Postrados
a tus pies y fortalecidos con el ardor de la fe hemos venido
a suplicarte, que tu que has estrechado en tus brazos con singular
ternura, como cuna del Señor de la vida, que comenzó
a vivir en tus entrañas y a dar sentido a la humanidad,
bajo el fuego de esperanza, que mana de tu sonrisa, nos enseñes
a proclamar la Buena Nueva de la familia y de la vida.
Tu eres la primera evangelizadora del hogar de Nazareth que
había anunciado con premura a Isabel en Ain-Karin y
que nos regalaste a tu Hijo como el Don más excelso
en la noche de estrellas y de cantos del portal de Belén,
has que las familias aprendan con la serena y gozosa entrega
de las madres, a proclamar las maravillas del amor de Dios.
Esto se hace realidad en todas las madres que se prodigan
por sus hijos y hacen emergen la conciencia moral en el diálogo
con sus hijos aun antes del parto, y que los exhiben como
el más apreciable tesoro y trofeo.
Cual Arca de la Alianza de Jesús, muestra la decidida
acogida de tu fiat "hágase en mi, según
tu palabra" que sella la convergencia hacía
el Salvador del universo entero, renovado cada vez, que el
esplendor de la vida es acogido y las insidias del tentador
y de la muerte caen vencidos, cual la serpiente bajo tus pies.
Tu amor siempre creciente y renovado a medida que se desvelaba
el misterio conservado en tu corazón, fue la salvación
de quien nos dió la vida, como fortaleza contra riesgos,
amenazas, incomprensiones que perpetran la masacre de los
inocentes.
Experimentase el dolor de la huida a Egipto, la infinita inocencia
del Verbo Hecho Carne que es un grito de esperanza que resonó
también en el calvario y un clamor de defensa sin límites
para todos los hijos que prolongan el amanecer de la creación.
El mundo, encorvado por el pecado y el odio, se levanta ante
el perdón que redime y recrea, incluso ante quienes
fueron conspiradores de violencia y muerte tras la reconciliación
que se otorga por los medios indicados por la Iglesia.
Repleta de fortaleza a tantos que dicen Sí a la vida,
también en este Congreso que pedimos bendigas.
Tantos hijos salvados de la iniquidad confundida como derecho,
son un jardín en donde la vida, la dignidad y la verdadera
libertad despuntan.