|
Cuarta
Aparición: La Imagen en la Tilma
(N. M. vv. 181-193)
Y en ese momento desplegó
su blanca tilma, en cuyo hueco, estando de pie, llevaba las
flores. Y así, al tiempo que se esparcieron las diferentes
flores preciosas, en ese mismo instante se convirtió
en señal, apareció de improviso la venerada
imagen de la siempre Virgen María, Madre de Dios, tal
como ahora tenemos la dicha de conservarla, guardada ahí
en lo que es su hogar predilecto, su templo del Tepeyac, que
llamamos Guadalupe. Y tan pronto como
la vio el señor Obispo, y todos los que allí
estaban, se arrodillaron pasmados de asombro, se levantaron
para verla, profundamente conmovidos y convertidos, suspensos
su corazón, su pensamiento.
Y el señor Obispo,
con lágrimas de compunción le rogó y
suplicó le perdonara por no haber ejecutado de inmediato
su santa voluntad, su venerable aliento, su amada palabra.
|
|