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Nuestra Señora de Guadalupe
Madre que ampara y conduce


Los indios «...vivían la paradoja que subsiste en México: inmenso cariño y delicadeza junto con dura, incluso brutal, severidad...» [1] . Así, al educar a sus hijos, los trataban con primor y dureza al mismo tiempo. Eso mismo se trasladaba al gobierno en general, y si bien a sus gobernantes varones se los comparaba a una madre y su lenguaje era nítidamente materno y tierno [2] , esto estaba unido a «...controles y castigos de severidad draconiana» [3] .

Lo que destacamos es que para los antiguos mexicanos, tal como sigue ocurriendo entre ellos hoy [4] , «...no se concebía [...] la autoridad, el respeto, la veneración sino como correlativos de ternura, afecto, protección...» [5] .

Ahora bien, Nuestra Señora de Guadalupe, se presenta como madre a ese pueblo en el cual precisamente la figura materna, que tenía la preponderancia en la educación familiar, era la que más integraba en su sociedad ternura y protección y -por lo mismo-, autoridad y gobierno [6] . De este modo, todo su ser y manera de actuar y expresarse, sin llegar jamás al extremo de la aspereza, combinan esa indisociable polaridad.

Invita muy atentamente a Juan Diego, dando a entender que porque lo quiere está allí, para que se ponga bien cerquita de Ella [7] y lo llama «...hijo mío el menor...» [8] , el benjamín, diciéndole así, además, que era el más amado, importante y precioso [9] .

Pero su aliento y palabra glorificadora, afable, atrayente y que expresa honda estima, es también, como afirmábamos, manifestación de sumo imperio [10] . Es más, si recordamos que el aliento y palabra del huey tlahtoani, máximo gobernante e imagen de dios, padre y madre del pueblo, que concede lo que es bueno y lleva a todos a cuestas, revela lo que los mismísimos dioses le han comunicado y señala el camino a seguir y que el pueblo debe obedecer [11] ; los dichos, encargos y proceder que el relato atribuye a Ella «...no evocaban en los indios un consuelo paternalista, sino la recia figura y a la autoridad del Huey Tlatoani, que asume -o reasume- su soberanía» [12] .

Así, cuando expresa al indio que está bajo su sombra y resguardo Ella revela nítidamente lo anterior y exterioriza que su persona protege y conduce al mismo tiempo [13] . También, cuando le da seguridad de que con la ayuda de Dios todo temor y aflicción puede superarse, de que Ella es fuente de su salud, dicha, alegría, bienestar, felicidad y plenitud; y de que lo ampara cargándolo en la concavidad de su vestidura [14] .

De este modo, entonces, aún cuando es muy tierna y delicada tanto con Juan Diego como con Zumárraga y el resto de los protagonistas del relato, esa cordialidad no elimina, ni opaca, ese otro aspecto de su grandeza personal tan ligado a lo anterior para los mexicanos: es la Madre y se dirige a todos con autoridad de Reina [15] . Con una autoridad que, como veremos, suscita al mismo tiempo que respeto y amor, la obediencia y movimiento de todos los protagonistas del acontecimiento [16] .

Breves ideas para ayudar a la apropiación
  • Sigamos agradeciendo a Nuestra Madre su maternidad que nos contiene y dignifica y que, al mismo tiempo, nos desafía con suma autoridad a crecer, a ser cada vez mejores hijos suyos...
  • Que toda su inmensa ternura y autoridad nos animen a superarnos en la obediencia permanente a la voluntad de Dios, a lo que Él quiere de nosotros...
  • ¿Nos ocupamos en manifestar amor por la realidad cultural y personal de los otros, especialmente de los más pobres?...
  • ¿Sabemos unir ternura y autoridad en nuestras gestos y palabras, para así conducir sin jamás manipular?...


[1] Guerrero Rosado, El Nican mopohua, t. I, p.163.

[2] Cfr. Guerrero Rosado, El Nican mopohua, t. I, p.163, 164 y 185.

[3] Guerrero Rosado, El Nican mopohua, t. I, p.164.

[4] Cfr. Guerrero Rosado, El Nican mopohua, t. I, p. 143.

[5] Guerrero Rosado, El Nican mopohua, t. I, p. 145.

[6] Cfr. Guerrero Rosado, El Nican mopohua, t. I, p. 185.

[7] Cfr. Rojas Sánchez, Nican mopohua, Versículo 15 y Guerrero Rosado, El Nican mopohua, t. I, p. 145 y 146.

[8] Cfr. Rojas Sánchez, Nican mopohua, Versículos 23 y 118.    

[9] Cfr. Guerrero Rosado, El Nican mopohua, t. I, p. 143.

     ...‘Xocóyotl’ era el título [...] del hijo menor [...]. Lejos, pues, de implicar menosprecio, acentúa la ternura y la estima...”. En Guerrero Rosado, El Nican mopohua, t. I, p. 166.

     Si bien noxocoyouh  es una expresión afectuosa que puede referirse también al hijo que requiere una atención particular, por estar enfermo, indefenso o desvalido, nos parece incorrecta traducirla “hijo mío el más desamparado”. Así lo hace Siller Acuña, interpretando además que Nuestra Señora al utilizar dicha expresión, estaría denunciando una situación de sometimiento, opresión, explotación y pobreza en que la conquista española habría sometido a los indígenas. Cfr. Siller Acuña, Para comprender, p. 66 y 67 y Siller Acuña, Anotaciones y comentarios. En AA VV, Conmemoración Guadalupana, Conmemoración Arquidiocesana, 450 años, México: Instituto Superior de Estudios Eclesiásticos, 1984, p. 151. (en adelante citados como Siller Acuña, Anotaciones y comentarios y AA VV, Conmemoración Guadalupana).

     Sin duda ese no es el sentido con el que lo utiliza Ella en el relato, ni aquel con el que Juan Diego, utilizando la misma expresión (Hija mía la más pequeña, acompañada por distintos diminutivos), se refiere a la Reina del Tepeyac en los Versículos 50, 55, 66, 110 y 116.

     Es, por otro lado, un buen ejemplo, de aquellas ...palabras y frases mexicanas [...] que en su idioma suenan bien a los que las entienden, vueltas en nuestro castellano, como están en su fuente, degeneran y desdicen del decoro y decencia, que en el mexicano les dan las partículas reverenciales propias de aquesta lengua, que no tiene la nuestra castellana; y así salen las palabras, tan nimiamente afectuosas, que parecen irreverentes y no dignas de la majestad de la Señora que las habló, y del respeto de Juan Diego cuando las dijo. En el mexicano, como lo afectuoso y lo tierno de ellas está embebido en lo reverencial del estilo de la lengua, suenan bien, y causan a un tiempo respeto y amor...”. En  Florencia, Francisco de, La Estrella del Norte de México (1688). En De la Torre Villar y Navarro de Anda, Testimonios históricos, p. 374 y 375 (en adelante citado como Florencia, La Estrella).    

[10] Cfr. Rojas Sánchez, Nican mopohua, Versículo  22 y Guerrero Rosado, El Nican mopohua, t. I, p. 165.

[11] Cfr. Sahagún, Historia general, lib. VI, cap. XV, p. 339, León-Portilla, Miguel, Cuícatl y tlahtolli, en Estudios de cultura náhuatl (revista), vol. XVI, México: Universidad Nacional Autónoma de México, 1983 [Instituto de Investigaciones Históricas], p. 53 y 55 (En adelante citado como León-Portilla, Cuícatl y tlahtolli) y Chitarroni, El modelo pedagógico, cap. II, subtítulo “Palabra salvadora y madurez personal”, p. 115 a 119.

[12] Guerrero Rosado, El Nican mopohua, t. I, p. 164.

[13] Cfr. Rojas Sánchez, Nican mopohua, Versículo  119, Sahagún, Historia general, lib. VI, cap. XI, p. 328, Guerrero Rosado, El Nican mopohua, t. I, p. 322 y Duran, Diego, Historia de las Indias de Nueva España e islas de la tierra firme, México: Porrúa, 19842 (Colección “Biblioteca Porrúa”, n. 36 y 37), t. II, cap. VIII, p. 74 y cap. XV, p. 127 (en adelante citado como Duran, Historia de las Indias).

   Diego Duran, fraile dominico, “...escribió de historia y religión de los indios, pero no reduciéndose a un trabajo académico, sino llenando sus escritos de sabrosas referencias a la vida cotidiana y al sentir indio, que él conocía de primera mano, puesto que, aunque nació en Sevilla en 1537, llegó a México a los 5 años y desde entonces convivió en Texcoco con los naturales, aprendiendo a perfección su idioma, de modo que puede hablar por sí mismo, a diferencia de Sahagún que depende de sus informantes.”. En Guerrero Rosado, Los dos mundos, p. 13 y 14.

[14] Cfr. Rojas Sánchez, Nican mopohua, Versículo  118 a 120, Sahagún, Historia general, lib. VI, cap. IV, p. 306 y cap. V, p. 309 y 310 y Guerrero Rosado, El Nican mopohua, t. I, p. 320, 322 y 323.

[15] Cfr. Guerrero Rosado, El Nican mopohua, t. I, p. 237. Nuestra Señora ante algunos protagonistas del acontecimiento manifiesta esa autoridad, aún cuando no escuchen una palabra pronunciada por sus labios, con su sola presencia o palabra-imagen (así por ejemplo con Fray Juan de Zumárraga).

[16] Ver más adelante subtítulo “Suscita acciones obedientes”, p. 37.

 Prólogo
 Introducción
Nican Mopohua

Nuestra
Señora de Guadalupe

 Madre Dios y de los hombres
Madre que ampara y conduce
Viva y presente en su imagen
Dialoga y hace actuar
Asume y hace crecer sentidos religiosos previos

San Juan Diego
Cuauhtlatoatzin

 Hombre de Dios, la Virgen 
y su pueblo

Mensajero digno de confianza

Fray Juan de
Zumárraga

Celoso y honesto pastor

Apariciones
Caracterización orientadora
1a: Cercanía y nombres divinos
2a: Maternidad atractiva y exigente
3a: Presencia que nos confirma
4a: Salvación y comunión


Fuentes

 
 
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Basílica de Guadalupe A.R.  2005