Queridos
hermanos la Palabra de Dios siempre ilumina nuestro caminar
y nos invita a revisar nuestra vida, movidos por la fe buscando
siempre hacer la voluntad de Dios.
Es por eso que esta frase muy fuerte
de parte del Señor Jesús a aquellos que le pedían un milagro,
no hay peor ciego, que el que no quiere ver, y de esta
manera cada uno de nosotros tendríamos que descubrir esta presencia
amorosa de Dios en todo aquello que nos rodea y del mismo universo.
En esta grandiosidad de la Magnificencia
de Dios que se manifiesta en todo el universo, tanto en el nivel
cósmico, como en el microscópico, pero de manera especial
poder reconocer nuestra propia vida como una expresión del Milagro
de Dios.
Cada uno de nosotros deberíamos de
acostumbrarnos a contemplar a Dios y reconocerlo en nosotros
y poder reconocernos como maravilla de Dios porque Él nos ha
creado a imagen y semejanza.
De esta manera, cada uno de nosotros
siempre tendremos la oportunidad de no caer en la tentación,
como ocurrió con Caín, que segada su inteligencia es capaz incluso
de matar a su hermano, él se hace una pregunta, ¿a caso soy
yo el guardián de mi hermano?.
Cuando la pregunta que cada uno de
nosotros nos tendríamos que hacer es definitivamente: ¿la tarea
que Dios me ha dado es la de velar y cuidar del prójimo? Porque
el sentido de nuestra vida, queridos hermanos, está precisamente
en saber estar unidos con Dios y aprender a servir a todos por
igual, superando cualquier diferencia o barrera que los condicionamientos
humanos pudiéramos poner y de esta manera como Abel, saber entregar
y ofrendar nuestra vida a Dios.
La mejor ofrenda que le podemos hacer
no son las cosas materiales, sino es precisamente nuestra propia
vida, aprender a estar unidos con Dios, de esta manera en el
marco del día 12 de febrero en donde decimos que la Virgen de
Guadalupe es precisamente la Virgen María y el primer Sagrario
de Jesucristo.
Cada uno de nosotros tendremos que
aprender a vivir y a fortalecer nuestra unidad con Dios de la
misma manera en que lo hizo la Virgen María contemplando y a
su Hijo y guardando todo en su corazón.
En la Santísima Virgen vamos a encontrar
aquella mujer contemplativa que sabe alegrarse de las maravillas
del Señor; ¡se alegra mi corazón, por que ha visto la pequeñez
de su esclava!. Ella sabe que lleva y porta a Dios.
Queridos hermanos cada uno de nosotros
también a través de nuestro Bautismo somos portadores de Dios
y así como el Señor Jesús ante la confrontación que vive con
aquellos que están a su alrededor y no aceptan el Plan de Dios,
no se queda en la discusión, en el pleito, sino que Él
continúa su obra evangelizadora, también cada uno de nosotros
debemos de saber contemplar en las maravillas de Dios lo que
Él nos pide, y en cada una de las cosas que hacemos, aprender
a no detenernos cuando estamos haciendo el bien.
Lo que le ocurre a Caín, que de repente
se queda admirando a su hermano porque ve que su ofrenda es
agradable a Dios porque es una ofrenda pura, en lugar de aprender
de Él lo que hace es encerrarse en sí mismo, en su egoísmo,
deja de contemplar el Plan de Dios y entonces deja que la envidia,
la ira, el crimen, se anide en su corazón.
Cada uno de nosotros, cuando verdaderamente
nos hacemos custodios y guardianes de nuestros hermanos, entonces
sabremos que lo importante en nuestra vida es servir a Dios
en todo y a nuestros hermanos.
El mismo Señor Jesucristo ha venido
a mostrarnos como la alegría está en el servicio a los demás,
también es en dónde cada uno de nosotros hoy podríamos hacer
una breve reflexión y una integración de esta Palabra de Dios
a través de la Archicofradía de Guadalupe.
Una de las primeras noticias que tenemos
de ella se remonta a 1575, escasos 44 años del Acontecimiento
Guadalupano; una archicofradía que tiene como finalidad el unir
en la fe a sus miembros e integrantes y también con una marcada
acción social, en un tiempo con diferencias entre las diversas
razas y los habitantes de las culturas de este País. Para 1791
se encuentran unos estatutos de esta Archicofradía que resultan
profundamente interesantes, para lo que esta la configuración
de esta Nación Mexicana. A diferencia de otras archicofradías
que eran específicamente para indígenas o para españoles, ésta
dirá: todos son bienvenidos a esta Archicofradía.
De esta manera nos encontramos entonces
que no solamente no se habla y no se dan las divisiones de razas,
sino ni siquiera de manera económica. Ahí estarán hombres tan
importantes como Pedro Romero de Terreros al lado de personajes
tan sencillos y humildes como algunas mujeres de nombre María
Guadalupe, Lucía, mujeres indígenas. Y esto que podemos decir
de este caminar de la Archicofradía de Guadalupe que va acompañando
también a México en su historia, y vivirá la crisis del Siglo
XIX, en donde se da la separación de la Iglesia y el Estado,
la Archicofradía es desaparecida.
Se retoma en el Siglo XX, de manera
especial a partir de 1995 va teniendo un auge nuevo, donde hoy
precisamente ustedes queridos amigos que se integran a ésta,
tienen la oportunidad de vivir este espíritu de fraternidad,
de sentirse hermanos unos con otros, poder sentir la obligación
de orar porque este mundo sea mejor, pero también porque ustedes
alcancen la santidad.
Esta Archicofradía integra a personas
tan importantes como es el Cardenal Norberto Rivera Carrera,
Arzobispo Primado de México quien lo encabeza, también esta
Mons. Diego Monroy Ponce, Vicario Episcopal de Santa María de
Guadalupe, Mons. José Luis Guerrero (vicepostulador de la Causa
de canonización de San Juan Diego), y una infinidad de obispos
y sacerdotes, pero donde los laicos en esta Archicofradía juegan
un papel muy importante, donde personas destacadas como la Doctora
Ana Rita Valero, quien la encabeza en esta dimensión laica y
que se hace presente. De tal manera que en ese continuar
haciendo vida la Palabra de Dios, esta Archicofradía hoy se
engalana con este homenaje que Mons. Felipe Padilla, Obispo
de Tehuantepec, que quiere hacer al formar parte de ella y consagrarse
a la Virgen de Guadalupe con ese espíritu de Pastor de Fray
Juan de Zumarrága, pero al mismo tiempo con ese espíritu de
servidores de San Juan Diego.
De esta manera queridos hermanos, ojalá
cada uno de nosotros podamos saber aprovechar todos estos magníficos
medios que Dios nos va dando para alcanzar la Santidad. Hoy
se integran más de 75 personas, la Archicofradía en cuanto camino
de santidad esta abierta a todos y además quiere hacer vida
lo que hoy hemos escuchado de la Palabra de Dios.
Mientras que Caín se preguntaba ¿a
caso yo soy guardián de mi hermano? La respuesta del creyente
y los que forman parte de esta Archicofradía es precisamente
porque soy guardián de mi hermano, porque he escuchado la Palabra
de Dios, porque sé que tengo un mensaje que compartir, porque
hay una alegría que dar al estilo de San Juan Diego quien tiene
esta experiencia de contemplar y de dialogar con Nuestra Dulce
Señora del Cielo y porque al igual que él cada uno de nosotros
tenemos que compartir la alegría de nuestra fe.
Que Santa María de Guadalupe, primer
Sagrario de Jesucristo sea la que vele por cada una de nuestras
acciones y nos anime para que ya sea a través de la Archicofradía
de Guadalupe o de algún otro medio, cada uno de nosotros busquemos
los único que debe darle sentido a nuestra vida, la mayor Gloria
de Dios y el servicio a los demás. |