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Palabras de bienvenida de Mons. Diego Monroy Ponce
Bienaventurados los que trabajan por la paz..
porque serán llamados hijos de Dios

18 de diciembre de 2008

Señora Ingrid Betancourt:


Sea usted muy bienvenida a esta Casita Sagrada de nuestra Señora de Guadalupe, la Madre de México y de América, quien llegó a estas tierras hace 477 años como embajadora de paz, unidad y reconciliación. 

Ella, en este lugar, nuestra Muchachita y Señora santa María de Guadalupe en el encuentro que tuvo con el indio santo Juan Diego, trajo para nosotros a través del diálogo la paz entre pueblos antagónicamente irreconciliables.

Señora Betancourt nos alegra enormemente poder recibirla como embajadora de la paz.  Su presencia en medio de nosotros proclama la defensa de los derechos humanos, los cuales acogidos en su persona, mensaje y voluntad nos invita también  a defenderlos y a ponernos al servicio de ellos.

Como se lo expresé en la carta del pasado 21 de noviembre, un servidor siguió muy de cerca la noticia de su secuestro, largo cautiverio y,  finalmente bien planeada liberación; acontecimiento que encontró en la opinión publica no sólo de Colombia, sino en las demás regiones del mundo críticas muy positivas, pues en el trasfondo de todo esto encontramos el tan anhelado tema de la paz  al cual usted se ha consagrado.

La ausencia de la paz es una de las grandes carencias de la humanidad.  Aunque nos urge, la anhelamos y es el don más precioso, no lo tenemos. No hay profeta que no la anuncie, poeta que no la cante, corazón humano que no la ame. ¿Qué persona de buena voluntad no aspira a la paz?

La paz se nos ha hecho tan huidiza y aunque la hemos soñado tantas veces, no hay página en la historia que no esté manchada de sangre, todos deseamos la paz y sin embargo hacemos la guerra. ¡Vaya paradoja!

La paz debemos desearla y trabajarla porque ella favorece los demás derechos fundamentales del hombre; la vida, la libertad, la educación, el trabajo, la salud, etc, etc. La paz pone mansedumbre donde hay violencia, perdón donde hay venganza, amor, mucho amor en las relaciones humanas.

La paz es una exigencia humana y cristiana. -Es una idea necesaria, es una idea imperativa, es una idea inspiradora. Ella polariza las aspiraciones humanas, los esfuerzos y las esperanzas... Es movimiento, crecimiento, trabajo, esfuerzo, conquista- (Pablo VI, Jornada Mundial de la Paz, 1972) Si queremos la paz, debemos trabajar por la justicia.

El trabajo por la paz es duro y permanente. El trabajo por la paz nunca está en huelga. La tarea empieza en el corazón humano, nuestro más próximo campo de batalla. Pasa por la familia que tantas veces oculta actitudes belicosas, distantes, intolerantes.

Se debe llegar a todas las plataformas del tejido social, donde se dan situaciones agresivas e injustas; y a las relaciones entre regiones y pueblos, para condenar todo tipo de racismo o xenofobia, de explotación y terror.

La paz, junto a la libertad y a la justicia es reconocida universalmente como uno de los valores más altos que hay que buscar y defender, la paz, estimada señora Betancourt es ir al encuentro de los pobres de la tierra, de los anawin de Yahvé, de los consentidos de Dios.

Todos deseamos que la paz sea como un río en crecida! Pidamos, para que en este río se bañen los señores de la guerra setenta veces siete y que de él podamos beber todos.

Señora embajadora Betancourt nos congratulamos con su esfuerzo, con su tarea e ideales, que nuestra Muchachita y amada  Señora Guadalupe,  Madre nuestra y Madre de Jesucristo, príncipe de la paz, le conceda ver realizados sus anhelos. La encomendamos al cuidado maternal de la Dulce Señora del Cielo, que Ella como tierna y compasiva Madre la lleve en el hueco de sus manos, en el cruce de sus brazos.

Dios la bendiga.

 
 
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