Cada
uno de los días de este novenario de las apariciones de Nuestra
Señora de Guadalupe, se fundamenta en el Nican mopohua (en
castellano significa “Aquí se narra”), que es el relato que
las cuenta y es considerado su más autorizada descripción en
escritura fonética. El indio Don Antonio Valeriano es el autor
de esta auténtica joya literaria y verdadero relato, que nos
presenta la visión indígena de los hechos originarios de dicha
visita (ocurridos entre los días 9 y 12 de diciembre de 1531
en México) y sus consecuencias inmediatas (y permanentes, en
cuanto siguen ocurriendo).
En
torno a esta historia, cuyo texto distribuimos y vamos leyendo
en cada jornada, incluimos explicaciones de su sentido profundo.
Al leer o comentar las mismas, es conveniente partir de mostrar
como es posible escuchar o leer lo mismo, en la escritura con
glifos o dibujos, que es la Imagen-Códice, no pintada por mano
humana, de Nuestra Madre de Guadalupe. Ojalá, próximamente y
para facilitar la implementación de dicha recomendación, podamos
costear una edición con fotos y gráficos a color, que nos permitiera
insertar lo anterior en el corazón de este libro. Es que es
realmente conmovedor e impresionante, lo hemos comprobado fehacientemente,
lo que suscita y provoca en los participantes de la plegaria
la evidencia de dicha vinculación.
A
continuación desprendemos, partiendo de ese explicitado sentido
profundo de las apariciones, ruegos de gratitud y de petición,
a los que nos abre en nuestro hoy lo que el relato nos dice.
Vinculado a lo anterior, proponemos intercalar momentos para
compartir comentarios o interrogantes, tiempos de silencio y
de canto, como así también la realización de gestos de veneración,
súplica o consagración y de obras de misericordia.
Veremos
que el texto del Nican mopohua y la serie de propuestas
de acción, bien concretas, para hacerlo historia en este tiempo,
es lo que se quiere enfatizar, lo más importante, y por eso
se presentan recuadrados. Se busca colaborar a que la devoción
sea realmente la entrega y ofrenda de nuestro ser y voluntad
a la de Dios, y no un mero momento aislado e individualista
de concentración sólo intelectual. Se busca incentivar a hacer
camino, como comunidad, desde la fe, la esperanza y la caridad,
para embellecer y perfeccionar, modos de ser, vocaciones, posibilidades
y ocupaciones, ya sean colectivas o de alguien en particular.
Todo intenta, en congruencia con lo ya enunciado en esta obra,
que nos dejemos y las dejemos empapar, contagiar lo más posible,
en la interrelación con Nuestra Señora de Guadalupe y sus “Juan
Diegos”, por el modelo de Ella y de ellos; es decir, por
un tipo humano, pedagógico y eclesial, de amor, donación y dignificación,
vigente y desafiante, con tanta relevancia para este tiempo,
como sencillo, efectivo y emocionante.
Sin
duda, lo sugerido para cada día se constituye en un conjunto
de elementos o instrumentos, que pueden o no tomarse en su totalidad,
o asumirse o desplegarse por partes, en novenarios o jornadas
de diferentes meses. De la misma manera,
cada momento, gesto o acción propuesta, puede redistribuirse
y concretarse de diferentes formas, o ser reemplazado por otros
más acordes a cada circunstancia; bien sea que se rece esta
Novena en forma grupal o personal, dentro de la Santa Misa o
asociada con el Santo Rosario, o cómo a cada uno se le ocurra
que pueda ser más conveniente su realización, según el específico
contexto en que se la utilice.
Ojalá
que este material sea críticamente recibido y reinterpretado
por diversos miembros del Pueblo de Dios, que seguramente lo
podrán mejorar mucho. En todo caso, siempre serán necesarias
decisiones prudenciales, vinculadas o no con las ya mencionadas,
que en cada situación cultural, y para que no se contradiga
lo que el mismo expresa, lo adapten y lo hagan pastoralmente
más fecundo. Quiera Nuestra Madre también, que nos compartan
o lleguemos a conocer, al menos algunas de esas decisiones y
experiencias, para poder también hacer crecer con ellas nuestras
praxis y modos de ser.