Nuestra
Señora de Guadalupe, ayudada por sus “Juan Diegos” y en relación con la
misión de la Iglesia Católica, se revela como un paradigma de evangelizadora y de evangelización
inculturadas. El modo de ser de Ella, la finalidad
que busca y el medio que utiliza para alcanzarla, armonizan
e integran dualidades complementarias, muy animadoras, fecundas
y orientadoras, para que hoy podamos colaborar a la bienaventuranza de todos, siendo amables,
y sembrando caminos de generalizado diálogo y protagonismo.

Que nuestras comunidades y personas integren ternura que contenga y autoridad que gobierne,
para que así nuestro servicio misionero dignifique
y desafíe a crecer integralmente, con una
actitud y mensaje a la vez suave
y firme, que recupere
y conduzca a plenificar lo propio de todos
y cada uno, es el perfil
de evangelizador inculturante encarnado por Nuestra Madre
y que Ella nos anima a vivir.