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Oración del apóstol

Señor, tú has dicho, que debemos ser la sal de la tierra. La sal da sabor a los alimentos. Ella impide que la corrupción penetre o sea extendida. Pero, si ha de ser útil, tiene que conservar su fuerza.

Señor, yo debo ser la sal de la tierra; debo comunicar a los hombres gusto por la vida, atrayéndolos a tu servicio; debo enseñarles que el trabajo, unido al tuyo, no es amargo, ni el sufrimiento, ni la pobreza, ni la incomprensión.

 

 
 
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