Encarnar actos de fe, esperanza y caridad, tales como tener una
actitud
amical para con todos (especialmente con los más
pobres), contar
la historia de las apariciones, y portar y regalar las imágenes
de Nuestra Señora de Guadalupe y de San Juan Diego Cuauhtlatoatzin;
nos ayudan a vivir y compartir el milagro del Tepeyac
hoy. Imploremos la gracia de ser embajadores y enviados muy
dignos de confianza.