InicioPeticionesAparicionesOracionesHomilíasEstudiosSan Juan DiegoSantuario
     

Inicio>Semana Santa >Altar de Dolores

   
 

Inauguración del Altar de Dolores

25 de marzo de 2010

Homilía
pronunciada por Mons. Diego Monroy Ponce, Rector del Santuario
 
Bendición
aspectos Altar de Dolores
 


Altar de Viernes de Dolores
María Izquierdo (1902 - 1955), Viernes de Dolores, 1944 - 45, óleo / tela, 76 x 60.5 cm, Col. Blaisten
María Izquierdo (1902 - 1955), Viernes de Dolores, 1944 - 45, óleo / tela, 76 x 60.5 cm, Col. Blaisten

La tradición de levantar, el sexto viernes de Cuaresma, los llamados “incendios” o Altares de Dolores en nuestro país, tiene su origen desde el año 1660. Éstos están consagrados a los sufrimientos que la Virgen María padeció durante la Pasión de Cristo, simbolizados en las siete espadas que atraviesan su corazón.

Estas construcciones, que se colocan sólo en los días previos a la Semana Santa, reflejan un acto devocionario, en el cual, los fieles acompañan a la Madre de Dios en su penar.

Por ejemplo, las alfombras de flores y aserrín coloreado son una manera de hacer menos penoso su camino por “la Calle de la Amargura”; el trigo germinado, hecho crecer con sus lágrimas, alude a su fecundidad como mujer corredentora de la humanidad, al tiempo que sugiere la materia prima con la que se elabora la Sagrada Forma o la Eucaristía. Las aguas de colores, siempre en vistosos botellones, recuerdan, también, sus lágrimas derramadas a los pies de la cruz.

El color característico de su manto es morado, en memoria de la pasión. Siempre acompañan a la Dolorosa, ángeles pasionarios, es decir, aquellos que cargan las “armas de Cristo”: entre otros, cruz, corona de espinas, esponja, lanza y manto de la Verónica.

La devoción a Nuestra Señora de los Dolores fue impulsada por la Iglesia desde el año 1200, sobre todo por los franciscanos, aunque con el tiempo fueron los miembros de la Compañía de Jesús, conocidos como jesuitas, los que sin duda alguna dieron más difusión a este culto en México. En la capital de la Nueva España, durante los siglos XVIII y XIX, el Viernes de Dolores fue, también, un colorido paseo conocido como “Jamaica de las Flores”, en el que todo el pueblo, pobre o rico, se reunía en la Acequia de Roldán o el Canal de la Viga para comprar las flores que venían desde las chinampas de Chalco o Xochimilco. Por la noche del mismo viernes, las familias capitalinas y las de la región del Bajío acostumbraban mostrar sus “incendios”, colocados en la sala de sus casas, convidando a sus invitados con un vaso de agua fresca para aliviar los calores de la primavera y compartir, de cerca, los misterios de la Pasión.

En realidad, esta hermosa tradición de los Altares de Dolores pretendía, con el brillo de las banderitas de oro, el juego de color del vidrio azogado de las esferas y el aroma de las flores, conmover a  los fieles, a través de los sentidos de la vista y el olfato, para así, exaltar su compasión por las aflicciones de la Virgen Santísima.

En el antiguo Santuario de Guadalupe, la Virgen de los Dolores tenía su altar permanente y durante su fiesta, todo el cabildo la celebraba con un oficio especial, que incluía la participación de su capilla musical (hoy coro de infantes), que entonaba es esa ocasión el Stabat Mater, que es el canto ofrecido en desagravio a este duro trance de la Pasión.

 
 
Imprimir PaginaAgregar a FavoritosMapa del SitioContáctenosPágina anterior
 
© 2001-2007 Insigne y Nacional Basílica de Santa María de Guadalupe.
Derechos Reservados