Nos hemos
reunido en la casa de Dios movidos por uno de los sentimientos
más nobles y que siempre apreciamos en el ser humano:
el sentido de la gratitud, la gratitud que nace de la conciencia
de saber que todo es don de Dios: la vida, la salud, la
fe, la familia, los amigos, la patria, el trabajo, la profesión,
el momento histórico que nos toca vivir, y en fin,
para el fiel cristiano todo está en las manos de
Dios, nada es casualidad, todo es providencia, es decir,
en todo Dios provee, el Señor nos sale al camino
y se hace compañero nuestro para que andemos juntos
el sendero de la vida.
En este día que la
Iglesia celebra la fiesta del apóstol san Mateo,
un comunicador de Cristo y su buena noticia, la Gran Familia
del Universal, viene a los pies de Nuestra Señora
de Guadalupe a dar gracias a Dios por su 90 aniversario,
nueve décadas en las que no sólo por medio
de sus páginas ha dado cuenta de la vida del país,
sino que a través de ellas ha contribuido a la conformación
misma de México, brindado a la sociedad el servicio
público de la información, de la opinión,
de la cultura, los deportes y el entretenimiento.
Pese a que la vertiginosidad
de la comunicación cotidiana pareciera hacer efímera
a la palabra hablada y escrita, la palabra queda, queda
cuando comunica genuinamente, cuando colabora para hacer
efectiva la comunidad humana, cuando estrecha los vínculos
fraternos, cuando ahonda el conocimiento, cuando su búsqueda
está orientada por la verdad, cuando la anima la
valentía de la denuncia y la confrontación
sana que e s capaz de cuestionar y a cotar los poderes establecidos
que, de otra manera, terminarían por destruir y avasallar
algo tan precioso y riesgoso como es la libertad humana,
una de cuyas expresiones es el bien que ustedes tienen la
misión de custodiar: la libertad de expresión,
una libertad que conlleva el deber de la verdad y la responsabilidad.
El apóstol Mateo
encontró la Verdad, y no se resistió a ella,
a la voz de Cristo: "ven y sígueme", dejó
su puesto de cobrador de impuestos y siguió a su
Maestro de quien aprendió el amor por sus hermanos
y la vocación de ser un comunicador, un especie de
periodista que nos reportó paso a paso lo que hizo
el Señor; sus crónicas aún nos alimentan
el espíritu, sus palabras nos dan por entero al Señor,
nada amordazó su voz, ningún peligro amedrentó
su pluma, y pagó con valentía su amor por
la Verdad entregando su vida en el glorioso testimonio del
martirio.
A los diez años de
que nuestro buen amigo, Presidente y Director General del
"Gran Diario de México", Lic. Juan Francisco
Ealy Ortiz, fue exhibido desde la cárcel y la persecución
su figura se agiganta no sólo porque supo sufrir
valientemente la prueba sino porque ha continuado su labor
de comunicador sin rencores, sin amarguras y con la alegría
y satisfacción de estar sirviendo a México.
Muchas veces el precio de
la libertad se tiene que pagar con la vida, y bien vale
la pena pagarlo. Cuántos de sus colegas, en los últimos
años, han tenido que pagar ese alto y noble precio
en el ejercicio de su profesión; a cuantas voces
las ha querido callar el crimen organizado, el narcotráfico,
la corrupción, los políticos sin escrúpulos
que piensan que todo tiene un precio.
Pero siempre habrá
un periodista valiente que sabrá honrar su profesión
haciendo frente a los poderosos de este mundo con la sola
arma de la palabra que se pronuncia con verdad, que se expresa
con responsabilidad, que antepone la ética a toda
pretensión corruptora o disimuladora. San Pablo,
otro gran comunicador escribe sereno desde la cárcel
a los cristianos de Éfeso y les recomienda que lleven
una vida digna de su ser cristiano.
Los de Cristo deben ser
humildes y amables, comprensibles y tolerantes, unidos en
el espíritu por el vínculo de la paz y ustedes
son esos cristianos cuya profesión se debe caracterizar
por la humildad del que tiene el poder de la palabra pero
siempre es amable, sobre todo con aquellos que nadie escucha,
con los que nadie les da la palabra; a ustedes se les pide
una mayor comprensión de todo y de todos porque tienen
en sus manos la información, y el que conoce comprende,
y el que comprende es capaz de ser tolerante, y sólo
en la tolerancia será posible mantener unida a nuestra
sociedad, una sociedad que cada día es más
plural y que requiere abrirse a la riqueza de la diferencia,
a la aventura de la pluralidad que pese a todo no debe perder
nunca la unidad.
San Pablo constata con asombro
que la comunidad de la Iglesia es plural pero mantiene siempre
la unidad: unos son profetas -dice el apóstol- otros
evangelizadores y pastores, otros son maestros, y algunos,
-diría hoy en día-, periodistas, trabajadores
de los medios que están llamados a trabajar por la
unidad, que tienen la misión de ayudar a un país
herido por la división y el resentimiento a encontrarse
y reconciliarse consigo mismo, que están llamados
a ejercer una misión profética de denuncia,
que tienen la obligación no sólo de informar
y divertir sino también educar, y por que no, como
Pablo y Mateo tienen el deber bautismal de evangelizar,
de llevar en alto la dignidad de creyentes, de no avergonzarse
de Cristo, de ser discípulos valientes y honestos
capaces de santificarse en su trabajo cotidiano, capaces
de trascender las verdades a la única Verdad, Jesucristo,
quien es el camino, la verdad y la vida.
La Gran Familia del Universal
tiene ante sí una responsabilidad histórica
que no puede eludir: construir un México nuevo, un
México más justo, un México que madure
en su democracia, un México reconciliado que descubra
que todos los mexicanos, más allá de la opciones
ideológica que profesemos, todos somos hermanos.
Un México que vaya
eliminando las escandalosas desigualdades sociales, que
destierre el flagelo d el crimen organizado y del narcotráfico,
u n México que sane el cáncer de la corrupción
y la impunidad, un México que sea más acorde
al corazón de Dios, a fin de que algún día
alcancemos las dimensiones de Cristo.
Que Dios Nuestro Señor
siga bendiciendo abundantemente a esta Gran Familia, y que
todos los que la conforman: empresarios, periodistas, administradores,
colaboradores, distribuidores y voceadores se sientas confortados
y protegidos por el Señor, a fin de seguir realizado
esta noble labor del servicio de la palabra escrita, cuyo
único fin es forjar un México mejor, un país
mas digno que heredarle a las futuras generaciones y a sus
hijos.
Que Santa María de
Guadalupe, cuyo 475 aniversario de sus apariciones estamos
celebrando, los mire y proteja con amor de madre, y junto
con los santos Apóstoles Mateo y Pablo interceda
a Dios Padre por todos nosotros. Amén.
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