Queridos hermanos, Señoras Canónigos del Cabildo de Santa María
de Guadalupe, estimados hermanos sacerdotes, hermanas religiosas,
religiosos, queridos hermanos laicos, llenos de alegría y amor
nos hemos congregado aquí para celebrar esta Eucaristía y agradecerle
a Dios su misericordia de habernos dado a su propio hijo que
nos ha liberado del mal a través de su sacrificio en la cruz
y por su Resurrección nos ha dado la nueva vida.
La vida de Dios en cada uno de nosotros desde el día de nuestro
santo bautismo y asi hemos formado parte de este nuevo pueblo
de Dios, la Santa Iglesia y hoy dentro de este tiempo alegre,
festivo de la pascua, de la alegría de la Resurrección de
Cristo. Estamos aquí reunidos también con otro gozo, por la
presencia de estas Reliquias de Santa María Margarita de Alacoque,
ella viene como instrumento de Cristo Jesús para que Él sea
mayormente conocido, amado y propagado en toda nuestra república
mexicana.
La Palabra de Dios en el Santo Evangelio, nos habla de como
nuestro Señor Jesucristo después de haber hecho la multiplicación
de los panes, se embarcaba con aquellos Apóstoles, pero no
ingreso inmediatamente a la barca, sino dejó que ellos se
fueran por delante, para darles una muestra de su divinidad
y así cuando el viento arreciaba en aquel lago se hizo presente
Él caminando sobre las aguas y ellos se asustaron, a nadie
habían visto caminar de esa manera sobre las aguas, pero nuestro
Señor Jesucristo les dijo: no teman soy yo, y esas palabras
manifiestas la existencia sin limites, sin principio ni fin
del Hijo de Dios, de nuestro Señor Jesucristo.
Él quiso manifestarles ahí su divinidad y ellos creyeron en
Él reconocieron que era el enviado de Dios para salvar a la
humanidad y así ahora nosotros estamos disfrutando de la presencia
de estas Reliquias de primer grado, porque son Exosivus,
ya que se encuentran: dos clavículas, dos costillas, parte
del cráneo de la misma; sabemos que ella desde el siglo XVII.
Nació en 1647, ingresó a la Orden Religiosa fundada por San
Francisco de Sales, Santa María de la Visitación y en 1673
empezó a recibir esas revelaciones, descubrió que Cristo Jesús
la había elegido para comunicarle el mensaje de amor para
toda la humanidad y así ella con su humildad y por su vivencia
fiel de la voluntad del Señor sobre todo a través de su vida
que fue enfermiza, estuvo manifestando una unidad estrecha
con Cristo en la cruz, de manera que tuvo una semejanza en
su vida muy grande y creemos que por eso Nuestro Señor Jesucristo
la fue modelando para hacerla su confidente, su mensajera
especial, para dar a conocer su amor a toda la humanidad y
así fue como el 1675 recibió una revelación muy grande en
donde nos dio el Sagrado Corazón a través de ella las promesas
del Corazón de Jesus para que todos aquellos fieles a su vida
a su seguimiento, fieles discípulos de Él.
Y nosotros hemos conocido la consagración de todas las familias
al Sagrado Corazón de Jesús, la consagración para todos aquellos
elegidos por el mismo Cristo para servirle a Él y la Iglesia,
para todos aquellos que se unen a Él por amor y que tratan
de imitarlo y difundirlo. Y que esta ha sido una experiencia
muy grande que hemos vivido, aunque últimamente ha disminuido
esa devoción, esas acciones santificas.
La celebración de esos nueve primero viernes, sobre todo en
la parte poniente de nuestra República Mexicana, por el Bajío,
las costumbres que nos dejan un testimonio bonito de aquellos
sacerdotes tan entregados al servicio a la gente, como tenían
sus organizaciones para las confesiones de la gente que pudiera
hacer ese viernes primero. El lunes confesaban a las señoritas
del pueblo, el martes a las señoras, el miércoles a los niños,
a los jóvenes, señores del pueblo y de las rancherías porque
era una devoción extendida en todas las familias de las parroquias
y el jueves las confesiones eran solo para las familias que
venían desde las rancherías.
El señor cura y los sacerdotes promovían que las familias se
hospedaran en los hogares, a aquellas que venían a esa devoción
de realizar el viernes primero, las confesiones. Esta devoción
atraía a todos los miembros de la parroquia y hacían fiesta
el jueves en la noche en la plaza principal del pueblo, y
el viernes muy tempranito participaban en la Eucaristía de
la Sagrada Comunión para regresar a sus hogares, tareas y
dar testimonio de Cristo Resucitado.
Estas devociones han disminuido y ahora la presencia de estas
Sagradas Reliquias va a reavivar, renovar, promover ese amor
a Cristo Resucitado y hay unas veinte diócesis que han solicitado
le presencia de estas Reliquias con la finalidad de que conozcan
a Cristo Salvador en esas diócesis y en toda la república
mexicana. Esta es una bendición y una Gracia de Dios muy grande
para nuestro pueblo mexicano que tanto requiere de la unidad
de nuestras familias en nuestros hogares que de veras vallan
siendo iglesias domésticas en donde se sigan enseñando los
valores humanos y cristianos.
Tanto requiere nuestro país, esa difusión de Cristo Rey en
todos lo hogares católicos y en todos aquellos en los que
hay que ir como misioneros, especialmente nosotros en esta
Arquidiócesis perseveramos en la misión permanente, que este
acontecimiento ojala sea de esa promoción de Cristo Resucitado
a través de la evangelización, la catequesis y también de
las celebraciones Eucarísticas.
Así oíamos también a los Apóstoles, como en aquellas comunidades
que iban creciendo y que tenían muchas necesidades sociales
le pedían a la comunidad: elíjanos a siete varones llenos
del Espíritu Santo, de sabiduría y de buena reputación en
el pueblo para que les impongamos las manos y ellos se dediquen
a ese servicio de las viudas, de los más necesitados y nosotros
apóstoles nos dedicaremos a la oración y al servicio de la
palabra de Dios.
Así nosotros también dedicados los sacerdotes, las religiosas,
los religiosos y todos aquellos laicos capacitados y comprometidos
en esa difusión de nuestro Salvador Jesucristo. Y así tenemos
también la dicha de poder renovar la consagración a Cristo
Rey. El día 23 de junio fiesta del Sagrado corazón; precisamente
ayer los obispos de nuestro Episcopado Mexicano aceptaron
el que se hiciera la renovación en el Cubilete, Guanajuato,
en esa fecha y algunos obispos que no pudieron acudir que
lo hicieran en su propias diócesis, porque esta Consagración
de México a Cristo Rey se hizo allá en el Congreso Eucarístico
en 1924 y ahora tenemos esta alegría de poder llevar a cabo
esta Consagración de todas nuestras familias y de todo México
a Cristo Rey.
Así agradecemos al Señor este inmenso beneficio y le pedimos
que nos ayude para que todos seamos instrumento de sus manos
para seguir difundiendo a nuestro Salvador, Jesucristo Resucitado
y que Nuestra Santísima Madre, Santa María de Guadalupe reciba
nuestro agradecimiento, nuestras peticiones humildes, sencillas
de que todo nuestro México persevere en esa unidad a su Hijo
Jesucristo y a su Santa Iglesia. Que así sea.