Muy queridos amigos y amigas que han querido unir
sus oraciones hoy que se cumplen nueve días de la muerte de mi madre.
¡Muchas gracias por estar aquí! Gracias a mis hermanas de Vida Consagrada,
que quieren acompañarnos en la misma fe, en la misma esperanza.
Agradezco de todo corazón a mis hermanos sacerdotes, presbíteros
y obispos, que de diversas maneras me han mostrado su cercanía;
me han mostrado con palabras y con hechos ese amor que tienen por
su pastor. ¡Muchas gracias!
San Pablo a la Carta a los Gálatas con argumentos
profundos nos explica: que la justificación no nos viene por
las obras, sino que nos viene por la fe. Y al final de su carta,
de una manera muy sencilla como lo acabamos de escuchar, con un
ejemplo nos hace ver la novedad a la que fuimos llamados. La novedad
de la libertad: no somos hijos de la ley, no estamos bajo la ley,
somos hijos de la Nueva Alianza y por lo tanto la justificación
nos viene por la fe. Por la fe en Jesucristo, no por las obras.
Y ese es el motivo por el cual nosotros en torno a un altar ponemos
todas nuestras plegarías de oraciones, no son nuestros méritos,
no recomendamos a mi mamá por sus obras, sino que venimos a encomendarla
a la misericordia de Dios sabiendo que la vida eterna, la felicidad
completa, el cielo que esperamos todos nosotros finalmente y en
primer lugar es un don, es un regalo. Pero junto con eso siempre
se nos pide una respuesta para vivir en la libertad. Tenemos que
tener en el centro de nuestra vida al Hombre más libre que ha existido
ante la ley, ante el templo, ante las tradiciones, ante las autoridades,
ante sus contemporáneos humildes o poderosos. Jesús siempre se mostró
libre y Él con toda claridad así se nos presenta poniendo esas comparaciones.
Jonás predicó a los ninivitas
se convirtieron. La Reina de Saba o del Sur vino a visitar a Salomón
y quedó admirada: aquí hay alguien que es más que Jonás, alguien
que es más que Salomón. Cristo Jesús se nos muestra como el verdadero
camino de la vida, como el camino que nos conduce al Padre; como
el hombre libre; que sabe caminar por esta vida y llegar a una auténtica
felicidad. A esa felicidad que, sí, es regalo de Dios, pero siempre
está esperando de nosotros una respuesta, una conversión, un enderezar
el camino. Porque todos nosotros somos frágiles, somos débiles,
fácilmente desviamos el camino y necesitamos continuamente mirar
el rostro de Jesús. Seguir las pisadas que Aquel que vino y se hizo
como uno de nosotros Cristo Jesús. Él es el camino para llegar al
Padre.
Nosotros esta tarde nos sentimos
felices, gozosos porque a todos el Señor nos ofrece esa felicidad,
esa vida eterna, que tiene que comenzar aquí en esta vida. Pero,
también, a todos nosotros nos pide que sigamos sus pasos. A todos
nosotros nos pide ese camino de conversión que nunca termina. Ese
camino de conversión que tiene que abarcar todos los aspectos de
nuestra vida y no solamente un aspecto que podría ser el piadoso
o podría ser el de la oración, sino esa vida, que tiene tantas dimensiones,
continuamente la tenemos que revisar para ver si vamos por el camino
de la felicidad, por el camino de la libertad, por el camino que
nos enseñó Jesús. Él ha ido al Padre a prepararnos un lugar y nosotros
creemos totalmente en Él. Pero en el trajín de los días muchas veces
perdemos esa perspectiva de los bienes definitivos, continuamente
tenemos que estar renovando, que aquí estamos de paso, que vamos
hacia la felicidad completa. Que así solamente son unos días los
que vivimos por muchos años que sean. Nuestra estancia en este mundo
es breve, necesitamos nunca perder de vista esos bienes definitivos
a los cuales el Señor nos llama.
El día de ayer celebrábamos
tres aniversarios importantes para nosotros: El aniversario del
inicio de la evangelización. El aniversario de la coronación de
nuestra Señora de Guadalupe y XXXII años de que se construyó esta
Basílica y fue trasladada la Sagrada Imagen a esta nueva casita
en la que nos reunimos.
Para su servidor y creo que
para todos ustedes es un gozo siempre venir al regazo de la Madre,
estar con Ella, consolarnos con Ella. Ella siempre está atenta a
nuestro caminar, pero sobretodo, está atenta a nuestras aflicciones
y dolores, a todo aquello que nos aflige. Ella vino a mostrarnos
al verdadero Dios por quien se vive y quiere que estemos siempre
recibiéndolo, aceptándolo en nuestra vida, siguiendo sus pasos.
Ella lo vino a mostrar y nosotros estamos aquí en su regazo sabiendo
que estamos con Cristo.