Es un honor para su servidor, como
indigno sucesor de san Juan Diego Cuauhtlatoatzin, darle la
bienvenida al señor Arzobispo Alberto Suárez Inda, digno sucesor de nuestro amado Tata vasco,
darle la bienvenida a los hermanos sacerdotes, religiosas, peregrinos
de a pie, los que han venido en autobús, en camiones y camionetas
de apoyo, los que llegan en bicicleta, a nuestros hermanos de
las comunidades purépechas, a las diez regiones de pastoral
de esta Arquidiócesis de México.
Bienvenidos a la casita de nuestra
Niña y Madrecita Santa María de Guadalupe, es edificante el
testimonio que ustedes nos dan al llegar a esta casita de manera
organizada, motivados, evangelizados, catequizados, contemplando
a lo largo de su peregrinar aquella Señora dulce y Madre nuestra
que el mismo Jesús, Señor y Cristo nos ha entregado. Al contemplarla
en este caminar como la discípula y misionera perfecta, quien
nos motiva y nos anima adherirnos profundamente al Señor Jesús,
y quien nos recibe hoy en su casita, para decirnos; que hagamos
siempre lo que su Hijo nos pida.
En el corazón de esta dulce Señora,
ponemos a toda esta amada Arquidiócesis de Morelia, sus inquietudes,
sus preocupaciones pastorales, a sus pastores, a sus sacerdotes,
religiosas y a todo el pueblo que peregrina en esta arquidiócesis.
Que la Señora del cielo los tenga,
pues, siempre en su mirada compasiva y que todos sean santos
como nuestro querido san Juan Diego Cuauhtlatoatzin.
Bienvenidos todos. |
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