Versión
estenográfica de la
pronunciada
por el Emmo. Sr. Cardenal Norberto Rivera Carrera, Arzobispo
Primado de México, en el 40° Aniversario
de la Renovación Carismática Católica de la Arquidiócesis
de México, en la Basílica de Guadalupe.
Muy queridos hermanos y hermanas,
nos hemos reunido esta tarde en esta casita de nuestra Madre,
Santa María de Guadalupe. Ella concibió por obra del Espíritu
Santo y Ella fue la primera, que fue a llevar ese Espíritu de
Dios a su prima Isabel y su prima se alegró. Y la creatura que
estaba en su seno saltó de gozo.
Venimos con María a dar gracias
por el Espíritu que Jesús ha derramado en su Iglesia, Ella estuvo
con los primeros apóstoles, con los primeros discípulos en Pentecostés,
esperando la venida del Espíritu Santo. Esta tarde estamos en
torno a Ella, junto con Ella también invocando el Espíritu de
Dios y dando gracias a Dios por el don de su Espíritu, porque
es Espíritu de Dios a través de los siglos ha sido constructor
de nuestra Iglesia.
Damos gracias esta tarde por
el gran regalo de la Renovación Carismática Católica en el Espíritu
Santo, por sus 40 años de presencia evangelizadora en nuestra
Arquidiócesis de México. Recordamos con agradecimiento a Monseñor
Talavera, al Padre Salvador Carrillo, que aún vive y sigue entre
nosotros animándonos. Me tocó llegar a conocer el movimiento
de renovación con el impulso que le estaba dando Monseñor Diego,
después Monseñor Agustín, ahora el Padre Triana y tantos sacerdotes,
que los han acompañado para que se mantengan firmes en la fe
y se mantengan dóciles a los impulsos del Espíritu Santo.
Nos alegramos con ustedes hermanos
de la Renovación, y con Su Santidad Pablo VI reconocemos que
esta corriente de vida espiritual les ha dado a ustedes un gran
impulso en su vida personal. Un gusto por la oración profunda,
personal y comunitaria. Un retorno a la contemplación y a la
alabanza. Un deseo de entregarse totalmente a Cristo. Una grande
disponibilidad a las inspiraciones del Espíritu Santo. Una frecuencia
asidua a la Eucaristía. Una amplia abnegación fraterna. La voluntad
de prestar una colaboración a los servicios de la Iglesia. Así
se expresaba Su Santidad Pablo VI y está tarde la Palabra de
Dios ha sido muy clara para todos nosotros, como punto de referencia
para el Movimiento Carismático Católico de Renovación en el
Espíritu Santo.
Siempre la Palabra de Dios
tiene que ser el fundamento, la luz clara que ilumina nuestra
vida personal y todo el movimiento. Esdras, lo hemos escuchado,
se mantenía proclamando la Palabra de Dios y el pueblo permanecía
fiel, oyendo esa Palabra. El pueblo de Israel y el nuevo pueblo
de Dios, es el pueblo congregado, reunido por la Palabra de
Dios. Pueden aparecer grandes predicadores; pueden aparecer
personas carismáticas que tengan dones extraordinarios, pero
siempre el punto de discernimiento es si predican la Palabra
de Dios, si lo que están anunciando no es su criterio, ni su
pensamiento, sino la Palabra de Dios y entonces ahí habrá siempre
verdadero alimento. Pero, la Palabra de Dios tal y como la acabamos
de escuchar.
Jesús así desenrolla el pergamino
de Isaías y se aplica la Palabra de Escritura: el Espíritu
de Dios está sobre mí. Esa Palabra de Dios no puede ser
escuchada, no puede ser estudiada en abstracto tiene que hacerse
vida, aplicarse aquí y ahora. Esa es la Palabra de Dios, que
es eficaz, no en aquel tiempo, aquí y ahora ¿qué es lo que me
dice la Palabra de Dios? ¿cómo me está congregando? ¿cómo me
está reuniendo? Y el apóstol Pablo tenía esa experiencia, por
eso nos habla de que ese Palabra de Dios congrega y reúne y
hace un sólo pueblo con diversos carismas, con diversos dones,
pero todos teniendo el mismo Espíritu.
Ustedes, podrán siempre tener
ese punto de referencia si esa Palabra de Dios me divide, me
dispersa es la palabra de babilonia, si la Palabra de Dios me
reúne, me congrega es la Palabra de Pentecostés. La que construye
y hace Iglesia, y por eso tengo que estar íntimamente unido
aquellos que han tenido la misma experiencia en el Espíritu
Santo y tengo que reconocer la diversidad de carismas que el
Espíritu derrama en su Iglesia y estar unidos siempre a esa
Iglesia concreta y particular a la cual pertenezco y desde esta
iglesia particular unirme a la Iglesia Universal y así tendré
la seguridad de que es el Espíritu el que nos ha congregado,
nos ha reunido en la unidad de una sola Iglesia.
En sus 40 años de existencia
en nuestra arquidiócesis la Renovación Carismática ha contribuido
a la renovación espiritual de muchas personas, a ustedes en
concreto, pero a muchas otras personas, que ya no están entre
nosotros. Ha llamado a incontables católicos alejados del Espíritu
del Evangelio a reconciliarse con el Señor y a reconciliarse
con su Iglesia ha profundizado el amor de Jesús y en el amor
de la Iglesia. Ha movido los corazones para una gran generosidad
de tal manera que se entregan en cuerpo y alma al anuncio del
Evangelio.
El impacto de la Renovación
Carismática en nuestra iglesia local ha sido muy significativo
en estos 40 años. La Renovación ha alimentado la llamada a la
santidad, como un regalo del Espíritu Santo, no como un esfuerzo
personal; ha ayudado a las comunidades y a muchas personas en
concreto a esperar vivamente los dones de Dios, los dones del
Espíritu. A disfrutar de esos carismas, que sabe regalar el
Espíritu Santo. Reconocemos que la Renovación Carismática ha
llevado a nuestro pueblo a un reavivamiento de su fe y un compromiso
mayor en el anuncio del Evangelio.
Quisiera repetir hoy las palabras
de Su Santidad Juan Pablo II con ocasión del 20° Aniversario
de la Renovación, cuando nos decía: El vigor y los frutos
de la Renovación definitivamente testifican la presencia poderosa
del Espíritu Santo trabajando en su Iglesia, después de la celebración
del Concilio Vaticano II. Por supuesto continuaba el Papa
Juan Pablo II: por supuesto el Espíritu Santo ha guiado a
la Iglesia en todos los tiempos produciendo una gran variedad
de dones entre todos los fieles, por causa de la acción del
Espíritu Santo la gracia preserva una vitalidad de juventud
continua y la Renovación Carismática es una elocuente manifestación
de esa vitalidad. Hoy en día una muy clara exposición de lo
que el Espíritu Santo está diciendo a las Iglesias.
Por todo esto, hermanos y hermanas,
damos gracias a Dios. No hay que olvidar, que los Carismas desatados
por el Espíritu son para la misión, son a favor de la construcción
de la Iglesia. En este sentido se debe entender la glosolalia,
como Carisma para la misión profética de la Iglesia, para hablar
las leguas de los hombres y anunciarles la Palabra de Dios,
y para hablarle a Dios en todas las lenguas y presentarle la
oración de todos los hombres; las necesidades de todo ser humano.
Nuestra Arquidiócesis, como
todos ustedes saben, se encuentra en un estado de permanente
misión y en esta misión evangelizadora arquidiocesana la Renovación
Carismática en el Espíritu Santo tiene un puesto central: no
se puede hacer la misión sin la acción del Espíritu Santo.
Correríamos en vano, sólo el Espíritu de Dios es que puede renovar
la faz de la Tierra. Sólo el Espíritu de Dios es el que puede
cambiar los corazones. Sólo después de Pentecostés la comunidad
apostólica comienza a ver los frutos del Espíritu. Sólo el Espíritu
es el que habré los caminos y le dice a la Iglesia por donde
debe caminar, para un mundo cada vez más secularizado, como
el nuestro y para la celebración de los grandes acontecimientos
de nuestra patria como es el Bicentenario de la Independencia,
el Centenario de la Revolución.
No hay nada que pueda contribuir
más en nuestra patria, como la renovación personal de cada uno
de nosotros. Se pueden cambiar las estructuras; se pueden cambiar
los partidos; se pueden cambiar las instituciones, pero si no
cambiamos nosotros en nuestro interior es cambiarlo todo para
seguir igual. Solamente habrá un México nuevo; solamente nuestra
Iglesia se renovará si nosotros nos renovamos en nuestro corazón.
Con razón los obispos de este
continente reunidos en Aparecida abogaban porque suceda en nuestras
tierras y comunidades un nuevo Pentecostés que nos lance a esa
transformación y que nos lance a la misión audaz de anunciar
el Evangelio a los más alejados.
Esperamos de verdad un nuevo
Pentecostés, que renueve todas nuestras realidades, porque sino
la desilusión, la acomodación al ambiente. Una venida del Espíritu
Santo que renueve nuestra alegría y nuestra esperanza seguirían
ahí pendientes. Necesitamos un nuevo Pentecostés.
Estamos dando gracias por los
40 años de la Renovación en esta casita de Santa María de Guadalupe,
porque Ella no sólo es intercesora, para que venga el Espíritu
Santo y aliente y proteja a nuestra Iglesia, sino que Ella es
el gran modelo de la Evangelización; Ella es la gran misionera
continuadora de la misión de su Hijo y formadora de misioneros.
Ella trajo el Evangelio a nuestras tierras, a nuestra América
en el Acontecimiento Guadalupano presidió, junto con Juan Diego,
el Pentecostés, que abrió los caminos para el Evangelio en nuestras
tierras.
Demos gracias, sí, por los
40 años de la Renovación Carismática en el Espíritu Santo, pero
también demos gracias a Dios, porque sigue mandando su Espíritu
abriendo caminos nuevos para la evangelización en nuestro continente.