InicioPeticionesAparicionesOracionesHomilíasEstudiosSan Juan DiegoSantuario
     
Inicio > Querétaro > Homilía
   
 


Homilía
pronunciada por Mons. Mario Gasperín Gasperín, Obispo de la Diócesis de Querétaro, en ocasión del CXVIII Peregrinación Varonil de Querétaro, a la Basílica de Guadalupe.

20 de julio de 2008

Queridos hermanos peregrinos, hermanas y hermanos en nuestra fe católica.

Quiero apropiarme las palabras de Jesús, cuando dijo, dirigiéndose al Padre: “Yo te bendigo Padre, Señor del Cielo y de la tierra, porque has rebelado estas cosas a la gente sencilla. ¡Gracias, Padre, porque así te ha parecido bien!”. A ustedes hermanos peregrinos el Padre del Cielo por medio de la Virgen Santísima y de la Santa Iglesia les ha revelado los secretos del Reino de Dios, la fe en Jesucristo y la esperanza de salvación. Por eso su señor obispo hace suya la oración de Jesús y da gracias al Padre por todos ustedes hermanos peregrinos privilegiados, escogidos, amados del Padre del Cielo. A ustedes, también, por medio de Jesús les dice, aquí en la casa de María: "Vengan a mí todos los que están cansados agobiados por la carga, que yo  los voy a reconfortar; en mí van a encontrar descanso para sus vidas, porque mi yugo es suave, y mi carga ligera".

Hermanos peregrinos, la fe en Jesucristo y el cumplimiento en sus mandamientos nos dan la paz y el descanso en el corazón y hacen nuestra vida más ligera; hacen la cruz, que llevamos todos más soportable; más confortable. Eso lo hemos experimentado todos, especialmente ustedes en esta peregrinación. El santo Evangelio nos habla de una doble siembra en el corazón del hombre. El buen sembrador siembra trigo y espera frutos abundantes; sin embargo, hay un maligno, un enemigo del sembrador y un enemigo también del hombre, que es enemigo de Dios, enemigo nuestro (adelante Jesús dice que es el diablo) que siembra mala semilla, mala hierba en nuestro corazón: la cizaña.

Ustedes hermanos peregrinos durante esta semana, algunos durante quince días, estuvieron oyendo la Palabra de Dios, el Evangelio de Jesucristo. Sus sacerdotes han sembrado buena semilla, que lo sepan todos que junto a esta buena siembra hay un enemigo nuestro, un enemigo de Dios, que siembra la mala semilla: la cizaña. Y esa abunda por todos lados, por todas partes esa mala siembra de la semilla de maldad. Esa semilla de maldad no es el prójimo, sino que está sembrada en el corazón de cada uno de nosotros, junto con la buena semilla. Por eso la lucha de ser cristianos dura toda la vida. Este ha sido un buen paso; este ha sido un magnifico esfuerzo. Esta peregrinación ha sido una buena siembra. Los invito a cultivar esa buena semilla, ojala que todos los peregrinos se sigan reuniendo en su parroquia y en sus decanatos cada mes y sigan cultivando esta buena siembra.

La Virgen Santísima los ayuda a cultivar esta buena Palabra de Dios, que ha recibido en esta peregrinación su corazón. Su señor obispo les agradece, hermanos peregrinos, su fe en Dios; les agradece su amor a la Virgen Santísima y su fidelidad a la Santa Iglesia. Que Dios les bendiga, les acompañe en su vida, cuide de su familia y les conceda un feliz regreso a sus hogares. Hacemos especial memoria y los encomendamos a la protección de la Virgen a todos nuestros hermanos migrantes. Quizá muchos de ellos parientes, familiares de ustedes, a todos ellos, también, los tenemos aquí en nuestro corazón, en nuestra oración y bajo la protección de nuestra Madre Santísima de Guadalupe.

Que la paz de Dios y el cariño de la Virgen Santísima llenen su corazón, su familia, su hogar y su vida.

Que así sea.

 
 
Imprimir PaginaAgregar a FavoritosMapa del SitioContáctenosPágina anterior
 
© 2001-2007 Insigne y Nacional Basílica de Santa María de Guadalupe.
Derechos Reservados