Nuestra
Señora de Guadalupe nos desafía a amar, a asumir y a respetar integralmente los
modos de ser comunes y singulares; para así construir juntos, en la fidelidad a las buenas
herencias, en la consideración de las circunstancias presentes
y abiertos a su consumación en el cielo,
un futuro más pleno en la
historia. Para lograr vivir y plasmar lo anterior, necesitamos
recibir y compartir, encarnando obras de misericordia, los
regalos de Dios.