En la familia se experimenta los elementos esenciales de la
paz: justicia y amor entre hermanos, autoridad de los padres,
servicio afectuoso a todos los miembros, ayuda mutua, disponibilidad
para acoger y también perdonar. La
Iglesia desde el Concilio de Éfeso en 431 definió como verdad de fe
la divina maternidad de María y el título Theotokos, Madre
de Dios. Así, en María la humanidad empieza un nuevo camino hacia
Dios, con este Dios que quiere nacer y vivir entre nosotros, invitándonos
a compartir su vida divina.
En María la humanidad, nuestra humanidad, se abre a Dios y descubre
su verdadero sentido a los pies de la mujer que concibió a Cristo
por la fe en su corazón, antes de concebirlo físicamente en su
cuerpo. Hemos venido, también nosotros, dejar al Hijo de Dios
nacer y crecer en nuestros corazones y en nuestra humanidad.
Hermanos, en esta ocasión como todos los años el Santo Padre nos
invita a una reflexión sobre la paz. El mensaje de este año se
desarrolla alrededor del tema: “Familia humana, comunidad de
paz”. Para construir la paz el Papa nos invita a ir a la raíz
que es la familia, nuestras familias humanas. La primera forma
de comunión entre las personas, es la que el amor suscita entre
un hombre y una mujer decididos a unirse establemente, para construir
juntos una nueva familia. Todo empieza con la familia primer lugar
de la humanización de la persona y de la sociedad, cuna de vida
y de amor.
Porque tiene un papel tan importante de educación, Benedicto
XVI invita a nuestras sociedades a respetar los derechos específicos
de las familias. En 1983 la Santa Sede proclamó una carta de los
derechos de la Familia, la negación o la restricción de los derechos
de la familia, al oscurecer la verdad sobre el hombre amenaza
los fundamentos de la paz. Como consecuencia el Papa afirma que
todo lo que contribuye a debilitar la familia, fundada en el matrimonio
de un hombre y de una mujer, lo que directa o indirectamente dificulta
su disponibilidad para la acogida responsable de una vida, lo
que se opone a su derecho de ser la primera responsable de la
educación de los hijos, es un impedimento objetivo para el camino
de la paz.
La familia es como la primera escuela de vida, donde aprendemos
la solidaridad, el respeto del otro, la justicia y el amor; sin
los cuales se genera en nuestra sociedad la guerra y el odio.
El Papa quiere alargar esta reflexión a la comunidad social que
para vivir en paz está llamada a inspirarse, también, de los valores
sobre los que se rige la comunidad familiar. Esto es válido para
las comunidades locales, nacionales y para la entera familia humana.
Todos recorremos un mismo camino como hombres y mujeres, somos
hermanos y hermanas, Dios es la fuente de la propia existencia
y de la de los demás. Todo ser humano está invitado a construir
una humanidad pacificada que es la familia. El Papa trae para
nosotros las consecuencias de esta afirmación fundamental en cuatro
campos de la vida y de la organización del mundo.
El primero, es una reflexión sobre la “Comunidad humana
y medio ambiente”. La familia humana tiene la tierra como
casa, casa común, es decir, el ambiente que Dios Creador nos ha
dado, para que lo habitemos con creatividad y responsabilidad.
El tema del respeto al medio ambiente es de gran actualidad y
el Papa quiere ofrecer su contribución a la luz de la doctrina
social de la Iglesia. Es fundamental nos dice el Santo Padre sentir
la Tierra como nuestra casa común y para ponerla al servicio de
todos debemos adoptar la guía del diálogo en vez de tomar decisiones
unilaterales. Hermanos, tomemos con seriedad los consejos del
Papa: colaborar responsablemente, actuar de común acuerdo, intensificar
el diálogo entre las naciones por la gestión de recursos energéticos
del planeta, revisar los elevados niveles de consumo debido al
modelo actual de desarrollo y predisponer inversiones adecuadas
para diversificar las fuentes de energía y mejorar la eficiencia
energética.
El segundo campo, es una reflexión sobre la “Economía”.
La familia humana, hoy más unida por el fenómeno de la globalización
necesita un fundamento de valores compartidos, una economía que
responda realmente a la exigencia de un bien común de dimensiones
planetarias. Las relaciones entre individuos y entre pueblos deben
permitir a todos, todos, colaborar en plan de igualdad y justicia,
es preciso emplear acertadamente los recursos y distribuir la
riqueza con equidad.
El tercer punto, es una reflexión sobre la “Naturaleza de
las normas jurídicas que regulan las relaciones entre personas
y el funcionamiento de la sociedad”. El Papa nos dice que
la norma jurídica tiene como criterio la norma moral, basada en
la naturaleza de las cosas. La razón humana es capaz de discernirla,
al menos en sus exigencias fundamentales, llegando así hasta la
razón creadora de Dios, que es el origen de todas las cosas. Esta
norma moral debe regular las opciones de la conciencia y guiar
todo el comportamiento del ser humano. Existe una ley moral común,
que por encima de las diferencias culturales, permite que los
seres humanos se entiendan entre ellos, sobre los aspectos más
importantes del bien y del mal, de lo que es justo e injusto.
Es nuestro deber buscar esta ley y construir un orden nacional
y también internacional con los valores contenidos en esta ley.
Estas normas tienen que ayudar a nuestras sociedades a ponerse
a servicio del hombre y también ayudar a vivir en dignidad.
En fin, el cuarto punto, es una invitación a la humanidad a
construir la paz a través de una movilización de todas las personas
de buena voluntad para llegar acuerdos concretos con vistas a
una eficaz desmilitarización sobre todo en el campo de las armas
nucleares. Las guerras, los conflictos armados, los atentados,
la espiral de la violencia sigue en todo el mundo, poniendo en
peligro la paz y el desarrollo armonioso de la vida de nuestros
hermanos y hermanas.
Con eso el Papa reitera la invitación a construir un mundo
basado en el respeto de los derechos del hombre. Él hace mención
especial de esta carta de los Derechos de la Familia adoptada
por la Santa Sede hace 25 años, también en el 2008, este año,
se celebra el cuadragésimo aniversario de la celebración de la
primera Jornada Mundial de la Paz, eso fue en 1968.
Que esta celebración sea para todas las personas de buena voluntad
en nuestro país, una ocasión de dedicarse a la construcción de
una sociedad fundada sobre valores que conducen a una verdadera
paz. Los cristianos saben que pueden confiar en la intercesión
de Aquella que siendo la Madre del Hijo de Dios, que se hizo carne
para salvación de toda la humanidad es Madre de Dios y también
nuestra Madre.
Amén.
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