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Homilía
pronunciada por Mons. Georges M. Saad Abi Younes,
Obispo de la Eparquía de Nuestra Señora de los Mártires de Líbano, en ocasión de la Misa Solemne por la paz en Medio Oriente, Comunidad Libanesa en la Basílica de Guadalupe.

30 de Julio 2006

Honorable Cónsul de Líbano Lic. Aline Younes
Reverendos Padres.
Presidentes y Representantes de las Asociaciones
Libanesas
Querida Comunidad Libanesa de México,

Amados Hermanos y Hermanas en Cristo Jesús, que nos acompañan hoy en esta celebración Eucarística para pedir por la paz en Líbano.

Bienvenidos sean todos a esta Insigne Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe hogar de todos los mexicanos y Santuario muy amado y venerado por la Comunidad Libanesa de México, que hoy se reúne en tomo al altar de Dios, con grande pesar, por la terrible guerra que devasta a nuestra querida Patria de origen, Líbano.

Venimos llenos de fe y esperanza para implorar a nuestra Madre, la Santísima Virgen de Guadalupe, su poderosa intercesión a favor de la paz y reconciliación entre los pueblos de esta región del mundo.

Deseo iniciar esta reflexión dominical, con las palabras que el Papa Benedicto XVI dirigió el domingo pasado a la Comunidad Internacional: "Exhorto a todos los fieles cristianos involucrados en el conflicto que vive el Medio Oriente, y en especial, Líbano, a una pronta y duradera instauración de la paz". Y ayer mismo pidió el cese inmediato del fuego en Líbano.

Su Santidad nos habla, durante, esta alocución de que "El Señor ha vencido en la cruz. No ha vencido con un nuevo imperio, con una fuerza más poderosa que las demás, no ha vencido de una manera humana, con un imperio más fuerte que el otro. Ha vencido con un amor capaz de llegar hasta la muerte.

Esta es la nueva manera de vencer de Dios: a la violencia no opone una violencia más fuerte, a la violencia opone, lo contrario: el amor; esta es la humilde manera de vencer de Dios; con su amor pone un límite a la violencia.
El amor es la verdadera manera de vencer al mal, de vencer a la violencia, y tenemos que confiar en esta manera divina de vencer"

Jesucristo en el Evangelio de este domingo, reparte entre la gente que le seguía, no sólo el don maravilloso de su Palabra, sino el pan material, dándonos a todos un ejemplo concreto y oportuno de generosidad, por esta razón, ahora más que nunca, debemos unimos como Comunidad e imitar a Jesús, nuestro Maestro, apoyando generosamente a todos nuestros hermanos y hermanas de Líbano, que viven el horror de la guerra, la muerte, el hambre y la enfermedad.

Hoy nuestro Patriarca, el Cardenal Nesrallah B. Sfeir en un comunicado, salido de la asamblea extraordinaria de los Obispos de Líbano, exhorta a "todos los libaneses a acoger con amor y solidaridad, a sus hermanos, obligados por la guerra a abandonar su hogar y pueblos, sin tener en cuenta la comunidad a la que pertenecen".

Comunidad libanesa de México y fieles que nos acompañan esta tarde, este es el camino señalado por Cristo: velar por las necesidades apremiantes de todos los hombres y mujeres de Líbano que en esta hora sufren las terribles consecuencias de una guerra injusta y cruel.

Así mismo, esta asamblea urge al "Consejo de Seguridad de la ONU a acabar de una vez por todas con el ciclo de violencia en Líbano, adoptando sin dilación una resolución que exija un ¡Alto al fuego! Inmediato" empleando todos los medios necesarios para sentar los cimientos de un estado justo, fuerte y soberano al cual, tienen derecho todos los libaneses.

Ya Basta de destruir la tierra Santa de Líbano.
Ya Basta de conflictos, de genocidio y guerras extranjeras en el suelo de Líbano.
No queremos que el choque de civilizaciones destruya Líbano.
No queremos más conflictos regionales ni extremismo y violencia. No Queremos más muertos, dolores, tristezas, separaciones de familias.
Queremos que los niños de Líbano disfruten de su niñez sin miedo, juegan con pelotas no con armas.
Queremos vivir en armonía y soberanía, en paz y amor. Queremos practicar nuestra fe y nuestra libertad como seres humanos civilizados.
Queremos vivir en las bondades de nuestra tierra, respirar el aire puro, tomar aguas limpias y sentimos bendecidos en nuestros hogares.

QUEREMOS UN INDEPENDIENTE LIBANO PACIFICO, LIBRE, SOBERANO E INDEPENDIENTE

Hermanos y hermanas, queridos fieles de la Comunidad libanesa que nos acompañan, unámonos, antes que nada, en la oración ferviente y confiada a Santa María de Guadalupe, nuestra dulce y santa Madre, pidiéndole por su intercesión, traiga la paz de Jesús a nuestros corazones, especialmente, a aquellos que se encuentran sufriendo en Líbano, el horror de la guerra. Imploremos a Ella, la discípula perfecta de Jesucristo, que el amor nos impulse a la generosidad, a la ayuda desinteresada y eficaz a favor de los hombres, mujeres, niños y ancianos que hoy carecen de hogar, alimentos, medicamentos y servicios, socorriéndolos con los bienes necesarios para su subsistencia. Líbano hoy necesita a todos sus hijos en el mundo.

Hijos e Hijas de Líbano, yo como Obispo, les invito a todos a una jornada de oración a Dios por la paz en Líbano, así mismo, pido a todos los mexicanos de origen libanés, que unan sus esfuerzos generosamente, para ayudar con caridad fraterna y eficacia a todos nuestros hermanos que sufren la guerra. Hoy, más que nunca, vivamos unidos nuestra fe, nuestra identidad y milenaria tradición de paz y concordia, haciéndonos solidarios con los que sufren, y alzando nuestra voz desde la Iglesia a todos los organismos internacionales para poner fin a esta guerra absurda.

Pongamos toda nuestra esperanza, deseos y anhelos en manos de nuestra Madre, la Virgen de Guadalupe, para que la Santísima Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo devuelva la paz, la fraternidad y la concordia a Líbano y a todo el Medio Oriente.
QUE ASÍ SEA.

Libro de los Reyes: 4, 42-44.
Carta de san Pablo a los efesios: 4, 1-6.
Evangelio según san Juan: 6, 1-15.
 
 
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