InicioPeticionesAparicionesOracionesHomilíasEstudiosSan Juan DiegoSantuario
     
Inicio> Akáthistos >Tercera Entrevista
   
 

Tercera Entrevista con Zumárraga
(N. M. vv. 147-163)

Y al llegar al palacio episcopal le salió al encuentro el mayordomo e incluso otros criados del señor Obispo.  Y les rogó que por favor le dijeran que quería ver lo; pero ninguno accedió, no querían hacerle caso, quizá porque aún no amanecía, o quizá porque ya lo conocen, que sólo los fastidia, que les es insoportable, y porque ya les habían hablado de él sus compañeros que lo habían perdido de vista cuando pretendieron seguirlo. Muy largo tiempo estuvo esperando la respuesta, y cuando vieron que llevaba ahí tan largo rato, cabizbajo, sin hacer nada, a ver si era llamado, notaron que al parecer traía algo en su tilma, y se le acercaron para ver lo que traía, para dar gusto a su corazón.

Y al ver Juan Diego que era imposible ocultarles lo que llevaba, y que por eso lo molestarían, lo expulsarían a empellones o lo maltratarían, un poquito les mostró que eran flores. Y al ver que se trataba de diversas y finísimas flores, siendo que no era su tiempo, se asombraron muchísimo, y más al ver cuán frescas estaban, cuán abiertas, cuán exquisito su perfume, cuán preciosas, y ansiaron coger unas cuantas, arrebatárselas. y no una, sino tres veces se atrevieron a agarrarlas, pero fracasaron, porque cuando pretendían tomarlas, ya no podían ver flores, sino las veían como pinturas, como bordados o aplicaciones en la tilma.

Con eso, en seguida fueron a decirle respetuosamente al Señor Obispo lo que habían visto, y que pretendía verlo el indito que ya tantas veces había venido, quien tenia mucho esperando el recado, porque suplicaba permiso para verlo.

Y tan pronto como el Señor Obispo escuchó eso, captó su corazón que esa era la prueba para que aceptara lo que ese hombre había estado gestionando. De inmediato se sirvió llamarlo, que enseguida entrara a casa para verlo.

Y cuando entró, Juan Diego se prosternó en su presencia, como toda persona bien educada. Y de nueva cuenta, y con todo respeto, le narró todo lo que había visto, admirado, y su mensaje.

Salve, Sembradora del Xochitlalpan paraíso de nuestros mayores.
Salve, por ti el más árido y gélido risco florece.
Salve, Flor entre flores, en las que nuestros padres indios tan claro vieron tu amor y tu verdad.
Salve, Sol que funde el hielo de nuestro pecado y cobardía.

Salve, tú que consagraste el amor indio por las flores, al darnos las tuyas.
Salve, tú que con tus amorosas manos sabes acariciar y reacomodar las que tus hijos te ofrecen.
Salve, tú que pusiste toda tu confianza en uno de los nuestros.
Salve, tú que mandas que, con sumo detalle, todo al Obispo, tu Hijo en nuestra tierra, se reporte.

Salve, tú que su autoridad confirmaste impidiendo que nadie antes que él tuviera acceso a tu señal florida,
Salve, tú que con eso franqueaste el acceso a tu mensajero,
Salve, tú que evangelizaste al evangelizador a través de tu enviado,
Salve, tú que así a todos nos compartiste cuanto él había visto, admirado y oído.

Salve, ¡Flor de las flores!
Salve, ¡Madre y Niña nuestra!

 
 
Imprimir PaginaAgregar a FavoritosMapa del SitioContáctenosPágina anterior
 
© 2001-2007 Insigne y Nacional Basílica de Santa María de Guadalupe.
Derechos Reservados