Versión
estenográfica de la
Homilía
pronunciada por el Nuncio Apostólico en México,
S.E.R. Mons. Christophe Pierre, en ocasión del III Aniversario de Inicio del Pontificado de
S. S. Benedicto XVI, en la Basílica de Guadalupe.
24
de abril de 2008
Hermanos obispos y sacerdotes, hermanos, todos,
en Cristo. Esta noche celebramos 3 años de la vida del Ministerio Petrino
de Benedicto XVI. Hace 3 años el Papa fue elegido. Ya podemos contemplar
3 años de ministerio, de servicio a la Iglesia, para ayudar a la Iglesia
a vivir en la unidad, hacer esta misión de discernimiento. Este encuentro
del sucesor de Pedro con sus hermanos y con todos sus cristianos como
lo hemos visto hace algunos días, en los Estados Unidos.
El milagro del encuentro cuando todos se ponen
en la escucha de la voz de Dios. Esa voz de Dios que siempre nos habla
a través de la Iglesia, sacramento de su presencia en nuestra humanidad.
Agradecemos el don de este Papa y pedimos al Señor que lo acompañe en
sus caminos. De hecho, hace un año, el mismo Pontífice se encontró con
los Obispos de América Latina, en Aparecida, y también ese momento fue
un momento fuerte de discernimiento para reconocer el camino del Señor
en nuestros tiempos, en nuestros contextos.
La liturgia nos ayuda a comprender este misterio con esta primera
lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles; momento esencial,
momento fundamental en la vida de la Iglesia. Ahí encontramos, en Jerusalén
a los tres discípulos: Pedro, Pablo y Santiago escuchando uno al otro
en un momento fundamental de discernimiento, para ayudar a la evangelización,
a la propagación del Evangelio en una cultura particular. Qué momento
tan interesante; qué momento fundamental para la historia de nuestra
Iglesia; es un momento que nos ayuda a comprender, todos los otros momentos
en los cuales participamos. Se trataba de conservar una tradición, pero
de ayudar a basar esa tradición en un contexto nuevo. El momento fue
difícil, conocemos las resistencias de Pedro, conocemos también la insistencia
de Pablo los dos dialogan con fuerza, con diligencia y encuentran una
solución. La solución no es un compromiso, la solución es la necesidad
de anunciar el Evangelio y de hacerlo llegar a todos es la idea de evangelización
y de misión.
Sabemos que el problema que los obispos de América Latina trataron
en Aparecida es precisamente esto: un cambio de cultura; una transformación
muy profunda de la sociedad; la dificultad que todos experimentamos
para poder transmitir la fe en su originalidad y pureza a las generaciones
de hoy; la dificultad de la transmisión de la fe en una cultura que
vive muchas rupturas. Los obispos de Aparecida lo determinaron con mucha
precisión, siempre inspirados por el Espíritu Santo, y el Santo Padre
vino, también, a confirmar a sus hermanos y participar en ese discernimiento,
en ese diálogo.
Ustedes se reunieron, yo no participé pero me dijeron que es
un taller sobre la parroquia, de hecho para que las magnificas ideas
de Aparecida puedan encarnarse en una realidad hay que determinar el
lugar principal de su actuación y me parece que la parroquia es ese
lugar principal.
Entonces estoy seguro que, ustedes, pensaron que todo el dinamismo
de Aparecida debe realizarse y actuarse dentro de la parroquia donde
todos nosotros nos encontramos. A mí gusta mucho un capítulo del documento
final de Aparecida que nos enumera los varios aspectos del proceso de
formación de los discípulos misioneros. De hecho los obispos, ustedes,
determinaron que en ese tiempo hacia falta para todos nosotros, miembros
de la Iglesia, ser más concientes de lo que es ser cristiano para poder
precisamente vivir nuestra fe, celebrarla, anunciarla en un contexto
más difícil, menos tradicional. Y entonces el punto fundamental es el
Encuentro con Cristo. De hecho me parece que el papel principal de una
parroquia es el de favorecer un encuentro con Cristo que sea una verdadera
experiencia de Cristo vivido de una comunidad.
Todos nosotros tenemos que experimentar, oír esta voz del Señor
que nos llama y nos dice: “Sígueme”. Tenemos que, como nos dice
magníficamente este documento, descubrir el sentido más hondo de la
búsqueda en una parroquia. Tenemos que vivir esta búsqueda de modo de
propiciar un encuentro con Cristo que da origen a la identidad cristiana.
Entonces lugar de encuentro con Cristo,
Visitando por las varias diócesis y parroquias de este país,
en México, y descubrí la importancia de la vida de oración en particular
de la vida de adoración en las diócesis, en las parroquias; como un
lugar excepcional de encuentro con Cristo, encuentro personal y encuentro
comunitario.
Ese encuentro con Cristo nos lleva y también es un encuentro
importante a la conversión, cambiar nuestra vida. La respuesta inicial
de que han escuchado al Señor con admiración, cree en Él por la acción
de Espíritu, se decide a ser su amigo, ir tras de Él, cambia su vida.
Entonces el segundo momento que tenemos que favorecer es también
esta conversión para poder ayudarnos a ser discípulos. La palabra discípulos,
ahora es parte de nuestra cultura eclesial; hay que comprenderlo, hay
que vivirlo y todo el proceso de formación que se va a hacer principalmente
dentro del contexto de la parroquia es una educación a este discipulado.
Pero todo eso se vive dentro de un contexto de comunión, de
hecho todos lo sabemos, no puede haber vida cristiana sino en comunidad.
El documento, nos dice, que se hace en las parroquias siempre dentro
del contexto de las parroquias, las comunidades de Vida Consagrada,
de todas otras comunidades o movimientos.
Las familias, los movimientos, las comunidades de Vida Consagrada
son lugares para poder precisamente aprender la vida comunitaria y descubrir
la dimensión comunitaria de nuestra fe. Con esta condición la parroquia
se transforma en lugar de misión. Un lugar para anunciar con alegría
nuestra fe.
Entonces en esta noche de celebración de este tercer aniversario
del Ministerio Petrino de nuestro Papa podemos, también, aprovechar
nuestra oración pidiendo al Señor que renueve la vida de nuestra Iglesia
en América Latina para que esta Iglesia sea una fuente de anuncio del
Evangelio y de transformación de todos nosotros.