Divino Salvador, que te sentaste junto con los
maestros de la ley, te confiamos nuestros hijos mientras están
en la escuela. Infunde en ellos el espíritu de sabiduría;
abre sus inteligencias, a fin de que te conozcan cada día
más, y aprendan los conocimientos que necesitan para su
vida terrena y eterna.
Concédeles las virtudes de la obediencia y la diligencia.
Que aprecien y amen a sus maestros y compañeros. Y que
día tras día crezcan como tú en edad, sabiduría
y gracia ante Dios y ante los hombres.
Amén.