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Versión estenográfica de la
Homilía

pronunciada por Mons. Pedro Agustín Rivera, Rector del Templo Expiatorio a Cristo Rey,
en la Celebración en Honor a Santa María de Guadalupe, en la Basílica de Guadalupe.

12 de febrero de 2007

Queridos hermanos la Palabra de Dios siempre ilumina nuestro caminar y nos invita a revisar nuestra vida, movidos por la fe buscando siempre hacer la voluntad de Dios.

Es por eso que esta frase muy fuerte de parte del Señor Jesús a aquellos que le pedían un milagro, no hay peor ciego, que el que no quiere ver, y de esta manera cada uno de nosotros tendríamos que descubrir esta presencia amorosa de Dios en todo aquello que nos rodea y del mismo universo.

En esta grandiosidad de la Magnificencia de Dios que se manifiesta en todo el universo, tanto en el nivel cósmico, como en el microscópico, pero de manera especial poder reconocer nuestra propia vida como una expresión del Milagro de Dios.

Cada uno de nosotros deberíamos de acostumbrarnos a contemplar a Dios y reconocerlo en nosotros y poder reconocernos como maravilla de Dios porque Él nos ha creado a imagen y semejanza.

De esta manera, cada uno de nosotros siempre tendremos la oportunidad de no caer en la tentación, como ocurrió con Caín, que segada su inteligencia es capaz incluso de matar a su hermano, él se hace una pregunta, ¿a caso soy yo el guardián de mi hermano?.

Cuando la pregunta que cada uno de nosotros nos tendríamos que hacer es definitivamente: ¿la tarea que Dios me ha dado es la de velar y cuidar del prójimo? Porque el sentido de nuestra vida, queridos hermanos, está precisamente en saber estar unidos con Dios y aprender a servir a todos por igual, superando cualquier diferencia o barrera que los condicionamientos humanos pudiéramos poner y de esta manera como Abel, saber entregar y ofrendar nuestra vida a Dios.

La mejor ofrenda que le podemos hacer no son las cosas materiales, sino es precisamente nuestra propia vida, aprender a estar unidos con Dios, de esta manera en el marco del día 12 de febrero en donde decimos que la Virgen de Guadalupe es precisamente la Virgen María y el primer Sagrario de Jesucristo.

Cada uno de nosotros tendremos que aprender a vivir y a fortalecer nuestra unidad con Dios de la misma manera en que lo hizo la Virgen María contemplando y a su Hijo y guardando todo en su corazón.

En la Santísima Virgen vamos a encontrar aquella mujer contemplativa que sabe alegrarse de las maravillas del Señor; ¡se alegra mi corazón, por que ha visto la pequeñez de su esclava!. Ella sabe que lleva y porta a Dios.

Queridos hermanos cada uno de nosotros también a través de nuestro Bautismo somos portadores de Dios y así como el Señor Jesús ante la confrontación que vive con aquellos que están a su alrededor y no aceptan el Plan de Dios, no se queda en la discusión, en el pleito, sino que Él continúa su obra evangelizadora, también cada uno de nosotros debemos de saber contemplar en las maravillas de Dios lo que Él nos pide, y en cada una de las cosas que hacemos, aprender a no detenernos cuando estamos haciendo el bien.

Lo que le ocurre a Caín, que de repente se queda admirando a su hermano porque ve que su ofrenda es agradable a Dios porque es una ofrenda pura, en lugar de aprender de Él lo que hace es encerrarse en sí mismo, en su egoísmo, deja de contemplar el Plan de Dios y entonces deja que la envidia, la ira, el crimen, se anide en su corazón.

Cada uno de nosotros, cuando verdaderamente nos hacemos custodios y guardianes de nuestros hermanos, entonces sabremos que lo importante en nuestra vida es servir a Dios en todo y a nuestros hermanos.

El mismo Señor Jesucristo ha venido a mostrarnos como la alegría está en el servicio a los demás, también es en dónde cada uno de nosotros hoy podríamos hacer una breve reflexión y una integración de esta Palabra de Dios a través de la Archicofradía de Guadalupe.

Una de las primeras noticias que tenemos de ella se remonta a 1575, escasos 44 años del Acontecimiento Guadalupano; una archicofradía que tiene como finalidad el unir en la fe a sus miembros e integrantes y también con una marcada acción social, en un tiempo con diferencias entre las diversas razas y los habitantes de las culturas de este País. Para 1791 se encuentran unos estatutos de esta Archicofradía que resultan profundamente interesantes, para lo que esta la configuración de esta Nación Mexicana. A diferencia de otras archicofradías que eran específicamente para indígenas o para españoles, ésta dirá: todos son bienvenidos a esta Archicofradía.

De esta manera nos encontramos entonces que no solamente no se habla y no se dan las divisiones de razas, sino ni siquiera de manera económica. Ahí estarán hombres tan importantes como Pedro Romero de Terreros al lado de personajes tan sencillos y humildes como algunas mujeres de nombre María Guadalupe, Lucía, mujeres indígenas. Y esto que podemos decir de este caminar de la Archicofradía de Guadalupe que va acompañando también a México en su historia, y vivirá la crisis del Siglo XIX, en donde se da la separación de la Iglesia y el Estado, la Archicofradía es desaparecida.

Se retoma en el Siglo XX, de manera especial a partir de 1995 va teniendo un auge nuevo, donde hoy precisamente ustedes queridos amigos que se integran a ésta, tienen la oportunidad de vivir este espíritu de fraternidad, de sentirse hermanos unos con otros, poder sentir la obligación de orar porque este mundo sea mejor, pero también porque ustedes alcancen la santidad.

Esta Archicofradía integra a personas tan importantes como es el Cardenal Norberto Rivera Carrera, Arzobispo Primado de México quien lo encabeza, también esta Mons. Diego Monroy Ponce, Vicario Episcopal de Santa María de Guadalupe, Mons. José Luis Guerrero (vicepostulador de la Causa de canonización de San Juan Diego), y una infinidad de obispos y sacerdotes, pero donde los laicos en esta Archicofradía juegan un papel muy importante, donde personas destacadas como la Doctora Ana Rita Valero, quien la encabeza en esta dimensión laica y que se hace presente. De tal manera que en ese continuar haciendo vida la Palabra de Dios, esta Archicofradía hoy se engalana con este homenaje que Mons. Felipe Padilla, Obispo de Tehuantepec, que quiere hacer al formar parte de ella y consagrarse a la Virgen de Guadalupe con ese espíritu de Pastor de Fray Juan de Zumarrága, pero al mismo tiempo con ese espíritu de servidores de San Juan Diego.

De esta manera queridos hermanos, ojalá cada uno de nosotros podamos saber aprovechar todos estos magníficos medios que Dios nos va dando para alcanzar la Santidad. Hoy se integran más de 75 personas, la Archicofradía en cuanto camino de santidad esta abierta a todos y además quiere hacer vida lo que hoy hemos escuchado de la Palabra de Dios.

Mientras que Caín se preguntaba ¿a caso yo soy guardián de mi hermano? La respuesta del creyente y los que forman parte de esta Archicofradía es precisamente porque soy guardián de mi hermano, porque he escuchado la Palabra de Dios, porque sé que tengo un mensaje que compartir, porque hay una alegría que dar al estilo de San Juan Diego quien tiene esta experiencia de contemplar y de dialogar con Nuestra Dulce Señora del Cielo y porque al igual que él cada uno de nosotros tenemos que compartir la alegría de nuestra fe.

Que Santa María de Guadalupe, primer Sagrario de Jesucristo sea la que vele por cada una de nuestras acciones y nos anime para que ya sea a través de la Archicofradía de Guadalupe o de algún otro medio, cada uno de nosotros busquemos los único que debe darle sentido a nuestra vida, la mayor Gloria de Dios y el servicio a los demás.

 
 
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