"En
nuestros pueblos, el Evangelio ha sido anunciado, presentando
a la Virgen María como su realización más
alta. Desde los orígenes -en su aparición y
advocación de Guadalupe, María constituyó
el gran signo, de rostro maternal y misericordioso, de la
cercanía del Padre y de Cristo con quienes ella nos
invita a entrar en comunión. María fue también
la voz que impulsó a la unión entre los hombres
y los pueblos. Como el de Guadalupe, los otros santuarios
marianos del continente son signos del encuentro de la fe
de la Iglesia con la historia latinoamericana”