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Apariciones
Primera aparición: cercanía y nombres divinos

Belleza divina

La narrativa del Nican mopohua asocia a la persona y proceder de Nuestra Señora de Guadalupe realidades hierofánicas, o que manifestaban lo sagrado, tales como: «... monte, cantos, pájaros, el sol y sus rayos, piedra y nopal, jade, plumas preciosas, resplandores, tierra, niebla, arcoiris, mezquites, esmeraldas, turquesas, espinas...» [1] .

Aquí fijamos nuestra atención en dos de ellas, desechadas por los españoles, pero puestas por nuestra Señora de Guadalupe al servicio de la manifestación de la cercanía de Dios. La

«...palabra ‘quetzalli’= ‘pluma preciosa’, [...] significa metafóricamente ‘tesoro’, ‘riqueza’, ‘padre’, ‘madre’, ‘hijo’ y, en fín, todo lo que precioso y muy querido, pues, junto con el jade[...] eran la máxima belleza y la máxima riqueza. El difrasismo ‘In chalchíhuitl in quetzalli’ = ‘Jade y Pluma preciosa’, no sólo expresaba algo bello, sino la belleza misma, es decir: Dios [2]

Según mirada de los frailes, «...su principal idolatría siempre se fundó en adorar estas piedras, juntamente con las plumas, a las cuales llamaban ‘sombra de los dioses’» [3] . Pero en la presencia en el Tepeyac de los componentes de este difrasismo está ligada no sólo con creencias indias, sino también con el Dios cristiano, simbolizándolo y remitiendo a Él, en cuanto artífice pleno de todo lo precioso y bello.

Así, Nuestra Señora se presenta con «...su venerable aureola como jade precioso...» [4] y, además, transforma la vegetación del cerro de las apariciones en esmeraldas, que les eran muy apreciadas a los indios y las traían desde muy lejos y con mucho esfuerzo, precisamente por parecerse al jade precioso [5] .

«Las esmeraldas que se llaman quetzaliztli [...] son preciosas, de mucho valor, llámanse así porque quetzalli quiere decir pluma muy verde, y iztli piedra de navaja, la cual es muy pulida y sin mancha ninguna, y estas dos cosas tiene la buena esmeralda, que es muy verde, no tiene mancha, y muy pulida y transparente, es resplandeciente» [6]

En vinculación con lo anterior, la afirmación de que «...la tierra como que relumbraba con los resplandores del arcoiris en la niebla...» [7] , está remitiendo al ópalo mexicano y a su homónimo náhuatl, el colibrí, a los cuales relacionaban con aquél.

El ópalo, mineral de diversos colores, «...llamado ‘pedernal de colibrí’ desde luego se produce y cría con multitud de matices: blanco, verde, color de fuego, o si no, como estrella, como arco iris. No más con un poco de arena se raspa y se pule» [8] .

De este modo el arco iris simbolizaba a la vez el arte de las piedras y el de las plumas preciosas con todo su significado religioso. Agregamos con respecto al pájaro, que incluso los españoles se impresionaron de cómo lo llamaban los indios y lo usaron para hablar de Cristo y su resurrección [9] :

«...no tiene más cuerpo que un abejón, pico largo y delgado. Mantiénese del rocío, miel y licor de flores, sin sentarse sobre la rosa; la pluma es menuda, linda y entrecolores; précianla mucho para labrar con oro, especialmente la del pecho y pescuezo; muere o adormécese por octubre, asido de una ramita con los pies, en lugar abrigado; despierta o revive por abril, cuando hay muchas flores, y por eso lo llaman el resucitado y por ser tan maravilloso hablo dél.» [10]

Claro que los europeos no comprendieron su referencia a la divinidad prehispánica, y a la aspiración de los indios de ofrendar gloriosamente su sangre en la guerra, para redimir y resucitar. Desde la mirada de los antiguos mexicanos, esto era tan así, que anhelaban ser como esas joyas volantes o seres divinos que vivían de flores, y que inequívocamente hacían presente a Dios y a sus profundos deseos de imitarlo [11] .

 

Nombres indios de Dios

Nuestra Señora de Guadalupe es además presentada por el Nican mopohua aceptando, aprovechando y haciendo crecer, denominaciones y conceptos sobre dios de la América prehispánica. Recordemos que para los indios, dichos términos y sus connotaciones, eran necesarias creaciones de la finitud humana, incapaz de entender y expresar la maravillosa armonía y unicidad del único ser supremo. Conformaban así un universo de nombres, que ellos atribuían a los diferentes aspectos de la realidad divina, tratando de expresar sintéticamente lo que intuían y concebían de su naturaleza. De entre ellos, son puestos en labios de Ella cinco títulos prehispánicos que utiliza para referirse a su Hijo, y cuyo sentido se aproxima al de la concepción cristiana del único eterno. Los mismos no sonaron mal a oídos españoles, que no entendían su referencia al mismísimo dios de los indios, cosa que sí percibieron estos últimos y los hizo sentir muy felices [12] .

Cuatro de dichos nombres divinos, que eran portadores de conceptos elaborados por los antiguos sabios indios y mencionados por

«...la Señora del Tepeyac, son: ‘In Tloque in Nahuaque’, ‘Señor del cerca y del junto’,  ‘Ipalnemohuani’, ‘Causante de toda vida’,  ‘[...] Teyocoyani’, ‘Creador [...] de todos’, y ‘Totecuiyo in Ilhuicahua in Tlaltipaque in Mictlane’, ‘Nuestro Señor, dueño del Cielo, de la Tierra y del Infierno’» [13] .

Con respecto a los dos primeros, su sentido es complementario, In Tloque in Nahuaque es un difrasismo que hace referencia «...a la soberanía y a la acción sustentadora de...» [14] dios y destaca que «...es cimiento del universo, que todo está en él ...» [15] ; mientas que Ipalnemohuani, subraya su función generadora expresando que él «... concibiendo en sí mismo el universo, lo sustenta y produce en él la vida» [16] ; alude así a su «...función vivificante, o si se prefiere, de ‘principio vital’...» [17] , atribuyéndole  el origen de todo movimiento y vida. Teyocoyani es un participio presente «...del verbo yucuya o yocoya: idear, forjar con el pensamiento...» [18]   y significa “el que pensando da el ser a todos los demás”.

«...Del último nombre: ‘Totecuiyo in Ilhuicahua in Tlaltipaque in Mictlane’, no hace falta sino traducirlo, pues habla por sí solo: ‘Nuestro Señor, dueño del Cielo, de la Tierra y del Infierno’. La traducción es literal, y como comentario basta confrontrarlo con Fil. 2, 10.» [19]

Ella hace referencia así y de modo inculturado, a la inmanencia y trascendencia del ser supremo; y a su ser causa, creador y dueño de toda realidad y vida. Es en el contexto de su acción y palabra cuando «...se empieza a encarnar el Dios cristiano de los evangelizadores en el concepto antiguo, al decir que es el mismo...» [20] , al insistir en identificar a Ipalnemohuani o “El que nos da la vida” con In nelly Teotl , “el verdadero Dios, el Dios con raíz” [21] . Ya desde el segundo versículo

«...se menciona al primero de los asombrosos nombres de Dios :  I-pal-nemohua-ni, dejando claro que no se trata de ninguno de los ‘ídolos’ que los españoles veían en todas partes, sino asignándolo inequívocamente al ‘huel nelli Téotl Dios’, al ‘verdaderísimo Dios-Dios’.» [22]

En el mencionado versículo, la utilización de la palabra castellana “DIOS” (así, con mayúsculas) en el texto original, luego de dichos nombres divinos y como su sinónimo, busca reforzar el mismo objetivo de aproximar las experiencias religiosas de indios y españoles y de explicitar la unicidad de Dios [23] . Todo ello referido a la luz de lo experimentado y expresado por su Madre en el acontecimiento inicial del fenómeno guadalupano, que vinculaba a ojos indios a su divinidad de siempre, con el fruto bendito del vientre de Aquélla.

Además, reforzando nuestras afirmaciones, y si bien la Señora no lo utilizó explícitamente, recordando la asociación de su ser e intervención con el jade y su referencia a Dios, destacamos que también los indios lo denominaban «...‘Chalchiuhtlatonac’, ‘El que hace brillar las cosas como jade’...» [24] .

 

Breves ideas para ayudar a la apropiación

 Que sepamos asumir lo que en las diversas culturas y experiencias religiosas puede ayudarnos a acercarnos a ellas para hablar de Dios, la belleza por antonomasia, y a anunciar la muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo... 

   Que Nuestra Señora de Guadalupe nos haga crecer en el deseo de entregar nuestra sangre, nuestro servicio, por la vida del mundo...

   ¿Nos ocupamos en manifestar a Dios como alguien totalmente amoroso, siempre cercano a uestras circunstancias vitales e interesado por nuestro bien?...

  Teniendo en cuenta el ser uno y diverso de Dios (uno y trino), misterio inefable de amor y armonía, ¿nuestras siempre limitadas concepciones o reflexiones sobre Él, y las prácticas personales y eclesiales con las que intentamos profundizar y vivir el contenido de nuestra única fe, permanecen abiertas a otras diferentes praxis o modos de manifestar y de pensar lo que creemos?... 



[1] Guerrero Rosado, El Nican mopohua, t. I, p. 153.

[2] Guerrero Rosado, El Nican mopohua, t. I, p. 133.

[3] Duran, Historia de las Indias, t. II, cap. XXV, p. 206.

[4] Guerrero Rosado, El Nican mopohua, t. I, p. 155 y cfr. Rojas Sánchez, Nican mopohua, Versículo 19.

[5] Cfr. Guerrero Rosado, El Nican mopohua, t. I, p. 156 y 157.

[6] Sahagún, Historia general, lib. XI, cap. VIII, p. 693.

[7] Rojas Sánchez, Nican mopohua, Versículo 20.

[8] Sahagún, Historia general, adiciones al lib. IX, cap. III, p. 526.

[9] Cfr. Guerrero Rosado, El Nican mopohua, t. I, p. 156.

[10] López de Gómara, Historia, cap. CCXLVI , p. 331 y 332.   

[11] Cfr. Guerrero Rosado, El Nican mopohua, t. I, p. 133, 155 y 156.

[12] Cfr. Chitarroni, El modelo pedagógico, cap. II, subtítulo “Maestros y alumnos sagrados”, p. 120 a 127 y Guerrero Rosado, El Nican mopohua, t. I, p. 35 y 37.

[13] Guerrero Rosado, El Nican mopohua, t. I, p. 36.

[14] León-Portilla, La filosofía náhuatl, p. 168.

[15] León-Portilla, La filosofía náhuatl, p. 168.

[16] León-Portilla, La filosofía náhuatl, p. 168.

[17] León-Portilla, La filosofía náhuatl, p. 168.

[18] Guerrero Rosado, El Nican mopohua, t. I, p. 38.

[19] Guerrero Rosado, El Nican mopohua, t. I, p. 38.

[20] Siller Acuña, Para comprender, p. 59.

[21] Cfr. Siller Acuña, Anotaciones y comentarios, p. 143.

[22] Guerrero Rosado, El Nican mopohua, t. I, p. 116.

[23] Cfr. Siller Acuña, Anotaciones y comentarios, p. 141, 143 y 144 y Para comprender, p. 59.

     Efectivamente “Dios” sí está con mayúscula en el original impreso de Lasso de la Vega. Entrevista personal con Monseñor Guerrero Rosado, febrero de 2.003.

[24] Guerrero Rosado, El Nican mopohua, t. I, p. 36 y cfr. Rojas Sánchez, Nican mopohua, Versículo 19.

 Prólogo
 Introducción
Nican Mopohua

Nuestra
Señora de Guadalupe

 Madre Dios y de los hombres
Madre que ampara y conduce
Viva y presente en su imagen
Dialoga y hace actuar
Asume y hace crecer sentidos religiosos previos

San Juan Diego
Cuauhtlatoatzin

 Hombre de Dios, la Virgen 
y su pueblo

Mensajero digno de confianza

Fray Juan de
Zumárraga

Celoso y honesto pastor

Apariciones
Caracterización orientadora
1a: Cercanía y nombres divinos
2a: Maternidad atractiva y exigente
3a: Presencia que nos confirma
4a: Salvación y comunión


Fuentes

 
 
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Basílica de Guadalupe A.R.  2005