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Versión estenográfica de la
Homilía

pronunciada por Mons. Felipe Arizmendi Esquivel,
Obispo de San Cristóbal de las Casas, Chiapas, en la Peregrinación de la Asamblea Indígena, en la Basílica de Guadalupe.

24 de enero de 2007

Estamos celebrando una misa con diversos grupos indígenas del país. Estamos realizando una Asamblea Nacional de Pastoral Indígena que se formó de la Conferencia del Episcopado Mexicano y por eso varias de las lecturas, de los textos, de los cantos los hacemos en diferentes idiomas de los participantes.

Hemos escuchado en este Evangelio como Jesús compara su servicio de predicar la Palabra de Dios a la siembra. Y así, cuando se siembra el maíz, el fríjol u otras semillas hay algunos granos que se pierden totalmente, otros empiezan a crecer pero no dan fruto y otros sí dan fruto.

Esto nos hace ver como Dios es la mejor semilla, Dios es la Palabra, Él es la Palabra, la semilla que Dios Padre nos envía.  Dios de muchas maneras nos habla en la naturaleza, en los acontecimientos, en los tiempos, en las culturas; las pasadas y las presentes. Dios habla de muchas maneras.

Jesús es la Palabra por excelencia, la Palabra. Pero Él mismo, al encarnarse quiso usar una lengua, un idioma, una cultura, en este caso la judía y la lengua que Él utilizaba era el arameo, aunque para Dios no hay una sola lengua la cual haya que hablar. Un tiempo privilegiamos mucho el latín, porque se había impuesto, pero Jesús no habló el latín. Los apóstoles cuando empezaron a ir a varias partes, hablaban según en los diferentes lugares un tiempo el griego que era el que se imponía, mas con el tiempo fue el latín, pero todos los pueblos tienen derecho a escuchar la Palabra de Dios en su propio idioma. Y es lo que la Virgen María nos enseña, ella es discípula de la Palabra, escucha la Palabra, dice: He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu Palabra. Pero ella cuando habla aquí con Juan Diego lo hace en el idioma que Juan Diego entiende: el náhuatl; no le habla en hebreo, en arameo, mucho menos en otros idiomas, sino en el náhuatl.

¿Qué significa esto para nosotros? Todos los pueblos del mundo y los pueblos indígenas tienen derecho a que les llegue la Palabra de Dios contenida en la Sagrada Escritura en su propio idioma. Dios de muchas maneras les ha hablado, Dios ha sembrado su Palabra de muchas maneras en estos pueblos, como decía el Papa Juan Pablo II, aún desde antes de que llegarán los misioneros Dios ya estaba presente aquí en su pueblo, ha hablado de muchas maneras, lo dice la Carta a los Hebreos. Entonces Dios ya había hablado también nuestros pueblos, pero nos llega la Palabra, el Verbo de Dios, Jesucristo y lo que tenemos en la Sagrada Escritura. Y repito, estos pueblos tienen derecho a que se escuche la Palabra de Dios en su propio idioma.

Ojalá tengamos cada día más laicos, laicas, religiosos y religiosas, más sacerdotes, más obispos que promovamos más estos idiomas y siguiendo el ejemplo de la Virgen María y de Jesucristo, que se encarnan en una cultura muy concreta lo cual incluye también un idioma. Por eso no se extrañen los que nos están en nuestra asamblea de que también se proclame la Palabra en otros idiomas. El padre que leyó antes de que se leyera en español, él hablo en totonaco, el sacerdote que leyó después en español él es tzotzil. En los distintos idiomas Dios quiere hablar a su pueblo, lo que a Dios le importa es hablar a su pueblo.

Hermanas y hermanos, nosotros escuchamos la Palabra de Dios, estamos abiertos como un terreno bien preparado para que la Palabra de Dios se siembre, crezca y de fruto abundante o quizá muchos tienen Biblia en su casa pero no la leen o vienen a misa los domingos, y si yo les pregunto ¿de que trato el Evangelio del domingo pasado? ya no se acuerdan, a lo mejor la Palabra de Dios se nos va. ¿Qué tanta fuerza le damos a la Palabra de Dios para que se siembre, para que vaya creciendo y fructificando en nosotros? Ojalá que nos convirtamos también en comunicadores de la Palabra de Dios a los demás en la familia empezando con los niños, con los vecinos, con otras personas a veces  algunos católicos dicen ¡cómo saben de Biblia los protestantes!  Pues, sí, si saben porque se dedican a ello, no porque sean más inteligentes que tú, le dedican tiempo a la Palabra de Dios. También hay católicos que sí le dedican tiempo, si le dedicamos tiempo sabremos igual o más que cualquiera de ellos, entonces ¿Qué lugar le damos a la Palabra de Dios?

En los pueblos indígenas llama mucho la atención cuanto cariño le tienen a la Palabra de Dios, cuanto cariño, por eso el incienso, las flores, las velas, las procesiones, la meditación de la Palabra de Dios, se pasan horas y horas reflexionando en la Palabra de Dios. Ojalá que no se pierda esto, sino que al contrario se acreciente, porque ya muchos jóvenes de hoy de las poblaciones indígenas ya están copiando lo negativo del medio ambiente y se pasan las horas en las discotecas, se pasan las horas viendo televisión o videos y a la Palabra de Dios ya no le están dando la importancia que sus propios padres, que sus pueblos le dan a la Palabra de Dios.

Por otra parte, esta Palabra de Dios, decíamos en la Primera Lectura, tomada de la Carta a los Hebreos y en el Salmo, es Jesús la Palabra eterna del Padre es nuestro sumo y eterno sacerdote y Él se ofreció por nosotros y en la misa renovamos su ofrecimiento de la cruz. Toda su vida Él se ofreció, se entregó, es nuestro sumo sacerdote porque podemos acudir a Él con toda confianza, Él se sigue ofreciendo por nosotros, principalmente en la Eucaristía. ¡Cómo necesitamos a este sumo y eterno sacerdote, que nos comprende, que está cerca, que nos escucha, que nos salva, que nos redime, que nos impulsa!

Ayer dentro de la asamblea se veía la situación de los pueblos indígenas y  que hacemos o no hacemos como Iglesia con ellos y por ellos. Y veíamos con mucha preocupación, el problema como decían algunos de ellos, los productos del campo no valen y lo que hay que comprar en las tiendas cada día vale más. Su propio maíz no vale y ahora la tortilla vale mucho más y algunos están sufriendo por eso. La migración, los graves problemas que trae la migración que se desmembra la familia, se desmembra las culturas, los jóvenes ya llegan con otras culturas totalmente distintas y ya no quieren saber nada de sus pueblos y se van perdiendo muchas culturas. Los problemas de la salud, cuantas cosas se decían ayer también, de los problemas que tienen nuestros pueblos, al mismo tiempo se decían y se quejaban de cómo varios sacerdotes a veces no comprendemos totalmente su cultura y se desprecian sus signos, sus símbolos, sus mitos, sus ritos, sus celebraciones. Como necesitamos al sumo sacerdote, Jesucristo que nos comprende, nos ayuda, nos fortalece, nos levanta, nos sostiene, nos impulsa, nos consuela, nos sana, nos perdona, nos resucita. Acerquémonos siempre a Jesús, aún en medio de los problemas más graves, aún en medio de las situaciones más difíciles creemos en Cristo y Él nos levanta y Él nos sostiene, acerquemos siempre a Él, en Él encontramos la fuerza para seguir adelante.

Cuando vienen incluso las enfermedades, cuando vienen los problemas económicos, para todos no solamente para los pueblos indígenas, acudimos a Él  y a la Santísima Virgen María, porque sabemos que ellos nos comprenden y que están cerca, como decía la Virgen a Juan Diego: ¿Qué no estoy yo aquí que soy tu Madre?, ¿Por qué tantas preocupaciones?. Acerquémonos a la Virgen María y a Jesucristo, ellos, repito, nos comprenden, nos ayudan. Cuando vienen las enfermedades, cuando viene incluso la muerte de un ser querido. Ellos nos comprenden, ellos están cerca de nosotros. En Cristo tenemos este sumo sacerdote que se ha ofrecido una sola vez y en la Eucaristía celebramos ese ofrecimiento eterno de Cristo.

Acerquemos a Jesús presente en la Eucaristía. La Virgen María nos quiere regalar a Jesús, por eso nos trae a Jesús, nos acerca a Jesús, porque en Jesús encontramos la luz, el camino, la vida, el alimento, la paz, el perdón, la salvación, acerquémonos confiadamente a Él.

Así sea.

 
 
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