vivir como peregrinos en este mundo, gozan de la plenitud de la comunión con Dios en el cielo. Llamamos hoy santos a todos los que a lo largo de historia han cumplido la voluntad de Dios y gozan ahora con Él en el cielo y son innumerables. La inmensa mayoría, de la inmensa mayoría no conocemos su nombre, algunos son Santos o Beatos reconocidos por la Iglesia en su martirologio y propuestos como modelos de vida cristiana, de ellos algunos en comparación pocos, unos centenares, se le rinde culto oficial en la Iglesia Universal o en las Iglesias particulares son los que aparecen en el calendario litúrgico.

Hoy celebramos a todos no solo a los que están en nuestras listas oficiales sino a los que están en las listas  de Dios, que son muchísimos, son nuestros hermanos los mejores hijos de la Iglesia en ellos encontramos ejemplo y ayuda para nuestra debilidad, son esa multitud que contempla San Juan hoy en el libro del Apocalipsis.

Los Santos son personas como nosotros que han tenido las mismas dificultades y que han seguido a cristo viviendo su Evangelio y ahora gozan de la plenitud de la vida en Dios, más aun ahí incluimos a nuestros abuelos, a nuestros padres, a nuestros hermanos, a nuestros amigos, a nuestros conocidos particularmente el día de mañana los haremos presentes en la conmemoración  de los Fieles Difuntos.

Mis amados hermanos este es el motivo de nuestra alegría. Multitud hermanos nuestros participan de la felicidad de Dios, esa felicidad que todos buscamos mientras vivimos peregrinando en este mundo, pero mis amados hermanos ¿Cómo han vivido y que han hecho para que ahora nos sintamos en verdadera comunión con nosotros la Iglesia? Ellos impulsados por el Espíritu del Señor han buscado a Dios con el corazón sincero que es el sentido de la vida y se han dejado encontrar por Dios, por el Dios de Jesucristo, Dios que es amor, ellos han hecho un seguimiento firme, decidido, valiente de Jesucristo y han vivido heroicamente las virtudes cristianas, ellos hechos de barro como nosotros han comprendido el misterio del amor de Dios revelado en Jesucristo y han respondido a su llamamiento con verdadera converción de corazón. Ellos nacidos de nuevo por el agua y el Espíritu a la vida de hijos de Dios han mantenido fija la mirada puesta en áquel que ha dado la vida en la Cruz por todos nosotros. Y se han mantenido firmes en ese amor de Jesucristo el Señor.

Ellos han sabido reconocer el pecado en su vida y pidiendo perdón han creído en la misericordia del Padre y la han acogido. Ellos, los Santos, se han alimentado asiduamente de la palabra de Dios y del Pan de Vida Cuerpo y Sangre de Cristo, ellos han transmitido con fidelidad el don de Dios acogido y vivido en su vida, ellos han agradecido con amor de hijos la maternidad de la Iglesia, ellos han sufrido la gran tribulación sin perder la alegría del corazón y con la esperanza siempre puesta en las en las promesas del Padre cumplidas en Jesucristo, ellos han sabido en la gran tradición del espíritu bíblico decir siempre sí, decir siempre amén, a la voluntad de Dios.

Si algo ansiaban los Santos era poder ver a Dios cara a cara, lo han anhelado, lo han deseado, lo han anticipado por los caminos de la oración, por los caminos de sacramentos, por los caminos de la caridad fraterna, caminos puestos también a nuestra disposición mis amados hermanos. Ellos sintiéndose verdaderamente hijos de Dios supieron vivir una afiliación desde el Espíritu de las bienaventuranzas proclamadas por el Señor Jesús, que hemos proclamado y escuchado en el trozo del Evangelio.

Sí, mis amados hermanos, fueron felices porque en el camino de esta vida hacían el esfuerzo con la gracia de Dios de configurarse cada día más y más a la imagen de nuestro Señor Jesucristo verdadero modelo de santidad y de vida por esto estaban siempre alegres, contentos, felices porque vivían una vida escondida con Cristo en Dios.

Hoy pedimos al Señor que nuestros hermanos ya glorificados intercedan por nosotros que formamos parte de su familia la Iglesia aun peregrina. Que rueguen por nosotros a fin de que también podamos gozar  de la visión de Dios y participar con todos los Santos, de la vida en plenitud, el canto jubiloso de los bienaventurados que hemos escuchado de la Primera Lectura es también el nuestro, la victoria es de nuestro Dios que está sentado en el trono y del cordero Cristo Jesús. Por su número y porque han demostrado que es posible vivir según el Evangelio de Jesús, los Santos son dignos de que celebremos su fiesta y que hoy todo sea una alabanza de Cristo porque ellos son el mejor fruto de la Paz. La visión optimista de Apocalipsis el número simbólico de las 144 mil personas de toda raza y condición de toda nación y edad nos llena de orgullo y estímulo.

Habido  muchas personas buenas que han tomado en serio su fe, que han tomado en serio el Evangelio y su vida cristiana, ellas representan para Cristo su mejor éxito y para nosotros pues un estímulo y una garantia de que sí es posible vivir un estilo de vida de Cristo, un modo de ser. Ser cristianos, mis hermanos, no es un nombre, no es haber sido bautizados nada más remojados, no. Es vivir todo un estilo de vida. Jesucristo nos va marcando la pauta, el camino. Él es el camino, la verdad y la vida.

Los Santos no han sido ángeles y héroes de otro planeta, no mis hermanos, son personas que han vivido este nuestro mundo, en tiempos tan difíciles o tal vez más que los nuestros, vienen de la gran tribulación. Poco ayudados generalmente como nosotros por el ambiente, pero han amado, se han esforzado y han realizado en sus vidas el proyecto de vida de Cristo, este es el esfuerzo, este es el empeño de María+Visión siempre sucitar el seguimiento de Cristo, siempre presentar los proyectos de Cristo para cada uno de nosotros.

Mis amados hermanos la finalidad que tenia nuestro querido Juan Pablo II al beatificar y canonizar a tantos cristianos yo creo que ningún Papa en la historia de la Iglesia a canonizado a tantos cristianos, a beatificado a tantos cristianos, pues miren esto era para que todos podamos alegrarnos de las iglesias locales, porque en todas habido y sigue habiendo personas que han seguido el llamado de Dios a la santidad y han vivido como Cristo, han seguido el estilo de vida de nuestro Señor Jesucristo y de paso proponer a cada comunidad local modelos e intercesores más cercanos; Papas, mártires y religiosas, fundadores, laicos, reyes y sencillas madres de familia, doctores de la Iglesia y humildes legos de un monasterio desconocido, los Santos nos están diciendo cual es el camino. No hace falta mis hermanos que todos hagan milagros, no de ninguna manera, el camino que nos señalan es el de las Bienaventuranzas que proclamó Jesús en el Evangelio la humildad, la apertura a Dios, la pureza de corazón, la actitud de misericordia, el trabajo por la paz  este es el camino.

Los Santos han respondido positivamente al llamamiento del Señor, a la santidad, llamamiento dirigido a todo el mundo, todos somos llamados a la Santidad, es un llamado universal, es como aquella voz  del Padre que dice de Jesús “Este es mi hijo amado, en el yo me complazco, escúchenlo”

Cada uno de nosotros mis queridos hermanos y hermanos hemos sido incorporados a la vida de Cristo por el agua y el Espíritu Santo, somos personas del Espíritu, en los Santos que hoy celebramos el Espíritu ha encontrado camino ancho para hacer posible la santidad que Dios quiere para todos, santidad que hace posible vivir y edificar la Iglesia en comunión, la Iglesia en la que nuestros hermanos que hoy celebramos han sabido encontrar al Santo, Jesús y en la unión con Él y los suyos han dado frutos de obras de caridad.

La Eucaristía que hoy celebramos es verdadera fuente de vida espiritual, en esta se han alimento nuestros Santos y de aquí han edificado y vivido  la Iglesia de comunión escuela de oración y la vida de comunión que han aportado a nuestro mundo la verdadera justicia y paz, el mismo Señor Jesucristo.

Que la Reina de los Santos, nuestra niña Santa María de Guadalupe, interceda por nosotros. Que sasí sea.

 
 
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