Se
constituye entonces también, la maternidad, proceder y deseo
de Nuestra Madre de Guadalupe y la obediencia de Juan Diego,
en una posibilidad y modelo de inculturación del mensaje cristiano,
en cualquier época y sitio, que puede existencialmente orientarnos
a colaborar a la armonía general, ofreciendo mejor a todos
los pueblos el único Evangelio. Que puede ayudarnos a extender,
con la eficaz pedagogía que nos muestran Ella y los receptores
de su visita, las raíces del Pueblo de Dios en los diferentes
suelos culturales. Diversificando de esta forma la experiencia
cristiana, según las potencialidades de cada uno de ellos,
y fecundando a la vez las riquezas intrínsecas de dichos suelos,
al proponerles y propiciar su intercompenetración con Cristo.
Con
tal incentivo y su consecuente motivación, como resultado
de las vivencias y reflexiones que especificábamos -hace ya
un tiempo- en la Parroquia Nuestra Señora de Guadalupe y Santa
Rosa de Lima (de la ciudad y querida Diócesis de San Nicolás
de los Arroyos), en un intento concreto por dejarnos educar
por Nuestra Madre y los más sencillos, por la Amada Niña Celestial
y sus “Juan Diegos”, por su integral, inculuturada
e inculturante palabra y proclamación, comenzamos a hacer
experiencia de este novenario que hoy podemos imprimir.
Es
libro de oración, fruto de años de plegarias e investigaciones
comunitarias y personales, que sale a la luz luego de varias
etapas de trabajo y ante la amable y valorada solicitud de
amigos y conocidos. Sin ese estímulo y aliento, esta Novena,
tal vez nunca hubiera sido difundida de este modo, pues varias
veces hemos sentido la tentación de claudicar ante la enorme
dificultad que implicó cada instante de su escritura. Parecía
que nunca se terminarían de armonizar, al menos provisoriamente
como ahora, sus partes y contenidos.
El
hecho de esta publicación, es también una oportunidad de reconocer,
una vez más, la ayuda y enseñanzas recibidas por parte de
muchísimas personas, que Dios, en su Providencia, me regaló
conocer a lo largo de los años. Sin su generosidad, hospitalidad,
consejo y colaboración intelectual, jamás hubiera podido concretar
este aporte, como así tampoco, en su momento, los estudios
que lo sustenta.
Ponemos
de esta forma, al servicio, un instrumento de probados resultados
entre las comunidades en las que ya hemos podido compartirlo,
que permite enamorarse o enamorarse más, en la imitación y
en la oración, de lo que Nuestra Señora de Guadalupe y San
Juan Diego Cuauhtlatoatzin iniciaron y siguen haciendo
desplegar. Ojalá que pueda ser de ayuda también en otros lugares,
con el fin suplicar y recibir las gracias suficientes y eficaces,
para encarnar lo que nos comunican Nuestra Madre y sus embajadores
dignos de confianza; y, de este modo, posibilitar una comprensión
más honda del siempre actual acontecimiento guadalupano.
Se
trata de una propuesta que, considerada en su conjunto y desde
una terminología pedagógica, podemos describirla como una
auténtica aula taller. La distribución y organización temática
de los nueve días podría servir como base para ordenar no
sólo transmisiones en contextos informales (fuera de los sistemas
educativos oficiales y sean sistemáticas o no), sino también
hasta para crear una Cátedra Guadalupana, de cualquier nivel
de educación formal, incluso el universitario (de grado o
posgrado).
Con
mucha esperanza, presentamos entonces este material no cerrado,
de vida y oración, implorando sea un medio que colabore a
abrirnos más y más, a una existencia y pedagogía profundamente
arraigada e inspirada en el don de Dios, en la visita de la
Virgen, en el testimonio de los más pobres y en el ser su
Pueblo entre pueblos. Ojalá que en nuestra vinculación con
Nuestra Señora de Guadalupe, con San Juan Diego Cuauhtlatoatzin
y con todos nuestros hermanos más pequeños, aprendiendo de
ellos, podamos aproximarnos a ser diálogo total, que es el
piso común y el camino de realización de todo lo anterior.