Apariciones
Tercera aparición: presencia que nos confirma
Nuestra Señora de Guadalupe
nos reanima
Nuestra Señora de Guadalupe luego de haber enviado (primera
aparición) y enérgicamente confirmado en su misión a Juan
Diego cuando quiso claudicar (segunda aparición), le asegura
el feliz éxito de la misma, recién en su tercer encuentro
con él, y luego de haberle pedido en los dos anteriores
un servicio que había exigido ya a él muchos esfuerzos y
sacrificios. Si bien nunca ha faltado la promesa de
recompensar los consecuentes cansancios, al darle esa certeza
Ella lo reconforta y reanima para que pueda continuar.
Juan Diego está con “Lupita”
El
siguiente artículo, en relación con el contexto de la tercera
aparición de Nuestra Señora de Guadalupe a San Juan Diego
Cuauhtlatoatzin, fue confeccionado a principios de
febrero de 2001, unos meses antes de la canonización de
dicho indio. En ese momento no fue publicado; hoy puede
ser adaptado a nuestras actuales circunstancias y convertirse
en una sugerencia más.
Hace
unos días y por regalo de Nuestra Señora de Guadalupe estoy
peregrinando en el Tepeyac. Soy argentino y me impresiona
fuertemente la actualidad de las siguientes palabras del
Nican mopohua, actualidad que conserva desde que
fue escrito por Don Antonio Valeriano.
“...Tan pronto como lo oyó Juan Diego, le dijo al Obispo:
"Señor Gobernante, considera cuál sería la señal que pides,
porque luego iré a pedírsela a la Reina del Cielo que me
envió".
Y habiendo visto el Obispo que ratificaba, que en nada vacilaba
ni dudaba, luego lo despacha.
Y en cuanto se viene, luego les manda a algunos de los de su
casa en los que tenía absoluta confianza, que lo vinieran
siguiendo, que bien lo observaran a dónde iba, a quién veía,
con quién hablaba.
Y así se hizo. Y Juan Diego luego se vino derecho. Siguió la
calzada, y los que lo seguían, donde sale la barranca cerca
del Tepeyac, en el puente de madera lo vinieron a perder.
Y aunque por todas partes buscaron, ya por ninguna lo vieron.
Y así se volvieron. No sólo porque con ello se fastidiaron
grandemente, sino también porque les impidió su intento,
los hizo enojar.
Así le fueron a contar al Señor Obispo, le metieron en la cabeza
que no le creyera, le dijeron cómo nomás le contaba mentiras,
que nada más inventaba lo que venía a decirle, o que sólo
soñaba o imaginaba lo que le decía, lo que le pedía.
Y bien así lo determinaron que si otra vez venía, regresaba,
allí lo agarrarían, y fuertemente lo castigarían, para que
ya no volviera a decir mentiras ni a alborotar a la gente.
Entre tanto, Juan Diego estaba con la Santísima Virgen...”
Mientras Juan Diego llega a
estar con “Lupita” la pintura del texto es sumamente nítida
y expresa una triste situación paralela. Personas en quien
el obispo puede confiar siguen las espaldas de Juan Diego
y lo vigilan, con la misión de espiar e informar sobre lugares
y personas que frecuentara.
Pero la mirada de los de la
casa episcopal pierde su eficacia y no puede operar en el
Tepeyac; y aunque ponen empeño en encontrarlo para
seguir observándolo, a partir de dicho sitio, no pueden
hacerlo. Probablemente, lo que ocurrió fue que como ellos
venían detrás y Juan Diego subió ilógicamente al Tepeyac,
desviándose de la ruta a su casa (la actual Calzada Misterios),
las curvas del camino les impidieron ver su ir a la cima.
De todos modos y «...pese
a que no podían dar fe de nada, inventan un “chivo expiatorio”de
su fracaso, diciendo no nada más calumniarlo de falsario,
sino agredirlo, si se les presentaba la ocasión».
Así, el fruto final de
la persecución llevada a cabo por los cercanos a Zumárraga,
que los manifiesta como hombres de bajos procederes y los
descalifica, es mentira que busca mantener y reforzar la
incredulidad; generando, por otro lado, propósitos violentos.
Los españoles, en general,
consideraban en ese momento mentirosos y semianimales a
los indios y en realidad algunos de
ellos eran los hipócritas e inhumanos según lo que transmite
el relato que citamos, una auténtica joya de la literatura
náhuatl que nunca pudo haber escrito un europeo.
El mismo prejuicio racista
se repite en los argumentos utilizados por Juan Bautista
Muñoz, un español que jamás conoció México y que en abril
de 1794 se convirtió en el primer impugnador pretendidamente
científico de la historicidad de las apariciones y sus protagonistas.
Su razonamiento, en pocas palabras, fue el siguiente: lo
procedente de los indígenas es enemigo de lo bueno y civilizado;
y si bien hay documentos de su autoría que prueban la realidad
del acontecimiento guadalupano, no valen como fuentes legitimadoras.
Pues,
«...¿Qué no es capaz de producir
la fantasía de los indios [..]? ¿Qué monstruos podrán compararse
a sus composiciones poéticas y pintorescas?. Sabido es que
los indios eran inclinados a visiones imaginarias, y que
para tenerlas procuraban embriagarse. ¿Será, pues, maravilla
que en el cerebro de algún fanático se representasen la
visiones de que tratamos?...
».
Idénticos fundamentos y análogas conclusiones son manifestadas
en el siguiente siglo por Don Joaquín García Icazbalceta,
el impugnador clásico de la historicidad de las apariciones
y sus protagonistas. Este gran y honestísimo historiógrafo
de México, que no quería que sus pensamientos dejaran de
ser un informe privado al Sr. Arzobispo Pelagio Antonio
de Labastida y Dávalos, descarta los documentos indígenas
porque «...los testigos indios siempre han sido propensos a las narraciones maravillosas,
y no muy acreditados por su veracidad...».
Ahora bien, como admiten
Muñoz y García Icazbalceta, no hay vacío documental que
impida probar la historicidad del hecho, sino conclusiones
(a veces procedentes de la buena fe) que parten de aprioris
que descalifican pruebas por su procedencia. Es decir, tanto
en el siglo XVIII como en el XIX, siguió siendo histórico
el prejuicio racista de aquellos perseguidores de Juan Diego.
Pero también que este indito seguía estando con Nuestra
Señora de Guadalupe. Y hoy también lo sigue estando y, primero
Dios, con todo el peso de su autoridad pontificia vendrá
pronto nuestro querido Juan Pablo II a afirmarlo en la canonización
de julio próximo.
Y en nuestros días también,
los Juan Diegos actuales siguen estando con la Madre y se
constituyen, portando la memoria de sus ancestros, en prueba
viviente de la veracidad de un acontecimiento que maravilla
a personas de todo el mundo.En el Tepeyac no hay
dudas, no operan miradas descalificadoras o epistemologías
reduccionistas, y ellos con su oración y dejándose “apapachar”
por Ella, se dedican a preparar una celebración de la que
ojalá nadie se quede afuera. La fiesta de Juan Diego siempre
estando con Nuestra Señora; fiesta que disfrutaré desde
mi país, al cual pronto regresaré, uniendo a ustedes mis
plegarias y las de mi pueblo que también disfruta de esta
alegría.
Breves ideas para ayudar a
la apropiación
-
Que dejándonos guiar y fortalecer
en las dificultades por nuestra dulce Madre del Tepeyac,
también nosotros sepamos reconfortar y animar a los que
se sienten mal o con pocas ganas de seguir adelante...
-
Que confiando en Nuestra Señora,
sepamos hacer lo que nos pide, seguros de que Ella fecundará
nuestros sacrificios...
-
¿Vivimos, como lo hizo y hace
San Juan Diego Cuauhtlatoatzin, la sabiduría de estar
cada día con Nuestra Madre, dialogando con Ella?...
-
Estando con la Virgencita,
¿somos capaces de afrontar todo prejuicio nocivo y las
injusticias y violencias que ellos provocan?...
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