Señora
y Niña, Santa María de Guadalupe, tus
hijos llenos de gozo, te proclamamos por siempre bienaventurada.
Tú aceptaste gozosa la invitación del Padre para ser la Madre
de su Hijo, con ello nos invitas a descubrir la alegría del amor
y la obediencia a Dios.
Tú
desde tu bendita aparición en el Tepeyac a nuestro hermano Juan
Diego, nos mostraste en tu rostro moreno, la ternura de nuestro
Padre Dios, concédenos siempre tenerte como Madre.
Hazme
una buena madre cristiana, Señora y Niña, para mis hijos y mi
familia, con la bondad de las cosas sencillas, en cada mañana,
en cada noche, en la verdad de cada día.
Hazme
fuerte, Virgen de Guadalupe, para darles a mi familia las palabras
precisas y mantenerme y mantenerlos serenamente dignos.
Hazme
fuerte y justa, Madre del Señor, para formar en mis hijos una
conciencia cristiana, para que sean libres de malsanas pasiones;
hondos en el sentir y altos de mirar.
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