CONCLUSIÓN
146. Vivimos en la actualidad una etapa difícil
de nuestra historia: sufrimientos por la crisis internacional, fuerte
carencia de valores humanos y espirituales, angustia existencial de
los jóvenes que no encuentran su identidad ni su misión en el mundo,
hedonismo y odio que corrompen el corazón humano, tanta pobreza e injusticia
social que golpean la dignidad de hermanas y hermanos, todos aquellos
que se han alejado del verdadero Dios, tanto desperdicio de riquezas
y cualidades culturales, personales y sociales, en fin, tantos miedos
para vivir, para compartir, para amar de verdad.
147. Necesitamos la participación de todos para
hacer realidad la construcción del "templo" que pidió Santa
María de Guadalupe, a saber, el templo de nuestra ciudad, de nuestra
nación y de otras naciones. Se trata de alcanzar una identidad que parta
de nuestras conciencias, se construya en medio de nuestras familias,
para que desde ahí sea proclamado el mensaje de nueva vida en Dios,
que Nuestra Señora de Guadalupe ha hecho florecer para el mundo entero.
148. Querido Juan Diego, muéstranos dónde quiere
la Reina del Cielo, nuestra amada Niña, nuestra Madre, nuestra Señora
de Guadalupe que le edifiquemos su templo; en qué corazón, en qué alma,
en qué espíritu debemos ayudar para que se construya la fe, la esperanza
y el amor. Dinos dónde recogiste estas hermosas flores llenas de rocío
matinal, dónde estaban arraigadas, quién las hizo crecer para nosotros,
quién las acarició y las acomodó en tu tilma. Queremos ser esas nuevas
rosas que florezcan en nuestro valle a veces tan frío, tan árido de
civilidad. Queremos asociarnos para que el pincel del Espíritu de Dios
siga dibujando el rostro mestizo y moreno de cada habitante de esta
ciudad, rostro donde resida y crezca el amor. Dinos, querido Juan Diego,
indio diligente y obediente, indio noble y paciente, indio fiel y verdadero,
dónde debemos ir, por cuál sendero debemos caminar, para llevar a este
pueblo delante de santa María de Guadalupe, para que sean escuchados
sus ruegos, sus tristezas, sus llantos, para que sean acariciados por
esas manos cobijadoras de Madre. Condúcenos, amado Juan Diego, ante
la Muchachita Morena del Tepeyac, nuestra Madre amorosa y compasiva,
pues creemos en el mensaje del que fuiste testigo y nos has transmitido
como fiel misionero de Dios. Por ti sabemos que la Reina y Señora nos
ha colocado en su corazón, que estamos bajo su sombra y resguardo, que
es la fuente de nuestra alegría, que estamos en el hueco de su manto,
en el cruce de sus brazos; sabemos y estamos seguros de que es ella
quien nos conduce al verdadero Dios por quien vivimos y somos. Gracias,
Juan Diego, varón santo, felicidad de México, de América y de la Iglesia
entera. Amén.
México, D. F., 26 de febrero de 2002, día en que
el Santo Padre Juan Pablo II ha anunciado oficialmente, en solemne consistorio,
su decisión de viajar a la Ciudad de México para la canonización del
Beato Juan Diego Cuauhtlatoatzin.
+ NORBERTO RIVERA CARRERA
CARDENAL ARZOBISPO PRIMADO DE MEXICO