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Homilía
pronunciada por
el Emmo. Sr. Cardenal Don Norberto Rivera Carrera, Arzobispo Primado de México, en ocasión del 90 Aniversario del Periódico el Universal.

21 de septiembre de 2006

FIESTA DE SAN MATEO, APÓSTOL Y EVANGELISTA.

Nos hemos reunido en la casa de Dios movidos por uno de los sentimientos más nobles y que siempre apreciamos en el ser humano: el sentido de la gratitud, la gratitud que nace de la conciencia de saber que todo es don de Dios: la vida, la salud, la fe, la familia, los amigos, la patria, el trabajo, la profesión, el momento histórico que nos toca vivir, y en fin, para el fiel cristiano todo está en las manos de Dios, nada es casualidad, todo es providencia, es decir, en todo Dios provee, el Señor nos sale al camino y se hace compañero nuestro para que andemos juntos el sendero de la vida.

En este día que la Iglesia celebra la fiesta del apóstol san Mateo, un comunicador de Cristo y su buena noticia, la Gran Familia del Universal, viene a los pies de Nuestra Señora de Guadalupe a dar gracias a Dios por su 90 aniversario, nueve décadas en las que no sólo por medio de sus páginas ha dado cuenta de la vida del país, sino que a través de ellas ha contribuido a la conformación misma de México, brindado a la sociedad el servicio público de la información, de la opinión, de la cultura, los deportes y el entretenimiento.

Pese a que la vertiginosidad de la comunicación cotidiana pareciera hacer efímera a la palabra hablada y escrita, la palabra queda, queda cuando comunica genuinamente, cuando colabora para hacer efectiva la comunidad humana, cuando estrecha los vínculos fraternos, cuando ahonda el conocimiento, cuando su búsqueda está orientada por la verdad, cuando la anima la valentía de la denuncia y la confrontación sana que e s capaz de cuestionar y a cotar los poderes establecidos que, de otra manera, terminarían por destruir y avasallar algo tan precioso y riesgoso como es la libertad humana, una de cuyas expresiones es el bien que ustedes tienen la misión de custodiar: la libertad de expresión, una libertad que conlleva el deber de la verdad y la responsabilidad.

El apóstol Mateo encontró la Verdad, y no se resistió a ella, a la voz de Cristo: "ven y sígueme", dejó su puesto de cobrador de impuestos y siguió a su Maestro de quien aprendió el amor por sus hermanos y la vocación de ser un comunicador, un especie de periodista que nos reportó paso a paso lo que hizo el Señor; sus crónicas aún nos alimentan el espíritu, sus palabras nos dan por entero al Señor, nada amordazó su voz, ningún peligro amedrentó su pluma, y pagó con valentía su amor por la Verdad entregando su vida en el glorioso testimonio del martirio.

A los diez años de que nuestro buen amigo, Presidente y Director General del "Gran Diario de México", Lic. Juan Francisco Ealy Ortiz, fue exhibido desde la cárcel y la persecución su figura se agiganta no sólo porque supo sufrir valientemente la prueba sino porque ha continuado su labor de comunicador sin rencores, sin amarguras y con la alegría y satisfacción de estar sirviendo a México.

Muchas veces el precio de la libertad se tiene que pagar con la vida, y bien vale la pena pagarlo. Cuántos de sus colegas, en los últimos años, han tenido que pagar ese alto y noble precio en el ejercicio de su profesión; a cuantas voces las ha querido callar el crimen organizado, el narcotráfico, la corrupción, los políticos sin escrúpulos que piensan que todo tiene un precio.

Pero siempre habrá un periodista valiente que sabrá honrar su profesión haciendo frente a los poderosos de este mundo con la sola arma de la palabra que se pronuncia con verdad, que se expresa con responsabilidad, que antepone la ética a toda pretensión corruptora o disimuladora. San Pablo, otro gran comunicador escribe sereno desde la cárcel a los cristianos de Éfeso y les recomienda que lleven una vida digna de su ser cristiano.

Los de Cristo deben ser humildes y amables, comprensibles y tolerantes, unidos en el espíritu por el vínculo de la paz y ustedes son esos cristianos cuya profesión se debe caracterizar por la humildad del que tiene el poder de la palabra pero siempre es amable, sobre todo con aquellos que nadie escucha, con los que nadie les da la palabra; a ustedes se les pide una mayor comprensión de todo y de todos porque tienen en sus manos la información, y el que conoce comprende, y el que comprende es capaz de ser tolerante, y sólo en la tolerancia será posible mantener unida a nuestra sociedad, una sociedad que cada día es más plural y que requiere abrirse a la riqueza de la diferencia, a la aventura de la pluralidad que pese a todo no debe perder nunca la unidad.

San Pablo constata con asombro que la comunidad de la Iglesia es plural pero mantiene siempre la unidad: unos son profetas -dice el apóstol- otros evangelizadores y pastores, otros son maestros, y algunos, -diría hoy en día-, periodistas, trabajadores de los medios que están llamados a trabajar por la unidad, que tienen la misión de ayudar a un país herido por la división y el resentimiento a encontrarse y reconciliarse consigo mismo, que están llamados a ejercer una misión profética de denuncia, que tienen la obligación no sólo de informar y divertir sino también educar, y por que no, como Pablo y Mateo tienen el deber bautismal de evangelizar, de llevar en alto la dignidad de creyentes, de no avergonzarse de Cristo, de ser discípulos valientes y honestos capaces de santificarse en su trabajo cotidiano, capaces de trascender las verdades a la única Verdad, Jesucristo, quien es el camino, la verdad y la vida.

La Gran Familia del Universal tiene ante sí una responsabilidad histórica que no puede eludir: construir un México nuevo, un México más justo, un México que madure en su democracia, un México reconciliado que descubra que todos los mexicanos, más allá de la opciones ideológica que profesemos, todos somos hermanos.

Un México que vaya eliminando las escandalosas desigualdades sociales, que destierre el flagelo d el crimen organizado y del narcotráfico, u n México que sane el cáncer de la corrupción y la impunidad, un México que sea más acorde al corazón de Dios, a fin de que algún día alcancemos las dimensiones de Cristo.

Que Dios Nuestro Señor siga bendiciendo abundantemente a esta Gran Familia, y que todos los que la conforman: empresarios, periodistas, administradores, colaboradores, distribuidores y voceadores se sientas confortados y protegidos por el Señor, a fin de seguir realizado esta noble labor del servicio de la palabra escrita, cuyo único fin es forjar un México mejor, un país mas digno que heredarle a las futuras generaciones y a sus hijos.

Que Santa María de Guadalupe, cuyo 475 aniversario de sus apariciones estamos celebrando, los mire y proteja con amor de madre, y junto con los santos Apóstoles Mateo y Pablo interceda a Dios Padre por todos nosotros. Amén.

 
 
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