Inicio
del Culto
(N. M. vv. 209-214)
Y en seguida traen a Juan
Bernardino a la presencia del Señor Obispo, para rendir su
informe y dar fe ante él.
Y a ambos, a él y a su sobrino, los hospedó el Obispo en su
casa unos cuantos días, durante todo el tiempo que se erigió
el templecito de la Soberana Señora allá en el Tepeyac, donde
se dignó dejarse ver de Juan Diego.
Y el señor Obispo trasladó a la Iglesia Mayor la preciosa
y venerada imagen de la preciosa Niña del Cielo.
Tuvo a bien sacarla de su palacio, de su oratorio, donde estaba,
para que toda la gente pudiera ver y admirar su maravillosa
imagen.
Absolutamente toda la
ciudad se puso en movimiento ante la oportunidad de ver y
admirar su preciosa y amada imagen.
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