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Fray Juan de Zumárraga
Celoso y honesto pastor

Precisiones históricas

Fraile español que nació en el año 1468 en Tabira de Durango, Vizcaya, y que falleció en 1548 en la ciudad de México [1] . En su desempeño como obispo, su gran celo pastoral lo llevó a ocuparse en la búsqueda de la solución integral de los problemas y males que agobiaban a los mexicanos. De este modo, trabajó incansablemente por la felicidad de su rebaño, proporcionándole los sacramentos y colaborando en la concreción de diversas iniciativas que mejoraran las condiciones generales de la vida de los indios. Así, en su afán de procurar el mayor bienestar de estos últimos, los protegió de los abusos de los conquistadores y participó no sólo en la fundación de instituciones educativas, sino también en la de hospitales, asilos y hasta de una imprenta [2]

Así, el ejercicio de su ministerio sacerdotal reveló a este vasco como un hombre de virtud, humilde y honestísimo que sustentaba su actividad en su vigoroso y violento carácter. Por esto último no escatimó esfuerzos para obrar conforme a su conciencia y enfrentar dificultades, aún cuando a veces era sumamente duro al realizar sus tareas de padre y pastor [3] .

Con anterioridad en España y a partir de 1535 en México, fue inquisidor apostólico, por lo cual tenía experiencia a la hora de interrogar según los criterios de los tribunales inquisitoriales de la época; es decir, recurriendo a todo tipo de estrategias para provocar el error del sospechoso. Era tan escrupuloso y cuidadoso a la hora de defender la ortodoxia doctrinal, que años después de la estampación de Nuestra Señora de Guadalupe y vista su severidad y rigidez para con los indios heterodoxos, el Rey los sacó de su jurisdicción de inquisidor en el año 1543 [4] .

Conforme al obrar de la Inquisición que no solamente investigaba, sino que de todo levantaba actas, la escrupulosidad y formalidad burocrática eran características de su persona [5] . En el caso del acontecimiento guadalupano, hay testimonios explícitos sobre la existencia y posterior desaparición de las actas correspondientes y de otros documentos [6] .

Partidario del pensamiento de Erasmo de Rótterdam, muy poco afecto a una espiritualidad mediada por lo sensible y a las «...imágenes y devociones populares» [7] , ya desde su llegada a Nueva España el 6 de diciembre de 1528 se había opuesto férreamente a la religión de los indígenas:

«...apenas cinco meses antes de recibir a Juan Diego, se precia en una carta al Capítulo General de su Orden, en Tolosa, de haber arrasado con cuanto había podido: ‘quinientos templos de los dioses y más de 20.000 imágenes de los demonios que adoraban...’» [8]

Pero no sólo templos e imágenes, sino también libros y papeles prehispánicos, de naturaleza jurídica, administrativa, comercial y de diversos ámbitos de conocimiento, fueron destruidos sistemáticamente por Zumárraga y sus ayudantes [9] .

Por todo lo anterior, al momento del inicio del fenómeno guadalupano había en la ciudad de México-Tenochtitlan personas que tenían más simpatía por los indios y una mejor relación con ellos, que hubieran sido humanamente hablando, más accesibles a un pedido como el que Juan Diego es enviado a hacer. Por otro lado, las mismas eran autoridades de más recursos y poder real a la hora de concretarlo [10] ; ya que Zumárraga, si bien ya había sido nombrado, aún no había sido consagrado obispo y no ejercía plenamente el poder de los sucesores de los apóstoles. Dicha consagración se efectuó en España el 27 de abril de 1533 y regresó al nuevo continente al año siguiente [11] .  

En el Nican mopohua

En el relato, y en perfecta coherencia con lo ya expresado, fray Juan de Zumárraga se manifiesta en la consideración de la persona de Juan Diego y del mensaje que él le traía, como un «...inquisidor desconfiado, para nada crédulo...» [12] .

Cualquier autoridad eclesiástica, a la que alguien viniera a ver con un mensaje semejante al que se le comunicó, reaccionaría de forma más o menos similar. Cuanto más si el embajador era un indio recién converso, y por eso sospechoso para una mirada española, que además le hablaba de hacer un templo «...a la Madre de Dios, precisamente donde había estado el ídolo de la madre de los dioses paganos...» [13] .

Y según el Padre Juan González, intérprete y traductor del obispo que no conocía el idioma náhuatl, testigo presencial de los hechos, la reacción del gobernante sacerdote, luego de escuchar al mensajero de Nuestra Señora, fue todavía más dura de lo que expresa el Nican mopohua: «...el Arzobispo no le dio crédito, no más le dijo:-¿Qué dices hijo mío?!Tal vez lo soñaste, o quizá te emborrachaste!...» [14] .

En la primera entrevista rechaza el pedido de Juan Diego y, con el correr de los hechos, ante la insistencia del indio, lo examinó duramente; y aunque no pudo encontrar nada en su palabra que lo descalificara, le mencionó la necesidad de una señal que acreditara el pedido; y, por último, al asumir Juan Diego esta exigencia, no dejó de dudar de él [15]

Fue en todo lo enunciado fiel al recelo inquisitorial, pero también a un principio que rige aún hoy la praxis de la Iglesia, al considerar la posibilidad o no de un hecho sobrenatural: considerarlo falso e impugnarlo por todos los medios, aceptando con mucha  facilidad las objeciones (como hizo con el testimonio de los perseguidores), y examinando con gran rigor las pruebas (se entrevistará con el tío sanado), hasta llegar a un veredicto final lo más seguro posible [16] . Principio y praxis que en ese momento convenía muchísimo respetar, pues en el contexto de la conquista las historias de apariciones o intervenciones sobrenaturales, primero por parte de los españoles y luego de los indígenas convertidos, «...abundaron con tan indiscreta como nada imparcial frecuencia [...] jamás en plan de reconciliar o pacificar, sino siempre con la muy “cristiana” ansia de humillar y aplastar a los del bando contrario...» [17] .

El texto estudiado lo denomina al obispo Teopixcatlatoan”, «...creando una de dos palabras: ‘Teopixqui’ que era ‘sacerdote’, y ‘Tlatoani’ [...]‘gobernante’...»[18] . Tlatoani, que significa literalmente “el que habla o el hablante” (recordemos que en contexto náhuatl el arte del habla noble se refería por antonomasia a la autoridad), era el título que designaba entonces a la persona de jerarquía suprema o más alta. En este caso y con toda propiedad, la expresión designa al superior de los sacerdotes [19] .


La Señora responde a sus exigencias

Los españoles se arrodillan, admiran y entristecen ante la estampación de Nuestra Señora de Guadalupe, que también supo inculturarse para ellos. Por eso y a pesar de todo lo que hemos dicho de Zumárraga, él no sólo se conmueve, sino que llega a llorar y pide perdón a la Señora, aún atada en el cuello de Juan Diego, por su incredulidad anterior [20] .

Es que su imagen es respuesta superlativa a la mirada y exigencias de Zumárraga; pero no termina allí la fineza de la Amada Niña Celestial, que le proporciona además una comprobación fiable para los criterios de su conciencia, y para una mentalidad europea: la curación instantánea de un moribundo, que pudo corroborarse por el testimonio del tío, concordante pero independiente del de Juan Diego [21] .


Breves ideas para ayudar a la apropiación
  • Que como Fray Juan de Zumárraga nos dejemos cambiar por la presencia y respuestas que nos da Nuestra Señora de Guadalupe... Que Ella nos ayude a superar  en la caridad todo lo que pueda alejarnos de vivir su voluntad...
  • Que el ejemplo de un Obispo tan ocupado en cumplir bien con sus responsabilidades de pastor, nos ayude a nosotros a poner toda nuestra buena voluntad en la edificación del Reino de Dios... Que Nuestra Señora de Guadalupe auxilie así los esfuerzos de nuestras comunidades...
  • Que Nuestra Señora de Guadalupe nos libre de los condicionamientos negativos de nuestra época y de nuestra historia personal, y haga así más fecundo nuestro esfuerzo por ser fieles...
  • ¿Trabajamos por la felicidad de nuestro pueblo facilitando su acceso a los sacramentos y a los otros regalos de Dios, para colaborar así en la búsqueda de mejores condiciones de vida para todos?...
  • ¿Confiando en el amor y asistencia de Nuestra Señora de Guadalupe, creyendo a Ella y a su Hijo, somos capaces de movilizarnos con humildad y honestidad en la construcción del pueblo de Dios, ayudando así a superación de los males y tristezas de hoy?...

[1] Cfr. Mota, Diccionario Guadalupano, p. 302.

[2] Cfr. Escalada, Xavier, Enciclopedia Guadalupana, México: Enciclopedia Guadalupana, 1995, t. IV, p. 737 y 738 (en adelante citado como Escalada, Enciclopedia Guadalupana).

[3] Cfr. Guerrero Rosado, El Nican mopohua, t. I, p. 188 y Escalada, Enciclopedia Guadalupana, t. IV, p. 737 y 738.

[4] Cfr. Guerrero Rosado, El Nican mopohua, t. I, p. 188, nota 7 y p. 260.

El acontecimiento que causó que la Corona tomara esa determinación fue la condena a muerte de  Don Carlos Mendoza Ometochtli o Chichimecatecutli, ex alumno del colegio de la Santa Cruz de Tlatelolco. Esto implica que si Juan Diego fue realmente un príncipe de Tezcoco (cfr. Chitarroni, El modelo pedagógico, cap. IV, subtítulo El vidente del Tepeyac en el Nican mopohua; p. 188 a 192), Zumárraga sentenció a la hoguera a su hermano. Cfr. Ricard, La conquista, p. 396 a 398.

[5] Cfr. Guerrero Rosado, El Nican mopohua, t. I, p. 452.

[6] Cfr. la declaración bajo juramento del Padre Miguel Sánchez, noveno testigo de las Informaciones de 1666 (en Chávez Sánchez, La Virgen, p. 265 y 266) y otros testimonios en García Gutiérrez, Jesús, Primer siglo guadalupano 1531-1648. Documentación indígena y española que pone de manifiesto los fundamentos históricos de la aparición guadalupana, México: San Ignacio de Loyola, 19452, p. 66.

[7] Guerrero Rosado, El Nican mopohua, t. I, p. 188.

[8] Guerrero Rosado, El Nican mopohua, t. I, p. 188. Cita textualmente a García Icazbalceta, Joaquín, Biografía de Don Fray Juan de Zumárraga, primer Obispo y Arzobispo de México, Madrid: M. Aguilar, 1929, cap. XXII, p. 429 y 430.

[9] Cfr. Yáñez Solana, Manuel, Los aztecas, Madrid: Edimat, 1998, p. 55, 56, 179 y 180.

[10] Cfr. Torquemada, Juan de, Monarquía Indiana. De los veinte y un libros rituales y monarquía indianana, con el origen y guerras de los indios occidentales, de sus poblazones, descubrimiento, conquista, conversión y otras cosas maravillosas de la mesma tierra, México: Universidad Nacional Autónoma de México, 19753 (Colección “Serie de historiadores y cronistas de indias”, n. 5) [Instituto de Investigaciones Históricas], vol. II, lib. V, cap. X, p.360 (en adelante citado como Torquemada, Monarquía Indiana. Fray Juan de Torquemada, de la Orden de los Frailes Menores, es otro “...cronista Franciscano, sucesor de Mendieta y ya algo lejano a la conquista, que se abastece ampliamente en el mismo Mendieta y en Motolinía, pero también tiene buen material original en su enorme obra de ‘Monarquía Indiana’ . En Guerrero Rosado, Los dos mundos, p. 15) y Mendieta, Historia eclesiástica, lib. V, pte. I, cap. XVIII, p. 609 y 610.   

Guerrero Rosado, en El Nican mopohua, t. I, p. 201 y 202, fundamentándose entre otros, en los anteriores autores, afirma lo siguiente: Fray Juan de Zumárraga... era, del punto de vista humano, el menos adecuado para irle a pedir un templo. A un falsario nunca se le habría ocurrido acudir a él, sino a Sebastián Ramírez de Fuenleal, que sí era Obispo consagrado, aunque sus funciones en México eran meramente civiles como Presidente de la segunda Audiencia, y que, como tal, contaba con la autoridad y los recursos para levantarlo de inmediato [...] y que, además, mostraba cierta simpatía por la cultura indígena.

 Otro buen candidato, y casi casi ‘el candidato’ obligado, hubiera sido la ‘Eminencia Gris’ del México de ese entonces: Peter van der Mören, (Fray Pedro de Gante), un flamenco que, aunque simple lego franciscano por su voluntad, gozaba de autoridad inapelable, tanto por su auténtica santidad y amor a los indios, como porque todos sabían que era consanguíneo de Carlos V [...] y quien ciertamente construyó también muchísimas iglesias.”.

[11] Cfr. Guerrero Rosado, El Nican mopohua, t. I, p. 189 y 453, Mota, Diccionario Guadalupano, p. 302 y Rojas Sánchez, Nican mopohua, Versículo 212 que, en coherencia con la situación de Zumárraga y con gran precisión histórica, habla de Iglesia Mayor y no de Iglesia Catedral.

[12] Cfr., por ejemplo, Rojas Sánchez, Nican mopohua, Versículos  45, 74, 75, 76 a 78, 82 y Guerrero Rosado, El Nican mopohua, t. I, p. 188.

[13] Guerrero Rosado, El Nican mopohua, t. I, p. 189. Cfr. además, de la misma obra, p. 210 y 215.

[14] González, Juan (atribuido), Inin Huey Tlama Huizoltzin (Relación primitiva de la primera aparición de la Virgen de Guadalupe a Juan Diego), Texto en náhuatl con traducción al español. En AA VV, Conmemoración Guadalupana, p. 135.

[15] Cfr. Rojas Sánchez, Nican mopohua, Versículos 45, 74, 78 y 82 y Guerrero Rosado, El Nican mopohua, t. I, p. 262.

[16] Cfr. Guerrero Rosado, El Nican mopohua, t. I, p. 274.

[17] Guerrero Rosado, El Nican mopohua, t. I, p. 411. Cfr. López de Gómara, Francisco, Historia de la conquista de México, México: Porrúa, 1988 (Colección “Sepan Cuantos...”, n. 566), cap. CV, p. 148 y 149 (en adelante citado como López de Gómara, Historia).  

El Padre Francisco López de Gómara fue capellán de Hernán Cortés y, si bien nunca estuvo en México, escribió en latín y español ... de lo mucho que Cortés le contaba de primera mano. La obra de Gomara es excelente, la mejor fuente del punto de vista literario, y, sin ser desde luego imparcial, lo es mucho más de lo que podía esperarse.”. En Guerrero Rosado, Los dos mundos, p. 16.

[18] Guerrero Rosado, El Nican mopohua, t. I, p. 201.

[19] Cfr. Rojas Sánchez, Nican mopohua, Versículo 40 y Guerrero Rosado, El Nican mopohua, t. I, p. 201.

[20] Cfr. Rojas Sánchez, Nican mopohua, Versículos 185 a 188.

[21] Cfr. Rojas Sánchez, Nican mopohua, Versículos 203 a 207 y 209 y Guerrero Rosado, El Nican mopohua, t. I, p. 360, 441 y 442.


 Prólogo
 Introducción
Nican Mopohua

Nuestra
Señora de Guadalupe

 Madre Dios y de los hombres
Madre que ampara y conduce
Viva y presente en su imagen
Dialoga y hace actuar
Asume y hace crecer sentidos religiosos previos

San Juan Diego
Cuauhtlatoatzin

 Hombre de Dios, la Virgen 
y su pueblo

Mensajero digno de confianza

Fray Juan de
Zumárraga

Celoso y honesto pastor

Apariciones
Caracterización orientadora
1a: Cercanía y nombres divinos
2a: Maternidad atractiva y exigente
3a: Presencia que nos confirma
4a: Salvación y comunión


Fuentes

 
 
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Basílica de Guadalupe A.R.  2005