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Versión estenográfica de la
Homilía
pronunciada por el Pbro. Miguel Agustín Aguilar, Padre Inspector Salesiano, en la Peregrinación de la Familia Salesiana, a la Basílica de Guadalupe.

5 de mayo de 2008

San Pablo, el gran apóstol de las naciones, llega a la iglesia de Efeso y les pregunta a los cristianos ¿han recibido al Espíritu Santo?, y ellos le contestan, ni siquiera sabíamos que existía el Espíritu Santo. Puede ser que aunque nosotros sí sabemos que existe el Espíritu Santo y sabemos que lo hemos recibido el día de nuestro Bautismo; el día de nuestra Confirmación puede ser que también lo tengamos un poco olvidado en nuestra vida cristiana diaria.

A nuestro Señor Jesucristo es más fácil tenerle presente. Nos es más fácil pensar en Dios nuestro Buen Padre a quien Jesús nos vino a revela. Pero a Dios, Espíritu Santo… como que nos cuesta un poquito más considerarlo en nuestra vida diaria.

Sabemos que es Dios igual que el Padre y Jesucristo, que merece la misma adoración y gloria del Padre y el Hijo. Sabemos que Dios en Jesucristo por el Espíritu Santo creó todas las cosas, que los profetas hablaron inspirados por el Espíritu Santo. Sabemos que quien ha inspirado la Palabra de Dios es el Espíritu Santo por eso es Palabra de Dios, no es un libro más de la literatura humana, está inspirado por el Espíritu Santo. Y sobretodo sabemos que Jesucristo, el Verbo Eterno del Padre se encarnó en el seno purísimo de María, porque el Espíritu Santo cubrió con su sombra a María Santísima. Que en el Bautismo Jesús quedó llenó del Espíritu Santo, que Cristo significa estar ungido por el Espíritu. Y por eso Jesucristo hablaba con una autoridad extraordinaria, predicaba el reino del Padre con fuerza y autoridad, y hacía signos maravillosos porque Dios estaba con Él. La fuerza de su espíritu, del Espíritu Santo. Sabemos que Jesucristo entregó a la Iglesia, a todos nosotros, el Espíritu Santo de su cuerpo, de su costado abierto en la muerte en cruz. Sabemos que el Espíritu Santo es el que resucitó a Jesucristo de entre los muertos y por eso vive para siempre y se ha convertido en espíritu vivificante, en espíritu que da vida. Y sabemos que Jesús antes de subir a los cielos, como lo celebrábamos ayer en el domingo de la Asención del Señor, les dice a sus discípulos: Aguarden a recibir el Espíritu Santo porque con el ustedes serán mis testigos hasta los confines de la tierra.

Así, pues, queridos hermanos y hermanas, queridos muchachos, muchachas, el Espíritu Santo es el amor de Dios Amor, es la vida en plenitud, es la fuerza de Dios, que se nos comunica para cumplir la misión que Cristo Jesús nos ha dejado. Nosotros sabemos que después de Cristo Jesús ninguna persona humana ha estado tan abierta y tan dócil al Espíritu Santo, como María Santísima. Es una experta del Espíritu; fue dócil para acogerle en su corazón, para poder concebir en su seno a Jesús. Ella meditaba la Palabra de Dios en su corazón, aunque no le entendía y el Espíritu Santo le iba revelando las cosas del Padre por eso Ella está ahí con los discípulos en Pentecostés, en el Cenáculo, como experta del Espíritu preparando la Iglesia a acogerle.

Nosotros, hoy, venimos a su casa agradeciéndole tantas bendiciones que nos ha alcanzado del cielo para cada uno de nosotros, para cada una de nuestras casas, para cada una de nuestras familias, cada una de nuestras personas. Pero queremos pedirle, también, nos ayude a  acoger al Espíritu Santo, como Ella lo hizo, como le enseñó a san Juan Bosco, a Madre Mazzarello, a Santo Domingo Savio, a todos los santos de la familia salesiana a abrirse a las nociones del Espíritu Santo. Queremos pedirle a María que dóciles al Espíritu Santo aprendamos a amar con el corazón de don Bosco; a prendamos a educar con el corazón de don Bosco lleno del Espíritu Santo.

El Santo Padre el Papa Benedicto XVI, en el mes de enero, escribió una hermosa carta a la Diócesis de Roma sobre el problema de la educación hoy, y dice el Santo Padre: “Ahora vemos una grande necesidad de educar a la juventud. Ahora parece que es muy difícil educar a los jóvenes. Se siente una gran distancia entre las generaciones los papás, los educadores, las educadoras, sienten un gran desafío para entender al joven de hoy”, y dice el Papa: “Es cierto, pero no tenemos que tener miedo este problema tiene solución, lo importante para educar a los muchachos y a las muchachas, a los niños y a las niñas, a los jóvenes, es amarlos, es escucharlos, es estar con ellos, es compartir su vida. Los jóvenes, los muchachos tienen necesidad de amigos, de confianza, que les quieran bien, que les entiendan, que les comprendan, que compartan su vida”, dice el Papa: “este es el gran secreto para educar hoy, por difícil que parezca si sabemos amar y compartir la vida de nuestros muchachos será muy fácil su educación. Porque ellos requieren y necesitan del amigo de confianza. Requieren de la orientación de alguien que les ame, que les escuche, que les comprenda”. Y también nos dice el Papa: “No debemos mal entender el querer a los muchachos algunos papás, algunos educadores piensa que el querer a los muchachos es no negarles nada, es dejarles hacer todo lo que quieren”, y dice el Santo Padre: “No, eso les hace daño, hay que saberles poner límites, hay cosas que no son convenientes y si les amamos mucho tenemos que ayudarles a reconocer limites en su vida, porque muchos jóvenes se pierden; muchos jóvenes van por malos caminos, porque nadie con amor les sabe poner ciertos límites”.

Estimados, hermanos y hermanas, esto es lo que hizo san Juan Bosco con su corazón lleno del amor de Dios, esto es lo que hizo Madre Mazzarello, llenos del Espíritu Santo se hicieron amigos de los jóvenes, como de Santo Domingo Savio, a quien celebramos el día de mañana en su fiesta. Un adolescente que con la ayuda de educadores cercanos, amorosos, que sabían orientarlos en la vida alcanzan la plenitud de su vida cristiana. Ha eso estamos llamados, hoy, aquí en México en el ambiente salesiano hacernos amigos de los jóvenes, de los muchachos, de las muchachas a compartir su mundo, su vida, sus ideales, sus anhelos, su tiempo para que encuentren en Cristo y en su Evangelio el camino de la plenitud de sus vidas. ¡Qué hermosa tarea nos confía el Señor! A esto nos invita el Rector Mayor, en este año, a educar con el corazón de don Bosco, un corazón lleno de amor.

El santo Evangelio que acabamos de escuchar nos dice al final: “En el mundo tendrán tribulaciones, pero tengan valor, yo he vencido al mundo”. Jesucristo con el amor del Padre en su corazón, en todo su ser el Espíritu Santo tenía una grande fuerza para vender el mal, la muerte y el pecado y nos lo ha compartido en su Espíritu Santo.

Queridos muchachos y muchachas, seguramente ustedes tienen problemas y dificultades que no faltan en la vida. ¡Ánimo! ¡Valor!  Jesucristo les comparte su Espíritu Santo, que les ayuda a vencer las tribulaciones y las dificultades. Sean valientes, sean heroicos como la Santísima Virgen María, como los santos, como Domingo Savio, como Laura Vicuña, Zeferino Namuncurá, que acogiendo el amor de Dios en sus vidas tienen la fuerza para vencer el mal en la vida propia y en la de sus compañeros.

Queridos educadores y educadoras, hermanas salesianas, hermanos salesianos, padres de familia, parece muy difícil la educación, hoy. El Papa nos dice que con el amor de Dios es fácil. Sí se puede, no faltaran los problemas, pero llenémonos de la fuerza del amor de Dios; llenémonos de la fuerza del Espíritu Santo que inundó a María, que Jesucristo nos comparte. Hagámonos amigos cercanos de nuestros muchachos y de nuestras muchachas, de nuestros niños y niñas, y veremos que podemos educar como lo hizo don Bosco.

¡Gracias Padre Bueno por darnos a Jesús!
¡Gracias Jesús por compartirnos tu Espíritu!
¡Gracias Espíritu Santo por haber fecundado a María!
¡Gracias María porque eres nuestra Madre!
¡Gracias porque nos ayudas a acoger al Espíritu Santo!
¡Gracias porque das este Espíritu Santo a nuestros jóvenes con grandes ideales, con grandes anhelos!
¡Gracias porque pones a su lado padres, madres, educadores, educadoras, salesianas, salesianos que buscan su bien!
¡Gracias María porque nos acompañas en nuestra labor educativa y porque nos enseñas a amar con el corazón, como lo hiciste con don Bosco!

 
 
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