Jesús, tus manos y tus pies fueros traspasados.
Traspasado también fue tu lado. Todo fue traspasado para
que fuésemos sanados, para que nuestro cuerpo, templo del
Espíritu Santo, fuese purificado.
Jesús, por tu paciencia en los sufrimientos
¡danos la cura! Sana de la impaciencia a nuestros enfermos
y a los que los socorren. Tú sabes que sufriendo se pierde
la calma. Devuélvenos el amor, para que podamos soportar
el dolor, como Tú mismo lo soportaste.
¡Jesús, Hijo de David, ten piedad
de nosotros!
Jesús obedecías al Padre, oías su Palabra
y lo glorificabas con tus labios. Restitúyenos los oídos
y el habla.
Oh María de Guadalupe, como Madre cariñosa,
envuélvenos, prepáranos, lávanos y purifícanos,
para que estemos preparados para servir a nuestro Señor
y que seamos disponibles entre nosotros.
(Rezar: Padrenuestro, Avemaría y Gloria)