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Apariciones
Cuarta aparición: salvación y comunión

Nuestra Señora de Guadalupe sana el dolor del pueblo

Al iniciarse el cuarto encuentro, se percibe también cómo Nuestra Señora de Guadalupe, al mismo tiempo que conoce y respeta conductas sociales de las indios, no las sigue y las transgrede con el fin de favorecer su respuesta y diálogo con el indio y los otros protagonistas. Por lo primero, cuando Juan Diego pretende esquivarla para satisfacer más rápido el pedido de su tío [1] , «...entiende y agradece la treta [...] ni remotamente aludiéndola, ni insinuando el más leve disgusto o desaprobación, (que además no podía tener tratándose de una obra de caridad)...» [2] ; por lo segundo, obra de un modo inadmisible para una persona educada en ese contexto cultural, y sale al cruce «...de alguien que le rehuía precisamente para no apenarla, puesto que no podía concederle lo que pedía...» [3] . Pero esto último, para provocar el encuentro y sanar el dolor de su pueblo.

Destacamos que cuando Juan Diego intenta esquivar a Nuestra Señora de Guadalupe es muy amable, y procede de acuerdo a la más fina etiqueta india: no quiere contestarle que no, quiere evitar tener que expresarle una ruda y directa negativa al compromiso de llevar la señal al obispo, algo que en ese momento no puede satisfacer, por atender algo muy importante como lo es el pedido de su tío moribundo [4] . También cuan desinteresado es el indito, a quien no se lo ocurre de ningún modo “cobrarle” a María por su servicio, y no le pide por la salud de su tío cuando Ella se le presenta y sale al cruce de su camino [5] . Y por último cómo, confiando muchísimo en la Amada Niña Celestial, cree y sigue el pie de la letra su palabra, que le expresa que ya curó a su tío y lo manda a buscar flores en un lugar y en un tiempo en los cuales era imposible su crecimiento [6] .

Comunión con Dios

Era real y objetivamente verdad que los indios podían hallar en el contenido de la fe católica, en forma igual o mejor, lo mismo que habían venerado con anterioridad [7] , pero a la mayoría de ellos les era imposible percibirlo oscurecido «...como estaba por las humanas limitaciones de los misioneros, y deturpada por el contratestimonio de los crímenes de los conquistadores...»[8] . Sin embargo, en el relato, vemos como Nuestra Señora de Guadalupe logró presentarlo en «...una síntesis magistral con el entonces a todas luces incompatible ‘paganismo’ mexicano...» [9] , saciando las máximas aspiraciones de los indios. Entre ellas se encontraba el  «...anhelo de que Dios llenara su vida entera, de vivir en comunión con El...» [10] , pues eran muy sensibles respecto de lograr esta unión permanente y ser siempre colaboradores y familiares de la divinidad [11] . Es este contexto y teniendo en cuenta el sentido religioso de las flores, que manifestaban la presencia y cercanía divina, se comprende por qué éstas les resultaban tan apreciadas y amables; y eran para ellos objeto de gratitud y estima.

Por eso, a los antiguos mexicanos «...se les pasaba la vida en flores...»[12] , porque eran, con respecto a ellas, «...en general estos naturales sensualísimos y aficionados, poniendo su felicidad y contento en estarse oliendo todo el día una rosita, o un xuchitl, compuesto de diversas rosas, los cuales todos sus regocijos y fiestas celebran con flores...» [13] .

Ante la mirada española, esta actitud aparecía como idolátrica; pues según ellos, los indios vivían esta experiencia

«...con tanta ceguedad y tiniebla, que, engañados y persuadidos del demonio, viéndolos tan aficionados a las flores y rosas, celebraban una fiesta solemnísima a las rosas, y era cuando ya se iban acabando, que entonces, como venían ya los hielos, y habían de faltar por algunos días[...]

Demás de ser día de rosas, era día de una diosa [...] la cual diosa era abogada de los pintores [...] y de todos aquellos que tenían oficio [...] tocante a cosa de labor o dibujo...» [14]

Debido a este sentido religioso profundo, los indios eran muy aficionados al arte de las flores; así «...componían de las nuevas rosas que empezaban a nacer, componían (sic) rosas para recrearse [...] de lo cual había y hay grandes maestros»[15]. Pero no sólo las arreglaban para contemplarlas, sino para llevarlas e intercambiarlas; y más aún para acompañar los regalos que ofrecían y daban [16] , los cuales era gestos muy deseados y valorados [17] .

Incluso para ellos, y a través de la mediación humana, Dios creaba las cosas pintándolas con flores

«Dentro de ti vive
dentro de ti escribe,
crea el autor de la vida [...]

 ¡Oh, tú con flores
pintas las cosas
dador de la vida [...]
 a todo lo que ha de vivir en la tierra!»
[18]

Y también Nuestra Señora de Guadalupe, tomando esa estima y modos de proceder humano y divino, acomoda y obsequia flores y además regala su pintura, acompañada por ellas e incluyéndolas en su vestido.

¿Acaso de veras viene
 desde el cielo florida  pintura
en medio de las flores?
¡Sea esperado, sea glorificado
donde está la multicolor casa:
es creación del dador de vida! [19]

Por lo tanto, y aprovechando toda estas ideas, su acción y casa asocian a un acto creador de Dios, sobre cuya cercanía y presencia no deja ningún tipo de dudas.

Es que si las solas

«...flores ya hubieran parecido a cualquier indio el ‘non plus ultra’ concebible del favor divino, con la estampación habían quedado amplísimamente superadas, pues Dios les había otorgado una señal infinitamente mejor: ¡La imagen de su Madre pintada en la tilma de uno de ellos!!» [20]

La fusión de tilma e imagen, si recordamos que ambas realidades son símbolo y sacramento de la persona, se constituye en una magistral adaptación a la cultura india para expresar comunión [21] . Imagen sagrada que, como decíamos, prolonga esa manifestación y mensaje de aquélla que, al revelarse como Madre de Dios y nuestra, expresó a la mentalidad india con más propiedad que si se tratara de una  «...aparición de Dios mismo [...] la cercanía e intimidad -la identificación- entre Dios y el hombre que trajo la Encarnación, a quienes, por una parte se consideraban ya de origen divino, y, por otra, pensaban que Dios era inaccesible a la pequeñez humana» [22] .

De este modo, los anhelos mexicanos de afinidad con Dios quedaban colmados y superados por la acción de Nuestra Señora de Guadalupe, que les mostraba tan claramente que tenía en su seno y les traía a los hijos a su Hijo, y todo lo asociado a Él, sin que tuvieran que renunciar a su cultura india, saciando una noble y característica aspiración de la misma y utilizando sus propios gestos. 

Breves ideas para ayudar a la apropiación
  • Que Nuestra Señora de Guadalupe nos enseñe a escuchar el dolor del pueblo y a salir al cruce del mismo para sanarlo, haciendo presente la salvación que Dios nos quiere regalar...
  • Que respetando el modo de ser de los demás ayudemos con nuestra acción a saciar sus anhelos de lo divino, sus deseos de ser colaboradores y familia de Dios, al mostrarles vitalmente la cercanía de Nuestra Madre y del Señor, que intervienen en la historia para que sea historia de salvación... 
  • ¿Sabemos asumir la cultura de los demás y al mismo tiempo corregirla sin lesionarla y haciéndola crecer, con el fin de favorecer un diálogo permanente, que manifieste siempre el evangelio de Nuestro Señor Jesucristo?...
  •   ¿Somos desinteresados y obedientes en nuestro servicio a Dios, a la Virgen y a la Iglesia, viviendo armónicamente el compromiso con la historia y lo cotidiano y la apertura a su consumación en el cielo?...


[1] Cfr. Rojas Sánchez, Nican mopohua, Versículos 100 a 104.

[2] Guerrero Rosado, El Nican mopohua, t. I, p. 303 y cfr. Rojas Sánchez, Nican mopohua, Versículos 105 a 107.

[3] Guerrero Rosado, El Nican mopohua, t. I, p. 303. 

[4] Cfr. Rojas Sánchez, Nican mopohua, Versículos 100 a 104 y Guerrero Rosado, Nican mopohua: aquí se cuenta..., p. 53.

[5] Cfr. Rojas Sánchez, Nican mopohua, Versículos 108 a 116 y Guerrero Rosado, Nican mopohua: aquí se cuenta..., p. 53.

[6] Cfr. Rojas Sánchez, Nican mopohua, Versículos 63 a 65 y 175 y Guerrero Rosado, Nican mopohua: aquí se cuenta..., p. 45, 46 y 66.

[7] Cfr. Guerrero Rosado, El Nican mopohua, t. I, p. 115.

[8] Guerrero Rosado, El Nican mopohua, t. I, p. 358.

[9] Guerrero Rosado, El Nican mopohua, t. I, p. 115.

[10] Guerrero Rosado, El Nican mopohua, t. I, p. 115.

[11] Cfr. Guerrero Rosado, El Nican mopohua, t. I, p. 42 y 95.

[12] Duran, Historia de las Indias, t. I, cap. XVI, p. 151.

[13] Duran, Historia de las Indias, t. I, cap. XVI, p. 151.

[14] Duran, Historia de las Indias, t. I, cap. XVI, p. 151 y 152.

[15] Duran, Historia de las Indias, t. I, Sec. II, cap. VI, p. 248.

[16] Y “...sus presentes ofrecen y dan con flores...”. En Duran, Historia de las Indias, t. I, cap. XVI, p. 151.

[17] Cfr. Guerrero Rosado, El Nican mopohua, t. I, p. 343.

[18] Garibay Kintana, Ángel, Poesía náhuatl, México: Universidad Nacional Autónoma de México, 19932 (1ª. reimp. 2000) [Instituto de Investigaciones Históricas], t. I, p. 83 y 85 (en adelante citado como Garibay Kintana, Poesía náhuatl).

[19] Garibay Kintana, Poesía náhuatl, t. II, p. 88.

[20] Guerrero Rosado, El Nican mopohua, t. I, p. 422.

[21] Cfr. Chitarroni, El modelo pedagógico, cap. IV, subtítulo “La imagen de la educadora: precisiones”, p. 196 y 197.

[22] Guerrero Rosado, El Nican mopohua, t. I, p. 185.

 Prólogo
 Introducción
Nican Mopohua

Nuestra
Señora de Guadalupe

 Madre Dios y de los hombres
Madre que ampara y conduce
Viva y presente en su imagen
Dialoga y hace actuar
Asume y hace crecer sentidos religiosos previos

San Juan Diego
Cuauhtlatoatzin

 Hombre de Dios, la Virgen 
y su pueblo

Mensajero digno de confianza

Fray Juan de
Zumárraga

Celoso y honesto pastor

Apariciones
Caracterización orientadora
1a: Cercanía y nombres divinos
2a: Maternidad atractiva y exigente
3a: Presencia que nos confirma
4a: Salvación y comunión


Fuentes

 
 
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Basílica de Guadalupe A.R.  2005