Estamos
celebrando una misa con diversos grupos indígenas del país.
Estamos realizando una Asamblea Nacional de Pastoral Indígena
que se formó de la Conferencia del Episcopado Mexicano y por
eso varias de las lecturas, de los textos, de los cantos los
hacemos en diferentes idiomas de los participantes.
Hemos escuchado en este Evangelio como Jesús compara su servicio
de predicar la Palabra de Dios a la siembra. Y así, cuando se
siembra el maíz, el fríjol u otras semillas hay algunos granos
que se pierden totalmente, otros empiezan a crecer pero no dan
fruto y otros sí dan fruto.
Esto nos hace ver como Dios es la mejor semilla, Dios es la
Palabra, Él es la Palabra, la semilla que Dios Padre nos envía.
Dios de muchas maneras nos habla en la naturaleza, en los acontecimientos,
en los tiempos, en las culturas; las pasadas y las presentes.
Dios habla de muchas maneras.
Jesús es la Palabra por excelencia, la Palabra. Pero Él mismo,
al encarnarse quiso usar una lengua, un idioma, una cultura,
en este caso la judía y la lengua que Él utilizaba era el arameo,
aunque para Dios no hay una sola lengua la cual haya que hablar.
Un tiempo privilegiamos mucho el latín, porque se había impuesto,
pero Jesús no habló el latín. Los apóstoles cuando empezaron
a ir a varias partes, hablaban según en los diferentes lugares
un tiempo el griego que era el que se imponía, mas con el tiempo
fue el latín, pero todos los pueblos tienen derecho a escuchar
la Palabra de Dios en su propio idioma. Y es lo que la Virgen
María nos enseña, ella es discípula de la Palabra, escucha la
Palabra, dice: He aquí la esclava del Señor, hágase en mí
según tu Palabra. Pero ella cuando habla aquí con Juan Diego
lo hace en el idioma que Juan Diego entiende: el náhuatl; no
le habla en hebreo, en arameo, mucho menos en otros idiomas,
sino en el náhuatl.
¿Qué significa esto para nosotros? Todos los pueblos del mundo
y los pueblos indígenas tienen derecho a que les llegue la Palabra
de Dios contenida en la Sagrada Escritura en su propio idioma.
Dios de muchas maneras les ha hablado, Dios ha sembrado su Palabra
de muchas maneras en estos pueblos, como decía el Papa Juan
Pablo II, aún desde antes de que llegarán los misioneros Dios
ya estaba presente aquí en su pueblo, ha hablado de muchas maneras,
lo dice la Carta a los Hebreos. Entonces Dios ya había hablado
también nuestros pueblos, pero nos llega la Palabra, el Verbo
de Dios, Jesucristo y lo que tenemos en la Sagrada Escritura.
Y repito, estos pueblos tienen derecho a que se escuche la Palabra
de Dios en su propio idioma.
Ojalá tengamos cada día más laicos, laicas, religiosos y religiosas,
más sacerdotes, más obispos que promovamos más estos idiomas
y siguiendo el ejemplo de la Virgen María y de Jesucristo, que
se encarnan en una cultura muy concreta lo cual incluye también
un idioma. Por eso no se extrañen los que nos están en nuestra
asamblea de que también se proclame la Palabra en otros idiomas.
El padre que leyó antes de que se leyera en español, él hablo
en totonaco, el sacerdote que leyó después en español él es
tzotzil. En los distintos idiomas Dios quiere hablar a su pueblo,
lo que a Dios le importa es hablar a su pueblo.
Hermanas y hermanos, nosotros escuchamos la Palabra de Dios,
estamos abiertos como un terreno bien preparado para que la
Palabra de Dios se siembre, crezca y de fruto abundante o quizá
muchos tienen Biblia en su casa pero no la leen o vienen a misa
los domingos, y si yo les pregunto ¿de que trato el Evangelio
del domingo pasado? ya no se acuerdan, a lo mejor la Palabra
de Dios se nos va. ¿Qué tanta fuerza le damos a la Palabra de
Dios para que se siembre, para que vaya creciendo y fructificando
en nosotros? Ojalá que nos convirtamos también en comunicadores
de la Palabra de Dios a los demás en la familia empezando con
los niños, con los vecinos, con otras personas a veces algunos
católicos dicen ¡cómo saben de Biblia los protestantes! Pues,
sí, si saben porque se dedican a ello, no porque sean más inteligentes
que tú, le dedican tiempo a la Palabra de Dios. También hay
católicos que sí le dedican tiempo, si le dedicamos tiempo sabremos
igual o más que cualquiera de ellos, entonces ¿Qué lugar le
damos a la Palabra de Dios?
En los pueblos indígenas llama mucho la atención cuanto cariño
le tienen a la Palabra de Dios, cuanto cariño, por eso el incienso,
las flores, las velas, las procesiones, la meditación de la
Palabra de Dios, se pasan horas y horas reflexionando en la
Palabra de Dios. Ojalá que no se pierda esto, sino que al contrario
se acreciente, porque ya muchos jóvenes de hoy de las poblaciones
indígenas ya están copiando lo negativo del medio ambiente y
se pasan las horas en las discotecas, se pasan las horas viendo
televisión o videos y a la Palabra de Dios ya no le están dando
la importancia que sus propios padres, que sus pueblos le dan
a la Palabra de Dios.
Por otra parte, esta Palabra de Dios, decíamos en la Primera
Lectura, tomada de la Carta a los Hebreos y en el Salmo, es
Jesús la Palabra eterna del Padre es nuestro sumo y eterno sacerdote
y Él se ofreció por nosotros y en la misa renovamos su ofrecimiento
de la cruz. Toda su vida Él se ofreció, se entregó, es nuestro
sumo sacerdote porque podemos acudir a Él con toda confianza,
Él se sigue ofreciendo por nosotros, principalmente en la Eucaristía.
¡Cómo necesitamos a este sumo y eterno sacerdote, que nos comprende,
que está cerca, que nos escucha, que nos salva, que nos redime,
que nos impulsa!
Ayer dentro de la asamblea se veía la situación de los pueblos
indígenas y que hacemos o no hacemos como Iglesia con ellos
y por ellos. Y veíamos con mucha preocupación, el problema como
decían algunos de ellos, los productos del campo no valen y
lo que hay que comprar en las tiendas cada día vale más. Su
propio maíz no vale y ahora la tortilla vale mucho más y algunos
están sufriendo por eso. La migración, los graves problemas
que trae la migración que se desmembra la familia, se desmembra
las culturas, los jóvenes ya llegan con otras culturas totalmente
distintas y ya no quieren saber nada de sus pueblos y se van
perdiendo muchas culturas. Los problemas de la salud, cuantas
cosas se decían ayer también, de los problemas que tienen nuestros
pueblos, al mismo tiempo se decían y se quejaban de cómo varios
sacerdotes a veces no comprendemos totalmente su cultura y se
desprecian sus signos, sus símbolos, sus mitos, sus ritos, sus
celebraciones. Como necesitamos al sumo sacerdote, Jesucristo
que nos comprende, nos ayuda, nos fortalece, nos levanta, nos
sostiene, nos impulsa, nos consuela, nos sana, nos perdona,
nos resucita. Acerquémonos siempre a Jesús, aún en medio de
los problemas más graves, aún en medio de las situaciones más
difíciles creemos en Cristo y Él nos levanta y Él nos sostiene,
acerquemos siempre a Él, en Él encontramos la fuerza para seguir
adelante.
Cuando vienen incluso las enfermedades, cuando vienen los problemas
económicos, para todos no solamente para los pueblos indígenas,
acudimos a Él y a la Santísima Virgen María, porque sabemos
que ellos nos comprenden y que están cerca, como decía la Virgen
a Juan Diego: ¿Qué no estoy yo aquí que soy tu Madre?, ¿Por
qué tantas preocupaciones?. Acerquémonos a la Virgen María
y a Jesucristo, ellos, repito, nos comprenden, nos ayudan. Cuando
vienen las enfermedades, cuando viene incluso la muerte de un
ser querido. Ellos nos comprenden, ellos están cerca de nosotros.
En Cristo tenemos este sumo sacerdote que se ha ofrecido una
sola vez y en la Eucaristía celebramos ese ofrecimiento eterno
de Cristo.
Acerquemos a Jesús presente en la Eucaristía. La Virgen María
nos quiere regalar a Jesús, por eso nos trae a Jesús, nos acerca
a Jesús, porque en Jesús encontramos la luz, el camino, la vida,
el alimento, la paz, el perdón, la salvación, acerquémonos confiadamente
a Él.
Así sea. |
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