Salve, tú
que nos revelaste y entregaste a tu Hijo precioso.
Salve, Hija
de tu Hijo, Virgen siempre intacta, Madre nuestra
amada.
Salve, Raíz de la Raíz del mundo, en Quien
todo se funda,
Salve, Vida
de Aquel por Quien todos vivimos.
Salve, tú
que al Creador de toda persona engendraste,
Salve, en
que tu seno acogiste a Quien todo lo abarca,
Salve, Dueña
del Dueño del cerca y del junto,
Salve, Señora
del Señor de los cielos y tierra.
Salve, tú
que mucho anhelaste, que en deseos ardías de morar con nosotros,
Salve, tú
que al pedir un templo para tu Hijo, Dios de la Vida, hiciste
revivir a nuestros padres indios,
Salve, tú
que en él a Él nos entregas, a Quien es tu Amor
todo, tu Compasión, Auxilio, tu Salud.
Salve, tú
que en él continúas tu presencia amorosa.
Salve,
¡Flor de las flores!
Salve, ¡Señora
y Niña nuestra!
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