Concelebraron: el Pbro.
José Molílope, Pbro. Carlos Luna Gómez (Colombia), Pbro. Daniel
Rocha (Colombia), Pbro. Idinael (Colombia), Pbro. Martín Peralta
(Sonora, Méx.), Pbro. Guillermo Uribe (México) y el Pbro. Israel
Alba (México). La misa fue traducida simultáneamente al Lenguaje
de Señas Venezolanas (L. S. V.)
Les
tengo que confesar algo: estoy nervioso, estoy temblando, perdónenme.
Pero, tengo que decirles dos cosas.
La primera: antes, mucho tiempo antes,
Dios pintó a la Virgen María aquí para hablar a los indígenas
nahuas. Dios, pintó a la Virgen de Guadalupe porque quería hablar
con ellos. Quería hablar su mismo idioma.
Vean a la Virgen, vean su ropa. La
ropa de la Virgen es el lenguaje de señas. Yo pienso que Dios,
también hoy, está usando el lenguaje de señas para hablar no
solamente con los sordos, sino con todas las personas que están
aquí oyendo esta homilía.
Dios nos ama mucho, muchísimo. Pienso
que cuando, de diferentes partes del mundo, venimos aquí a reunirnos.
Dios hace realidad una profecía de Isaías que dice: “llegará
el día en que los sordos oirán la palabra de la Biblia”.
Hoy Dios está cumpliendo esa profecía aquí. Es hermoso, sorprendente.
Por eso todos debemos dar gloria a Dios, bendecir su nombre,
porque Él es bueno.
No puedo predicar mucho por la hora.
Pero una última cosa. Todos los sacerdotes que están en el encuentro
trabajando con nosotros, tienen una historia, yo también. Unos
esposos, un hombre y una mujer, tenían un hijo pequeño. Eran
pobres, debían trabajar fuertemente. El hombre trabajaba levantando
puentes sobre un río. Un día el hombre tomó al niño, a su hijo,
y se lo llevó al trabajo para que le acompañara.
El hombre se sentó y desde ahí veía el puente subir y bajar.
Esperaba a que los barcos pasaran para levantar el puente. El
niño estaba alegre jugando a su alrededor. El hombre lo olvidó
por tanto trabajo.
Le avisaron que venía un barco; entonces se preparó para levantar
el puente. El puente empezó a levantarse; pero al mismo tiempo
se acordó de su hijo y lo empezó a buscar y a buscar; y no lo
encontraba, no lo veía.
El barco se estaba acercando y el puente se estaba elevado.
Él paró el puente y empezó a buscar a su hijo y lo encontró.
El niño estaba entre los engranajes del puente, el padre pensó:
qué es esto, cómo hago. Empezó a preocuparse.
El barco cada vez se acercaba más y si el puente no se levantaba
las personas en el barco morirían y si se levantaba el niño
moriría, y pensó: ¿cómo? ¿cómo hago? Entonces, el capitán del
barco le volvió a pedir que, por favor, levantara el puente
rápido porque iban a chocar. Las personas dentro del barco estaban
asustadas, veían el puente, no sabían que iban a hacer. El hombre
cerró los ojos, se concentró y levantó el puente. El niño quedó
atrapado entre el engranaje, murió.
Pensemos: ¿El hombre es malo porque
mato a su hijo? Esta historia es nuestra historia, la de todos
nosotros, oyentes y sordos, todos vamos en ese barco. Dios Padre
es el hombre que maneja el puente, que entregó a su Hijo único,
Jesucristo, a la muerte en la cruz por nosotros.
Igual que en el barco no sabían que el hijo de ese hombre estaba
ahí; hoy muchas personas no saben que Jesucristo murió por cada
uno de nosotros. Muchos sordos todavía no saben que Jesús murió
en la cruz por amor a nosotros.
El sábado todos regresamos a nuestra
casa, alegres, volvemos a comer nuestra comida. Por ejemplo:
yo iré a Venezuela. Pero lo importante es que todos volvamos
a casa a decir que Jesús murió y resucitó por nosotros. Amén. |
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